Graco

Tiberio Sempronio (Tiberius Sempronius Gracchus) (ca.164-133 a.C.). Político y reformista social, el mayor de los hijos supervivientes de Graco y de Cornelia. A los diez años era augur y sirvió como tribuno militar en Cartago bajo las órdenes de su primo Escipión Emiliano en el 146. En el 137 fue cuestor en Hispania bajo Hostilio Mancino, cuyo ejército fue emboscado cerca de Numancia; Tiberio utilizó entonces el buen nombre de su padre para negociar un acuerdo que salvara al ejército, aunque más tarde el Senado lo rechazó por consejo de Escipión. Sin duda, la traición que sufrió por parte de Escipión y del Senado fue un factor determinante en la desilusión de Tiberio respecto al régimen de su época. Pero Tiberio había ganado popularidad por su acción en Hispania y tenía poderosos apoyos para una reforma radical. Tiberio Graco se casó con Claudia, una hija de Apio Claudio Pulcher, el decano del Senado, y cuando Tiberio fue elegido tribuno de la plebe en el 133, estaba respaldado por Claudio, el cónsul Publio Escévola, el hermano de este Publio Licinio Craso, C. Papirio Carbón y C. Porcio Catón. En esos años, el tribunado se convirtió en un instrumento de poder político capaz no sólo de arrebatar al Senado algunas de sus atribuciones tradicionales, sino de introducir nuevos principios políticos en el mecanismo constitucional romano con el consiguiente deterioro del régimen republicano. Los tribunos pasaron las propuestas de ley (rogationes) directamente a la votación de la Asamblea, sin la preceptiva sanción senatorial previa y mostrando claramente la oposición de intereses entre el Senado y los grupos "populares". Su objetivo era solucionar el problema agrario (en Italia, las tierras (los latifundios) estaban principalmente en manos de unos pocos propietarios, a menudo ausentes, que criaban ovejas en ellas o las cultivaban con grupos de esclavos, para excluir a los pequeños granjeros libres) y con su legislación resucitó una antigua ley (según las leyes Licinias; Ver, Estolón) por la que nadie podría poseer más de 500 yugadas de tierra estatal (120 Ha) y la tierra poseída ilegalmente podría ser reclamada a sus tenedores y distribuida entre los ciudadanos pobres en pequeños lotes de treinta yugadas o menos. Como atenuante, Tiberio propuso que se dejara en manos de los terratenientes 250 yugadas por hijo hasta 1.000 yugadas adicionales. Exceptuó de sus medidas las fértiles tierras públicas de Campania. Expropiadas las tierras que sobrepasaran el máximo legal permitido, serían convertidas en propiedad privada y cedidas a título hereditario a cambio de satisfacer un vectigal al Estado. La aplicación de estas medidas afectaba aproximadamente a 1/7 de la superficie explotada, esto es, tan sólo el 14,2 % del terreno cultivado que en lotes de 30 iugera (unas 7,5 Ha) y equivalentes a unos 4.000 denarios podrían haber beneficiado a unos 65.000 ciudadanos. La puesta en práctica de este sistema exigía la revisión, medición y distribución, en su caso, de las tierras expropiadas. Para ello Tiberio nombró una comisión triunviral integrada por él mismo, su hermano Cayo y su suegro, Apio Claudio, que inmediatamente comenzó los trabajos de catalogación. No obstante, las tierras no se repartirían hasta 126 y sólo en beneficio de "ciudadanos romanos", no latinos ni itálicos. El objetivo de la legislación propuesta por Tiberio Graco era mitigar la pobreza de los ciudadanos, muchos de los cuales habían sido desalojados de sus posesiones y empujados al desempleo en Roma, y aumentar el número de propietarios de tierras para extender el campo del reclutamiento para el ejército. Tiberio tuvo serias dificultades para aprobar sus propuestas, ya que había una gran oposición desde el Senado, compuesto por los más ricos propietarios de tierras. Tiberio decidió presentar la cuestión directamente a la Asamblea del pueblo, que tenía el derecho de aprobar leyes, aunque tradicionalmente el Senado era el órgano que tenía prioridad en la consideración de las propuestas. Pero su colega en el tribunado, Marco Octavio, vetó la reforma agraria de Graco. Tiberio, después de rogarle repetidas veces que reconsiderase su decisión, propuso a la Asamblea la destitución de Octavio del tribunado; el pueblo aprobó su propuesta, eligió a otro tribuno y aprobó la ley agraria de Tiberio Graco. Se nombró además una comisión de tres miembros, propuesta por Tiberio y formada por él mismo, su hermano Gayo y Claudio, para supervisar las confiscaciones y redistribución de la tierra pública. Los comisionados estaban entonces unidos por lazos familiares y probablemente sujetos a prórroga anual. Tiberio no tenía suficientes medios para financiar la reforma, incluidas las sumas iniciales para que los granjeros pobres pudieran comenzar, y el Senado, que controlaba el tesoro público, rechazó sus peticiones de ayuda. En esa época recibió la noticia de que el rey Átalo III de Pérgamo había dejado su reino en herencia a Roma: Tiberio se movilizó para que la Asamblea aprobara una ley que autorizara el uso de parte de su fortuna para este propósito. Con ello ofendió definitivamente al Senado, que reclamaba la prerrogativa de tomar cualquier decisión que tuviera que ver con la política exterior y las finanzas. De todas formas, Tiberio tuvo éxito en su maniobra para procurarse el dinero procedente de Pérgamo. Fue la pretensión de Tiberio, abiertamente ilegal y que no tenía precedentes en los dos ss. anteriores, de presentarse a la reelección como tribuno para el año 132, que suponía una actitud deliberada de violación del orden constitucional vigente, y no las previsiones de la lex agraria las que hicieron reaccionar al Senado, ya que daba consistencia al rumor que esparcían sus enemigos de que aspiraba a la soberanía. Se celebraron las elecciones en la época de la cosecha, y probablemente Tiberio habría presentado una nueva legislación, aceptable para el proletariado urbano, para hacer su candidatura deseable a la Asamblea, ya que no acudirían las gentes del campo. Las elecciones se pospusieron por la discusión de cuál de los tribunos debía presidirlas. El día señalado para la elección se presentaron los senadores resueltos a impedirla, y acudieron al cónsul Mucio Escevola, solicitando que declarase la patria en peligro, proclamara la dictadura y proscribiera a Tiberio. Entretanto recibió éste la noticia de que se atentaba contra su vida, y en la imposibilidad de hacerse oír en medio del tumulto, llevó las manos a su cabeza para dar a entender el peligro en que se hallaba. Al momento gritaron sus enemigos que pedía una corona, y el senador Escipión Nasica, después de instar inútilmente al cónsul para que adoptase medidas violentas exclamó: "Puesto que el cónsul se niega a salvar la república, síganme los que quieran defender las leyes". Y seguido de una turba de senadores con sus esclavos, armados todos de palos, y restos de los bancos del Foro hechos pedazos, se lanzaron sobre la multitud, la dispersaron a golpes, y dejaron solo a Tiberio, el cual, tratando de huir, tropiezó y cayó; su colega Publio Satureyo le descargó un golpe en la cabeza, y los demás lo acabaron de matar y arrojaron su cuerpo al Tíber. Algunos de sus amigos y muchos de sus partidarios fueron también muertos. Su intento de reforma integral había sido demasiado radical y antirromano por su desprecio a las costumbres de los antepasados (mos maiorum); no obstante, su legislación pervivió y continuó la labor de la comisión.
 
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