Praxíteles

(ca.390-ca.330 a.C.). Escultor ateniense, hijo del escultor Cefisodoto. Su apogeo está colocado por Plinio en la 104 Olimpíada (364-360). Vivió sobre todo en Atenas, donde tuvo por amante a la cortesana Friné. Los textos le atribuyen un gran número de estatuas de culto y de ofrendas, no solamente en Atenas, sino en Beocia, en Mantinea, en Olimpia y también en Asia Menor (Cnido, Éfeso, Parión). Practicó el bronce y el mármol con predilección por este último. Se dirigía al pintor Nicias para hacer pintar sus estatuas de mármol. Fue el artista más importante, después de Fidias, de la corriente ática del siglo IV a.C. Sus obras debieron de gozar de una gran popularidad a juzgar por el elevado número de copias, de la época romana, que se han encontrado de sus principales esculturas. Suele decirse que la fama de sus esculturas se fundamentaba en el naturalismo sensual de sus obras. Tal realismo era conseguido no sólo por la perfección del esculpido del mármol, sino también porque las hacía pintar con veladuras de colores carnosos y coloración de ojos y labios, todo ello recubierto de barniz transparente protector. El realismo de sus modelos era efectivista. Difunde el sentido de suavidad afeminada de sus Apolos y, por supuesto, de su Venus de Cnido. De otra parte, destaca la postura esbelta de los cuerpos, que se contornean hacia un lado creando una sinuosa curva en forma de ese mayúscula, la "curva praxitélica". El naturalismo con el que dota a los dioses representados, la suavidad de sus desnudos y la serena melancolía de sus rostros, inspiraron un ideal de belleza juvenil contrapuesto en muchos aspectos a las obras del siglo anterior. Además puede considerársele el creador del tema de la "venus impúdica" en el arte griego. Sus obras más famosas, además de la ya citada Venus de Cnido (para la que posó la bella Friné, amante del artista) en las que se encierran los caracteres descritos son: el Hermes llevando a Dionisio niño, obra ejecutada entre el 350 y 330, conocida también como Hermes de Olimpia o simplemente Hermes y una de las pocas que se considera original, encontrada en el Heraion de Olimpia, aunque algunos, no sin serios argumentos, consideran la obra como una excelente copia romana. Se conocen por buenas réplicas, el Apolo sauroctono (matador de lagarto) (350), en la que el gran dios Apolo, desprendido de los atributos divinos, es representado como un joven que en actitud indolente, apoyado sobre el tronco de un árbol, se entretiene en matar un lagarto; el Sátiro escanciando vino; acaso la Artemisa Brauronia (que sería la "Diana de Gabies", en el Louvre) y algunas otras obras. Armonía, gracia, despego supremo al precio de algo de blanda suavidad, y una inspiración religiosa que durante largo tiempo ha sido negada, tales son, con una virtuosidad técnica sin falla, las cualidades de un arte que marcó más profundamente que otro alguno la sensibilidad de los antiguos hasta el fin de la antigüedad. Ver, Escultores, Escultura griega, Escultura romana.
 
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