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Página 11 - 15 Palabras 501 al 550 de 704

Palabra   |   Descripción

Juegos en la vida privada

Cuando no había espectáculos públicos, el romano pasaba sus ratos de ocio practicando diversos juegos, algunos de los cuales han sobrevivido hasta hoy casi sin modificaciones. Había una gran variedad. tanto infantiles como para adultos. Entre otros, cabe mencionar las tres en raya; la micatio (alzaban la mano con una serie de dedos levantados y tenían que acertar la suma total); el par/impar (se podía jugar con almendras. nueces. huesos pequeños o monedas); el latrunculi (combinación de dados y fichas con reglas similares a las damas); o el cara o cruz (caput o navia) (se lanza una moneda al aire). Pero los más apreciados entre los adultos eran los dados y las tabas. Además de para pasar el tiempo, se aprovechaban para realizar importantes apuestas (a las que eran muy dados los romanos), tanto de bienes como de dinero. No siempre se jugaba limpio. pues se han descubierto dados cargados. Estos juegos de azar acabaron por prohibirse en Roma. aunque se siguieron practicando en banquetes privados donde los ricos se jugaban cantidades astronómicas de dinero, propiedades. etc. Algunos llegaban a perderlo todo. En una sola noche. al propio Augusto le ganaron 20.000 sestercios y Nerón acostumbraba a apostar 400 sestercios en cada jugada. Los juegos de mesa se improvisaban en cualquier lugar y, cómo no, también en la calle. Así, solían grabar tableros (tabulae lusoriae) en el suelo de los edificios públicos. El ambiente de las timbas con apuestas apuestas debía ser muy animado, hasta el punto que en muchas ocasiones derivaba en riñas. También existían juegos de pelota en los que variaba el número de participantes y las reglas. En un principio se jugaba al aire libre, pero en época imperial comenzaron a celebrarse en lugares cerrados. Los esclavos lo hacían en la calle, mientras que los ricos tenían canchas particulares. Se llegaron a crear equipos de jugadores de pelota, haciéndose algunos de ellos profesionales. Los niños practicaban juegos como la gallinita ciega (muinda), el escondite, el aro, la peonza (turbo), los lapilli (guijarros lanzados al aire que había que recoger con habilidad), la pelota... Pero lo que más les gustaba eran los juegos de imitación, como hacer de gladiadores, de reyes y personajes de otro tiempo (ducatus et imperia ludere), y los juegos de los oficios, siendo el preferido el de construir cabañas (aedificare casas). Las niñas por su parte jugaban con muñecas, generalmente de trapo, que ofrecían a la diosa Venus antes de casarse (podían hacerlo a partir de los 12 años) como símbolo de su entrada a la edad adulta. Los niños podían casarse a partir de los 14 años, aunque no se les consideraba adultos hasta los 16, momento en que dejaban de vestir la toga praetexta para ponerse la virilis. Ver, Juegos.

Juegos Florales

Juegos romanos que se celebraron por primera vez con ocasión de la dedicación del templo de Flora, levantado al oeste del Circo Máximo en 238 a.C.; en ese año los Floralia se habrían convertido en anuales. A comienzos del Imperio el festival duraba del 28 de abril al 3 de mayo. Estas fiestas estaban a cargo de los ediles curules, y su carácter popular y en parte lascivo denota una fuerte influencia griega. Ver, Ludi Florales.

Juegos Fúnebres

Se hacían en los funerales de los príncipes y las personas de distinción. Tales son los que Aquiles hace en la Ilíada en honor de Patroclo, y Eneas en la Eneida en honor de Anquises. Los romanos los celebraron algunas veces con mucha suntuosidad, acompañados de combates y gladiadores. El pueblo asistía a ellos vestido de luto, después de lo cual se vestían todos de blanco para asistir a las comidas públicas.

Juegos griegos

Los juegos públicos (agones) de la antigua Grecia tuvieron su origen tal vez en los juegos funerarios que se celebraban en honor de héroes locales. Pero hacia el siglo VIII a.C., cuando se fundaron los Juegos Olímpicos, habían perdido toda huella de ese contexto funerario y asumieron un carácter religioso como parte de una importante festividad internacional. El objetivo era honrar al dios o dioses por medio de la búsqueda de la excelencia humana en una situación altamente competitiva. Los participantes eran aristócratas ricos que con frecuencia pasaban años de sus vidas entrenándose de un modo semejante al militar. Su perspectiva ante los juegos era completamente profesional y sus esfuerzos se enfocaban no sólo a su ambición personal, sino también a apoyar la rivalidad política entre ciudades. Se festejaba a los vencedores como si fuesen héroes nacionales, artistas y poetas les rendían alabanzas y con frecuencia se les recompensaba con importantes premios en dinero o privilegios políticos. Los juegos también tenían un significado económico en la medida que reunían grandes multitudes que tenían que albergarse, alimentarse y mantenerse durante la celebración de la fiesta. Además desempeñaban un papel cultural importante como patronos de las artes. Las pruebas eran similares en la mayor parte de los juegos y se dividían entre música y deportes, excepto en Olimpia, en donde parece que nunca se desarrolló un componente musical. Las pruebas musicales incluían el canto, con acompañamiento de la flauta o la lira, y representaciones instrumentales. Los deportes incluían carreras, salto de longitud, lanzamientos de disco y jabalina, lucha, el pentatlón (los cinco anteriores), y el boxeo. Las pruebas ecuestres se celebraban en el hipódromo. Los atletas actuaban desnudos. Había pruebas separadas para hombres y niños. No se admitían mujeres ni como espectadoras ni como participantes. Ver, Estadio, Fiestas griegas, Gimnasio, Juegos Olímpicos, Juegos Ístmicos, Juegos Nemeos, Juegos Píticos, Píndaro.

Juegos Hereos

En Olimpia las jóvenes y las mujeres tenían un festival reservado para ellas: los Juegos Hereos, que se celebraban en honor de la diosa Hera. Se conocen gracias a un texto de Pausanias. Los Juegos Hereos, al igual que los Olímpicos, tenían lugar cada cuatro años, pero no se sabe si se desarrollaban el mismo año ni por la misma época. Son numerosos los paralelos evidentes entre los Juegos Olímpicos y los Juegos Hereos: las mujeres corrían en el estadio masculino, eran premiadas con una corona de olivo, a las vencedoras se dedicaban estatuas con inscripción y recibían como premio coronas de olivo y parte de una vaca sacrificada a Hera; también existía un colegio de 16 mujeres, al igual que los helanódicos masculinos. Sobre el origen de estos juegos hay dos versiones: una de carácter mítico, que hace remontar el origen de la competición a la acción de gracias de Hipodamía ante Hera por su boda con Pélope; y una segunda, recogida por Pausanias, que se puede llamar histórica, que hay que fechar hacia el año 580 a.C.. Los Juegos Hereos recuerdan una fiesta matriarcal prehelénica en honor de la Diosa Madre de la Tierra, identificada más tarde con Hera, cuyo templo es más antiguo que el de Zeus. La carrera de mujeres se realizaba originariamente en un campo labrado, lo que recuerda claramente a un rito de fertilidad y además en el mes de Parthenios, el día de Luna nueva. Ver, Fiestas griegas.

Juegos Ístmicos

o Juegos Istmios. Estos juegos eran los terceros de las cuatro especies de juegos o combates sagrados, tan célebres en la Grecia antigua. Tomaron su nombre del istmo de Corinto, donde se celebraban. Se decía que habían sido instituidos por Sísifo en honor de Melicertes, cuyo cuerpo había sido llevado por un delfín, o mejor arrojado por las olas a la ribera del Istmo. Plutarco, en la Vida de Teseo, atribuye la institución a este héroe, que quiso con esto imitar a Heracles, que había establecido los Juegos Olímpicos y lo consagró a Posidón, del cual se preciaba ser hijo, como dios que presidía particularmente el Istmo. Los Juegos Ístmicos y los Juegos Nemeos tenían lugar cada dos años, alternando con los de Olimpia y Delfos, es decir, el segundo y cuarto año de cada Olimpíada. Los Ístmicos, se celebraban en honor de Posidón en su santuario del istmo de Corinto, cuyos vestigios han sido recientemente explorados en parte. Los corintios eran los organizadores, pero entre todos los visitantes los atenienses tenían un lugar privilegiado. La época de los juegos era la primavera (abril-mayo). Se los anunciaba oficialmente y había con este motivo una tregua sagrada que se respetó incluso en plena guerra del Peloponeso; Tucídides la menciona expresamente por los juegos del año 413. La concurrencia era tan grande que solo las principales ciudades de Grecia podían competir en ellos. Atenas tan solamente disfrutaba del lugar que podía cubrir la vela de la nave que enviaban al Istmo. Los eleos eran los únicos de todos los griegos que no concurrían a ellos para evitar las desgracias que les pudieran causar las imprecaciones que Molione, mujer de Áctor, había hecho contra los de esta nación que viniesen a los juegos. Los romanos fueron también admitidos y los celebraron con tanta pompa y aparato, que además de los ejercicios ordinarios de la carrera, del pugilato, música y poesía, se daba un espectáculo de caza, en la cual se hacían aparecer los más extraños animales. Lo que más aumentaba aún la celebridad de estos juegos, era que servían de época o cómputo del tiempo a los corintios y a los habitantes del istmo. Coronaban a los vencedores de ramas de pino. Después se les coronó como a los vencedores en los juegos nemeos, con la diferencia que los de los juegos nemeos eran coronados de apio verde, mientras que los otros lo eran con apio seco. Después, se añadió a la corona una suma de plata, fijada por Solón en 100 dracmas. Los romanos no pararon en esto, y señalaron a los vencedores los más ricos presentes. Ver, Juegos Panhelénicos, Antigua periodos, Fiestas griegas.

Juegos Istmios

Juegos Ístmicos (estos juegos eran los terceros de las cuatro especies de juegos o combates sagrados, tan célebres en la Grecia antigua. Tomaron su nombre del istmo de Corinto, donde ….).

Juegos Megalenses

Juegos Megalesios (juegos que acompañaban las Magalesias. En ellos las matronas romanas danzaban delante del altar de Cibeles. Los magistrados asistían a los mismos, vestidos de ….).

Juegos Megalesios

o Juegos Megalenses. Juegos que acompañaban las Magalesias. En ellos las matronas romanas danzaban delante del altar de Cibeles. Los magistrados asistían a los mismos, vestidos de púrpura y la ley prohibía a los esclavos presentarse en ellos. Durante estos juegos muchos sacerdotes frigios llevaban en triunfo por las calles de Roma la imagen de la diosa, y se representaban las más escogidas comedias. Asistían muchos extranjeros y una gran multitud de pueblo a estos juegos, cuya celebración caía el día antes de los idus de abril, día en que los romanos habían recibido el culto de esta diosa. Ver, Megalesias, Fiestas romanas.

Juegos Nemeos

Los juegos nemeos se contaban entre los más famosos de Grecia. Se dice que fueron establecidos por Heracles, después de haber matado al león de Nemea, y en memoria de su triunfo. Pausanias dice que su autor fue Adrasto uno de los siete jefes de la primera guerra de Tebas. Otros dicen que los siete jefes argivos celebraron estos juegos para honrar la memoria del joven Efeltes, o Arquémoro, hijo de Licurgo. Otros en fin pretenden que fueron consagrados a Zeus Nemeo. Sea cual fuere su origen, lo cierto es que se celebraron por mucho tiempo en Grecia. Los Juegos Ístmicos y los Juegos Nemeos tenían lugar cada dos años, alternando con los de Olimpia y Delfos, es decir, el segundo y cuarto año de cada Olimpíada. Se celebraban en el santuario de Zeus en Nemea, en Argólida. La organización dependía de los habitantes de Cleone, pequeña ciudad vecina, hasta la época de Píndaro. Pero los argios, cuya influencia se extendía a toda esta región del Peloponeso, acabaron por suplantarlos. Aunque el famoso león, muerto por Heracles, quedaba unido a la estrecha llanura de Nemea, es a Zeus a quien se veneraba en un pequeño recinto plantado de cipreses. Las competiciones se parecían a las de Olimpia y, como en Olimpia, los jueces del concurso llevaban el título de Helanódicos. Al igual que la de los Juegos Ístmicos, también la corona de los Juegos Nemeos era de apio. Reconocido como un panegírico de todos los griegos, la fiesta daba lugar, también, a una tregua sagrada. Se dice que los participantes jugaban vestidos de luto, para manifestar el origen de estos juegos. Al principio los vencedores se coronaban con olivo, práctica que duró hasta el tiempo de las guerras contra los medos y un descalabro que sufrieron los argivos en esta guerra hizo mudar el olivo en apio, hierba fúnebre. Así los juegos nemeos han pasado por juegos fúnebres. Ver, Juegos Panhelénicos, Hoja del león, Antigua periodos, Fiestas griegas.

Juegos Neronianos

Neronia (juegos similares a los panhelénicos, instituidos en Roma por Nerón en el año 69, en los que él mismo intervino. A la manera ….).

Juegos Olímpicos

Fiesta o juego que los griegos celebraban cada cuatro años, en honor a Zeus, en la antigua ciudad de Olimpia. No ha sido posible determinar el origen real de estos juegos; la referencia más antigua se debe a Homero y los sitúa en el 1.370 a.C.. En lo que sí parecen coincidir las diversas fuentes es que a partir del 884 a.C. se convirtieron en una semana de paz, una tregua en las guerras que asolaban Grecia. En el 776 a.C., según la cronología tradicional adoptada por el historiador Timeo de Taormina, que extendió el uso del cómputo por olimpíadas, adquirieron rango de fiesta panhelénica, convirtiéndose en los juegos más importantes entre los panhelénicos (Juegos Píticos, Juegos Nemeos y Juegos Ístmicos). Las olimpíadas sirvieron de base para el cómputo cronológico desde el solsticio de verano del año 776 a.C. hasta el año 393, año en el que fueron suspendidos por orden de Teodosio I por considerarlos inmorales y ateos. En la época clásica, las fiestas duraban siete días. Desde 572 estaban patrocinados por los eleos, que dominaban la región y que designaban entre ellos el colegio de los Helanódicos o "jueces de los griegos", encargados de organizar los juegos. De este modo vemos que incluso una ceremonia panhelénica, es decir, abierta a todos los griegos, quedaba sometida a la responsabilidad de un solo pueblo, conforme a la concepción política y religiosa que lo subordinaba todo a la ciudad. Estos juegos fueron algunas veces interrumpidos o suspendidos hasta el tiempo de Pélope, quien los restableció en honor de Zeus, con más pompa y aparato que ninguno de sus predecesores. Después cayeron otra vez en decadencia y aun casi se había perdido su recuerdo, hasta que Ifito, contemporáneo de Licurgo, el legislador, restableció los juegos olímpicos por los motivos siguientes: Grecia gemía entonces destrozada por las guerras intestinas y desolada por la peste. Ifito pasó a Delfos a consultar con el oráculo sobre los males que tanto les afligían. La contestación de la Pitia fue que del restablecimiento de los juegos olímpicos pendía la salud de Grecia, encargándole que trabajase en ello en unión con los eleos. Desde ese momento se dedicaron en recordar los ejercicios de estos juegos, y a medida que les venía a la memoria alguno de ellos, lo añadían a los demás. Esto es lo que se desprende de la continuación de las olimpíadas; pues desde la primera se propuso un premio a la carrera, que lo ganó Corebo, eleo; en la 14 se añadió la carrera del estadio doble; en la 18 se restableció del todo el Pentatlón; el combate del cesto se puso en uso en la olimpiada 23; en la 25 la carrera del carro tirado por dos caballos; en la 28 el combate para los niños, a pesar de no haber habido ejemplo de ello en la antigüedad, así es que en la 37 olimpíada hubo premios propuestos a los niños por la carrera y la lucha; en la 38 se les permitió el Pentatlón entero, pero los inconvenientes que resultaron de ello obligaron a que los niños fuesen excluidos, en lo sucesivo, de todo ejercicio violento; en la 65 se introdujo aún otra novedad: gentes de a pie, completamente armados, disputaron el premio de la carrera, algo muy conveniente a los pueblos belicosos. En la 98 se hacían carreras con caballos de mano, en la carrera; y en 99 se uncieron dos potros jóvenes en un carro. Algún tiempo después se disputó una corrida de potros llevados por la mano y otra corrida de potros montados como los caballos de sillas. En cuanto al orden y a la policía de los juegos olímpicos, según el historiador citado supra, se observaba lo siguiente: primero se tributaba un sacrificio a Zeus. Luego se iniciaba la apertura por el Pentatlón, seguía la corrida a pie, después la carrera de los caballos que no se verificaba en el mismo día. Los eleos casi siempre llevaban la dirección de estos juegos y nombraban cierto número de jueces para presidirlos, mantener el orden e impedir que se usase fraude o superchería para ganar el premio. En la olimpíada 102 habiendo comprado Calíope el ateniense a sus antagonistas el premio del Pentatlón, los jueces eleos condenaron a la multa correspondiente al transgresor y a sus cómplices. Los atenienses pidieron gracia en favor de los culpables y no habiéndolo podido obtener, prohibieron que pagasen esta multa, pero fueron excluidos de los juegos olímpicos, hasta que consultado el oráculo de Delfos, se les declaró que el dios nada tenía que contestar, mediante que no hubiesen dado satisfacción a los eleos; entonces se sometieron a la multa. Los atletas luchaban desnudos desde la Olimpíada treinta y dos, de resultas de lo que acaeció a uno llamado Orcipo, que a poco más pierde la victoria por habérsele desatado un calzoncillo, embarazándole y privándole de la libertad de los movimientos. Este reglamento exigió otra providencia; tal fue la de prohibir a las mujeres y a las doncellas, bajo pena de la vida, asistir a los juegos y aún pasar al Alfeo mientras duraba el tiempo de su celebración. Esta prohibición se observó con tanta exactitud que no hubo ejemplo de que ni una sola mujer violase la ley. La pena impuesta consistía en precipitar a las mujeres, que la hubiesen infringido, de una roca que se hallaba más allá del Alfeo. En la misma ciudad celebraban las doncellas una fiesta particular en honor de Hera, haciéndolas correr por el estadio distribuidas en tres clases. Las más jóvenes eran las primeras, seguían luego las de una edad menos tierna y después las otras de mayor edad. En consideración a su sexo no se daban más que quinientos pies de largo al estadio, en lugar de los ochocientos pies que era su extensión ordinaria. Algún tiempo antes de la apertura de los juegos, unos diputados, los espondóforos, eran enviados a todas las ciudades griegas para anunciar el acontecimiento. En honor de Zeus, se observaba entonces una tregua sagrada que suspendía las guerras intestinas por la duración de las fiestas olímpicas. Atletas y curiosos tomaban el camino de la Élida, donde estaban previstas instalaciones materiales para recibirlos: una ciudad de tiendas y de barracones se elevaba por algunas semanas en torno al santuario. El primer día de los juegos estaba consagrado a los sacrificios y a la prestación del juramento olímpico por los concurrentes. Éstos debían ser griegos, libres de nacimiento e indemnes de toda contaminación. Más que exigencias morales o políticas, hay que ver en ello exigencias religiosas; los juegos forman parte del culto y no se puede participar plenamente en el culto si no se pertenece a una comunidad cívica y si no se está puro de toda mancha. He ahí por qué los bárbaros, los esclavos y los condenados están excluidos. Es también una práctica religiosa la que prohíbe a las mujeres la entrada en el santuario y la asistencia a las competiciones; una sola excepción se hace en favor de la sacerdotisa de Deméter Caminea, índice revelador del carácter sagrado de la prohibición. La prestación del juramento era particularmente solemne. Tenía lugar en el altar de Zeus Horkios, protector de los juramentos, cuya estatua se elevaba en el Buleuterión (lugar del Senado local) y tenía un rayo en cada mano, para fulminar a los perjuros. Sobre los trozos de un verraco sacrificado en esta ocasión, los atletas, sus padres y sus hermanos, ligados por la vieja solidaridad del clan familiar, juraban respetar el reglamento del concurso. Pausanias, al que debemos esas informaciones, añade una observación sintomática: "No he tenido idea de preguntar qué se hacía del verraco después del juramento de los atletas; es una regla establecida desde los tiempos más antiguos que una víctima sobre la cual se ha pronunciado un juramento no debe servir para el consumo humano". Al pie de la estatua de Zeus Horkios se podía leer en una tableta de bronce un poema en dísticos elegíacos que recordaba el castigo reservado a los perjuros. En caso de fraude, los Helanódicos castigaban al culpable con una fuerte multa y lo excluían de los juegos perpetuamente. Con el producto de la multa erigían una estatua de Zeus en bronce; esos Zeus, los Zanes, como se los llamaba en el dialecto dórico local, estaban alineados en el santuario, cerca de la entrada del estadio, al pie de la terraza de los Tesoros. Se pueden ver todavía en este lugar algunas de las bases que los sustentaban. Después de la terminación de las competiciones, que duraban cinco días, la última jornada estaba consagrada a la distribución de las recompensas. En presencia de una multitud inmensa que los aclamaba, los vencedores, que eran llamados los olimpiónicos, avanzaban al ser llamados por su nombre para recibir su premio: una simple corona de olivo silvestre, tejida con las hojas del árbol sagrado, que Heracles, nos dice Píndaro, había traído del país de los Hiperbóreos para plantarlo en Olimpia. Esas coronas estaban colocadas en una suntuosa mesa de ofrendas incrustada de marfil y oro, obra de Colotes, discípulo y colaborador de Fidias. Esta mesa figura como motivo del reverso de una de las monedas conmemorativas acuñadas por los eleos en 133 de nuestra era, bajo el emperador Adriano. A los ojos de los griegos no existía honor más grande que la corona olímpica, conseguida ante la Grecia reunida en el santuario del rey de los dioses. El deseo de gloria, el apetito de elogios, el orgullo nacional y la piedad sincera hacia el dios excitaban a la vez el ardor de los concurrentes. Los espectadores estaban impulsados, además, por la curiosidad de ver de cerca hombres célebres, pues a los atletas se juntaban escritores, filósofos, retóricos o artistas, deseosos de aprovecharse de esa gran multitud popular para hacer conocer sus obras por medio de lecturas públicas o para obtener encargos. La animación, el hacinamiento, las transacciones comerciales acompañaban necesariamente el desarrollo de las pruebas deportivas y las ceremonias sagradas. En el recinto del Altis, el terreno consagrado a Zeus, se oían hablar todos los dialectos griegos. Tenían conciencia de una solidaridad profunda por encima de los intereses o las rivalidades que separaban sus respectivas ciudades. En un principio sólo participaban atletas griegos y en sucesivas celebraciones se fueron incorporando atletas de toda la zona mediterránea. Se disputaban pruebas de carreras, saltos, lanzamiento, hípica y lucha, al tiempo que se celebraban ceremonias religiosas y concursos de poesía y oratoria. El interés por Olimpia se despertó en el Renacimiento con la difusión, gracias a la imprenta, de las obras de los grandes maestros griegos, llegándose a celebrar en Inglaterra, en 1604, unos Olimpic Games. Pero fue a finales del siglo XVIII cuando, tras las excavaciones que realizaron franceses y alemanes, llegó al máximo el interés por Olimpia y los juegos que allí se celebraron. Ver, Juegos Panhelénicos, Decálogo Olímpico, Antigua periodos, Fiestas griegas, Olimpiada. )o( MITOLOGÍA.- Según los eleos, Crono fue el primero que reinó en el cielo, y desde la edad de oro tenía ya un templo en el Olimpo. Habiendo venido Zeus al mundo, su madre Rea confió su educación a cinco Dáctilos del monte Ida, que hizo venir de Creta a Élida. Heracles, el primogénito de los cinco hermanos, propuso ejercitarse en la carrera y ver quien ganaba el premio, que consistía en una corona de olivo. De esto se deduce que Heracles Ideo tuvo la gloria de inventar estos juegos, a los cuales llamó Olímpicos; y a causa de que eran cinco hermanos, quiso que estos juegos se celebrasen cada cinco años. Algunos suponen que Zeus y Crono lucharon juntos en Olimpia y que el premio de la victoria era el imperio del mundo. Otros pretenden que, habiendo Zeus triunfado de los Titanes, instituyó por sí mismo estos juegos, donde Apolo entre otros se señaló por su habilidad, ganando el premio de la carrera en competencia con Hermes: y este es el motivo, dicen ellos, por el que aquellos que se distinguían en el Pentatlón danzaban al son de flautas que tocaban las Pitias, porque éstas eran consagradas a Apolo, y que este dios fuese el primero que obtuvo la corona en los Juegos Olímpicos.

Juegos Palatinos

Juegos instituidos por Livia en honor de Augusto, o según otros por el mismo Augusto en honor de Julio César. Tomaron el nombre del templo que se hallaba en el monte Palatino, donde se celebraban todos los años, durante ocho días, el 15 de diciembre. En general, fueron las festividades privadas ofrecidas por los emperadores a un círculo restringido de privilegiados, que se celebraban en enero en el palacio imperial.

Juegos Panhelénicos

Entre todos los juegos griegos que despertaban la ambición de los atletas, había algunos cuyo renombre sobrepasaba las fronteras de un Estado, para extenderse por todo el mundo helénico. Cuatro, entre ellos, atraían particularmente a las multitudes: los de Olimpia, de Delfos, del Istmo y de Nemea. Por la brillantez de sus fiestas, por la calidad de los concurrentes que se enfrentaban en ellos, por el número y la variedad de los espectadores, merecían verdaderamente el nombre de juegos panhelénicos con el cual se les designa ordinariamente. Para los vencedores en esas competiciones gloriosas, Píndaro compuso las odas triunfales o epinicios, que son los únicos testimonios completos de su genio poético que se han conservado y que los editores antiguos dividían ya, en función de los diversos concursos, en Olímpicos, Píticos, Ístmicos y Nemeos. Ver, Fiestas griegas.

Juegos Petreos

Juegos que se celebraban en honor de Posidón, probablemente en las cercanías del valle de Tempe. Se trata de un festival menor. Apenas nada se sabe de estos juegos; antes de la aparición del papiro baquilideo eran únicamente conocidos por un escolio a Apolonio Rodio, que describe "la piedra tesalia" como "un lugar en el que se celebra una competición de Posidón". Ver, Fiestas griegas.

Juegos Píticos

o Juegos Pitios. En Delfos, fueron instituidos en honor de Apolo, después de la primera guerra sagrada, en 582 a.C.. Pausanias cuenta que los juegos Píticos fueron instituídos por Jasón o Diomedes, rey de Etolia. Los anfictiones gozaban en los juegos píticos del título de jueces o de agonotetas. Se enriquecieron poco a poco de las mismas pruebas atléticas que en Olimpia. Su originalidad consistió en conceder un lugar considerable a los concursos musicales, cuya tradición era muy antigua en Delfos. Se contaba que Homero y Hesíodo habían querido los dos tomar parte en el concurso, y que habían sido descalificados ambos, el primero por ser ciego y no poder tocar la cítara; el segundo, porque, por buen poeta que fuese, no era suficiente buen tocador de cítara. La anécdota, recogida por Pausanias, es evidenternente apócrifa, pero enseña bien que Apolo, dios de las artes, concedía tanto interés a las composiciones musicales como a los concursos atléticos. Las fiestas tenían lugar cada cuatro años, el tercer año de cada Olimpíada, por lo tanto dos años después de los Juegos Olímpicos, hacia el fin del verano (agosto-septiembre). Algunos días antes los delfianos enviaban delegaciones, los teores (o teares, como se decía en Delfos), a las diversas regiones del mundo griego para anunciar oficialmente la próxima apertura de los Pitia. En el curso de su embajada religiosa, esos teores eran recibidos y alojados en cada ciudad soberana por corresponsales oficiales encargados de facilitar su misión y que se llaman teodorocos. La lista de esos teodorocos ha sido grabada en varias ocasiones en el santuario y se ha conservado un fragmento de finales del siglo V, un texto muy extenso del final del siglo III y otros fragmentos de la mitad del II. Estos documentos son muy instructivos para la geografía histórica y la onomástica. Como en Olimpia, el premio de cada competición era una simple corona de hojas. Estaba trenzada con laurel, el árbol favorito de Apolo, cortado en condiciones particulares, que respondían a exigencias religiosas: un niño, cuyos padre y madre fuesen todavía vivientes, debía ir a buscar las ramas en el valle de Tempe, en Tesalia. El prestigio de Apolo, el renombre de su oráculo se añadían a los atractivos de los Juegos y llevaban a Delfos multitudes comparables a las que afluían a Olimpia. Ver, Juegos Panhelénicos, Antigua periodos, Ver, Fiestas griegas.

Juegos Pitios

Juegos Píticos (En Delfos, fueron instituidos en honor de Apolo, después de la primera guerra sagrada, en 582 a.C.. Pausanias cuenta que los juegos Píticos fueron instituídos por ….).

Juegos Plebeyos

Juegos romanos instituidos en 216 a.C., por Flaminio, Cayo. Se daban del 4 al 17 de noviembre. Ver, Juegos, Fiestas romanas.

Juegos Quinquenales

Neronia (juegos similares a los panhelénicos, instituidos en Roma por Nerón en el año 69, en los que él mismo intervino. A la manera ….).

Juegos romanos

Los espectáculos de atletismo importados de Grecia no llegaron a entusiasmar tanto a las multitudes romanas como los juegos nacionales, pues no pertenecían como éstos a la tradición religiosa más profunda de la ciudad. Los juegos romanos, en su esencia, son actos religiosos. Representan un rito necesario para mantener las buenas relaciones deseadas entre la ciudad y los dioses. Este carácter primitivo no será olvidado jamás, y hasta mucho más tarde, la costumbre impuso que se asistiese con la cabeza descubierta a los combates del anfiteatro o a las carreras del circo, como se asistía a los sacrificios. Los juegos más antiguos fueron los juegos romanos (Ludi Romani), llamados también Grandes Juegos (Ludi Magni). Se celebraban en los idus de septiembre y duraban, al comienzo, cuatro días, antes de extenderse a dieciséis días completos después de la muerte de César. Comenzaban con la ofrenda solemne a Júpiter de un gran banquete en el que participaban los magistrados superiores y los sacerdotes. Después, el mismo Júpiter, representado por el cónsul o el pretor en traje triunfal (toga bordada resplandeciente de púrpura y corona de encina), iba en cortejo desde el Capitolio hasta el Circo. Le acompañaba la ciudad entera, alineada en sus cuadros cívicos, los caballeros a la cabeza, después las centurias de jóvenes. Detrás de ellos venían los concursantes, rodeados de danzarines, de mimos, de todo un carnaval burlesco en el que se encontraban las siluetas de los silenos y de los sátiros, indecentes y abigarrados. Conocemos bien a estos danzarines, con sus contorsiones bárbaras; figuran ya en las pinturas de las tumbas etruscas, y es sin ninguna duda del mundo etrusco de donde los ha tornado el ritual romano, cuando los Tarquinos instituyeron estos juegos. Ritmaba la marcha del cortejo una música estridente de flautas, de tamboriles, de trompetas... Después de los danzarines avanzaban los porteadores; sobre sus espaldas, en angarillas, llevaban pesados objetos preciosos sacados para esta ceremonia de los tesoros sagrados: vasos de oro, jarras llenas de perfumes, todo lo que la ciudad poseía de más rico y de más raro. Por último, llegaban los dioses: antiguamente representados por maniquíes revestidos de los atributos de cada divinidad; más tarde, a partir del siglo III a.C., se paseó a las estatuas mismas. Llegado al Circo, el cortejo se detenía, los dioses eran instalados en el pulvinar, su lecho sagrado, sobreelevado, desde donde podían gozar mejor del espectáculo. Tal era el ceremonial de los Grandes Juegos, y también el de los Juegos Plebeyos, que no tardaron en duplicar a los primeros. Pero estos juegos no eran los únicos del calendario romano. A cada crisis bajo la República, más tarde a cada nuevo acontecimiento, venían a añadirse otros. Después de los grandes desastres de la segunda guerra púnica, fueron los Juegos Apolinarios (212 a.C.) los que reservaron un amplio espacio a las demostraciones hípicas y a los "volatineros" (desultores), probablemente bajo la influencia de Tarento. Otros juegos estaban relacionados con los cultos agrarios: juegos de Ceres, en el mes de abril, juegos de Flora, que les sucedían y duraban hasta el 3 de mayo. En ellos se mezclaban a las exhibiciones ordinarias ritos particulares, cuya significación no es siempre clara para nosotros, como tampoco lo era para los romanos. En los juegos de Ceres se soltaban zorros en el Circo a cuya cola se había atado una antorcha encendida. En los juegos de Flora, era la costumbre que las cortesanas de la ciudad se exhibiesen en danzas lascivas, completamente desnudas. Este último rito es bien claro: se trataba de la primavera del año, del retorno a su pleno vigor de las fuerzas de la fecundidad, y nadie se habría atrevido a suprimir un espectáculo tan indecente por temor a hacer el año estéril. En el 204, cuando los romanos, por orden de los Libros Sibilinos, trasladaron a su ciudad a la diosa Cibeles, que fueron a buscar a Pesinunte, en Frigia, instituyeron juegos en su honor; fueron los Ludi Megalenses, celebrados por vez primera según el rito habitual de los juegos romanos. Los más antiguos fueron las carreras de carros del circo (ludi circenses), por los que los romanos sentían gran pasión. Eran también muy célebres entre los juegos fijos, los Seculares (Ver). Los votivos eran los que se habían prometido celebrar, si salía felizmente alguna empresa, o si alguno se libraba de alguna calamidad. Los extraordinarios eran los quedaban los emperadores cuando iban a partir para la guerra, los de los magistrados antes de entrar en su dignidad, los juegos fúnebres etc. La pompa de todos estos juegos no consistía menos en la magnificencia de los espectáculos que en el gran número de víctimas, y sobre todo, de gladiadores, espectáculo favorito del pueblo romano. Pero en el 194 se intercalaron en ellos representaciones teatrales, que tomaron cada vez más importancia. Ya, desde el año 140, los Ludi Magni llevaron aparejadas representaciones semejantes, e incluso, si hay que creer a Tito Livio, los primeros juegos escénicos habrían sido introducidos desde el año 364 a.C., en el curso de una terrible peste, a fin de apaciguar la cólera de los dioses. Estaban entonces directamente imitados de un rito etrusco. Todavía no eran más que pantomimas sin recitación. La juventud romana, a su vez, se habría dedicado a danzar de la misma manera, añadiendo a la pantomima palabras satíricas y cantos. De esta unión entre la poesía popular y la danza sagrada habría nacido un género nuevo que se llamó satura y que fue un esbozo del teatro. Pero el teatro no apareció con certeza hasta el año 240, cuando el tarentino Livio Andrónico utiliza la satura para la puesta en escena de una intriga dada. Roma acababa entonces de vencer a Cartago y había impuesto su primacía no solamente en Italia continental, sino también en Sicilia, y las ciudades griegas la miraban con cierto respeto. Los romanos, para no quedar atrasados, parecen haber querido modernizar sus ceremonias arcaicas y fue sin duda entonces cuando pidieron a Livio Andrónico que reformase los juegos inspirándose en los de las ciudades griegas. Desde finales del siglo III a.C., no hubo casi juegos sin representaciones teatrales. Éstas alternaban con las carreras de carros, y esto explica la prolongación de los juegos, que tendieron a ocupar un número de días cada vez más considerable. Ver, Agón, Gladiadores, Fiestas romanas, Venatio.

Juegos Sagrados

Celebraciones deportivas que, originariamente, recibían el nombre de Juegos Sagrados las que tenían lugar en Olimpia, Delfos, Nemea y en el Istmo de Corinto. En épocas tardías fue incrementándose su número y tal apelativo era concedido a muchas manifestaciones deportivas. Ver, Fiestas griegas.

Juegos Seculares

Los Ludi Saeculares se denominan así por abarcar la distancia que separa la celebración de esta fiesta el plazo mayor de la vida de un hombre, pues saeculum llamaban los romanos al curso de una vida. Era creencia que contribuía a remediar epidemias, plagas y enfermedades. Zósimo describe la fiesta de la siguiente manera: "los heraldos, yendo en derredor, convocaban a todos a la fiesta para presenciar un espectáculo que ni antes vieron ni más adelante podrían contemplar. En la estación veraniega, pocos días antes de que se celebre la ceremonia, los quindecenviros se sientan sobre un estrado en eI Capitolio o en el templo del Palatino e imparten al pueblo los medios de purificación: antorchas, azufre y esparto, de los que no participan esclavos, sino sólo hombres libres. Reunido todo el pueblo en los lugares mencionados, así como en el templo de Ártemis que se levanta en el monte Aventino, porta cada uno trigo, cebada y habas. Y tienen lugar solemnes celebraciones nocturnas en honor de las Moiras durante *** noches. Llegado el tiempo de la fiesta, que tiene lugar en el Campo de Marte durante tres días con sus noches, se consagran las ofrendas junto a la orilla del Tíber en Tarento. Hay sacrificios para los dioses Zeus, Hera, Apolo, Leto y Ártemis, y también para las Moiras, las Ilitías, Deméter, Hades y Perséfone. La primera noche de festejos, a segunda hora, el emperador acompañado de los quindecenviros sacrifica a orillas del río, sobre tres altares que han sido dispuestos, tres corderos, y una vez cubiertos de sangre los altares quema por completo las víctimas. Después de preparar una tienda en forma de teatro se prenden luces, se entona un himno recientemente compuesto y tienen Iugar espectáculos de carácter sacro. Quienes los ejecutan reciben como salario las primicias de los frutos: trigo, cebada y habas, primicias que, como dije, se imparten también a todo el pueblo. Al día siguiente, tras subir al Capitolio, donde llevan a efecto los sacrificios que el uso prescribe, y marchar de allí al teatro que ha sido dispuesto, representan los espectáculos en honor de Apolo y Ártemis. Al día siguiente, y a la hora que ordenó el oráculo, se reúnen en el Capitolio mujeres de distinción que, según fija el rito, dirigen plegarias y elevan himnos a la divinidad. Al tercer día, en el templo de Apolo del Palatino, tres veces nueve muchachos ilustres y otras tantas doncellas, todos ellos "florecientes al abrigo", es decir, con ambos padres vivos, entonan en lengua griega y latina cantos y peanes destinados a salvaguardar las ciudades sometidas a los romanos. Conforme a lo indicado por la divinidad, tenían lugar otros actos, gracias a cuya ejecución se mantuvo intacto el Imperio Romano". Augusto restauró la ceremonia (que había tenido lugar por última vez, bajo el consulado de Lucio Censorino y Marco Manilio [Puelio]), siendo Ateyo Capitón quien explicó el rito y los quindecenviros encargados de custodiar los oráculos de Sibila quienes inquirieron las fechas en que debía realizarse el sacrificio y conducirse la procesión. La celebración de Augusto (17 a.C.) no observó ningún tipo de periodicidad respecto a las celebraciones anteriores; a partir de ella tiende a imponerse el saeculum de 110, pero todavía Claudio se atiene a una periodicidad de 100 años; por lo demás la fecha exacta de los Juegos de Claudio, el 47, plantea problemas de difícil solución (quizás este emperador adoptó la tradición etrusca para computar los saecula a partir del año de fundación de Roma; si, de acuerdo con el cómputo varroniano, ubicaba tal fundación en el 753, el 47 corresponde exactamente al 800 de Roma. Domiciano celebró los suyos en 88, adelantándose en seis años, con una separación de 110, a la periodicidad impuesta por la celebración de Augusto, Los Juegos de Severo datan del 204. Los Juegos comenzaban la noche del 31 de mayo al 1 de junio. En ella el emperador sacrificaba a las Moiras nueve ovejas y nueve cabras. El 1 de junio, de día, el emperador sacrificaba a Júpiter en el Capitolio. En el teatro continuaban las representaciones sagradas. En la noche del 1-2 de junio el emperador ofrendaba a las Ilitías pasteles sacrificales. El día 2 tenían lugar las plegarias, dirigidas por 110 matronas a Juno, a las que precedía un sacrificio dirigido también a Juno y ejecutado por el emperador en el mismo Capitolio. En la noche del 2 al 3 el emperador sacrificaba a Terra Mater y proseguían las representaciones sagradas. El 3 de junio el emperador ofrendaba a Apolo y Diana en el Palatino pasteles sacrificales. También ahora se ejecuta el himno compuesto expresamente para cada edición de los Juegos. El mismo día 3 los Juegos eran clausurados con la celebración de espectáculos circenses, tras los cuales tenía lugar la distributio frugum (posiblemente en ésta participaban no sólo los protagonistas de los espectáculos, sino también, el pueblo). En los días siguientes, fuera propiamente de celebración religiosa, se realizaban diversos espectáculos (ludi honorarii). Ver, Prosérpina, Fiestas romanas. )o( MITOLOGÍA.- Era Valesio, de donde procede el linaje de los Valerianos, hombre ilustre entre los sabinos. Ante su casa había un bosque sagrado formado por altísimos árboles. Habiendo caído sobre ellos un rayo que los abrasó, se hallaba confuso sobre cuál era la señal que portaba el rayo; y como una enfermedad se hubiese abatido sobre sus hijos, recurrió, además de al arte de los médicos, al de los adivinos. Estos conjeturaron, por la forma de la caída la del fuego, que se trataba de cólera divina, ante lo cuaI, y como es lógico, Valerio intentó propiciarse a la divinidad con sacrificios. Estando con su mujer lleno de temor y a la espera de una muerte ya inminente para sus hijos, postróse ante Hestia y prometió entregarle a cambio de sus hijos dos vidas completas, la de él y la de la madre de sus hijos. Y cuando miró al bosque alcanzado por el rayo creyó escuchar una voz que le ordenaba llevar a sus hijos a Tarento, calentar allí agua del Tíber sobre el altar de Hades y Perséfone y darla de beber a los niños. Al oír esto, con más razón se desesperó de que sus hijos se salvaran, ya que Tarento está en el confín de Italia y allí no podría encontrar agua del Tíber. Igualmente le infundía tristes expectativas el haber oído que el agua fuese calentada sobre un altar de dioses infernales. Puesto que también los intérpretes se encontraban confusos ante todo ello, tras volver a informarse decidió que era preciso obedecer a la divinidad, hizo que sus hijos subieran a una barca de río y comenzó a descender. Como éstos entrasen a causa del calor en un estado febril, puso rumbo a aquella parte de la ribera por donde la corriente parecía apaciguarse. Habiendo pasado la noche con sus hijos en un chozo de pastor, oyó que había desembarcado en Tarento: pues así se llamaba el lugar, que tenía el mismo nombre que el Tarento del Promontorio de Yapigia. Postrándose entonces ante el dios por tal dicha, ordenó Valesio al piloto que atracara en la orilla, descendió y se explicó ante los pastores. Tomó a continuación agua del Tíber y, después de calentarla en un altar hecho por él, la dio de beber a su hijos. Nada más que beber, cayeron éstos dormidos, tras lo cual se levantaron sanos. Y como vieran en sueños que unas víctimas negras eran llevadas a Perséfone y Hades y que durante tres días consecutivos se celebraban fiestas nocturnas con canto y danza, relataron el sueño a su padre, añadiendo que un hombre grande y de porte divino había encomendado hacer todo ello en el Campo de Marte de Tarento, precisamente donde había un lugar reservado a los ejercicios ecuestres. Quiso Valesio erigir allí mismo un altar, y cuando a tal efecto los tallistas comenzaron a excavar el sitio, se halló un altar acabado en el que estaba escrito: "De Hades y Perséfone". Comprendió entonces con más claridad qué había que hacer, por lo cual llevó ante este altar las víctimas negras y se ocupó de realizar las celebraciones nocturnas. Este altar y el instituir la ejecución de un sacrificio tuvieron el siguiente origen: romanos y albanos se hallaban en guerra. Estando unos y otros con las armas en la mano, apareció una figura de extraordinario aspecto, cubierta con negra piel y gritando que Hades y Perséfone habían ordenado que antes de entrar en combate se les hiciera un sacrificio bajo tierra. Y una vez dicho esto se desvaneció. Entonces fue cuando los romanos, turbados por la aparición, erigieron el altar bajo tierra y, después que hubieron hecho el sacrificio, lo ocultaron enterrándolo a veinte pies e profundidad, de forma que, excepto a los romanos, a todos los demás les pasase inadvertido. Éste fue el que encontró Valesio, y como también llevó a cabo el sacrificio y las ceremonias nocturnas recibió el nombre de Manio Valerio Tarentino. Pues los romanos llaman a los dioses infernales "manes" y al tener salud "valere" y Tarentino por el sacrificio en Tarento. Más adelante, cuando, en el primer año después de los reyes, cayó sobre la ciudad una peste, Publio Valerio Publícola sacrificó en este altar un buey negro y una ternera negra a Hades y Perséfone, con lo que liberó la ciudad de la peste; y en el altar escribió esto: "Yo, Publio Valerio Publícola, consagré el llano portador de fuego a Hades y Perséfone, y organicé para Hades y Perséfone cortejos por la liberación de los romanos". Después de esto, en el año 502 de la fundación de la ciudad, como sobreviniesen enfermedades y guerras, el Senado, para encontrar la forma de salvar a la ciudad, decidió recurrir a los oráculos de Sibila, y ordenó a los decenviros asignados al efecto que inquiriesen en los oráculos. Puesto que los oráculos anunciaron que cesaría el infortunio si sacrificaban a Hades y Perséfone, buscaron el lugar y, de acuerdo con lo preceptuado, consagraron ofrendas a Hades y a Perséfone *** bajo el cuarto consulado de Marco Popilio. Cumplida la ceremonia y una vez libres de cuanto les amenazaba, volvieron a ocultar el altar, depositado en un extremo del Campo de Marte. Durante algún tiempo el sacrificio quedó relegado hasta que, cuando de nuevo surgieron adversidades, Octaviano Augusto restauró la ceremonia.

Juegos Tarentinos

Ver, Prosérpina, Fiestas romanas.

Juegos Tarpeyos

Juegos que se celebraban en Roma en honor de Júpiter Tarpeyo.

Juegos temáticos

En el mundo romano, juegos locales creados libremente por cualquier ciudad, en los que los vencedores reciben una prima (thema, de donde viene su nombre de juegos temáticos). Eran apreciados por el público y frecuentados por atletas afamados. Ver, Fiestas romanas.

Jueves

Día consagrado al planeta de Júpiter. Los atenienses lo contaban entre los días aciagos, y esta superstición, hizo diferir, largo tiempo, las asambleas que debían celebrarse en este día. Ver, Iovis dies, Calendario romano, Calendario italogriego primitivo.

Juez

La justicia en Roma tenía un doble recurso al juez legal (magistrado) y al juez árbitro (judex o juez jurado). El primero se limitaba a decir la ley, el segundo a decidir sobre su aplicación en el caso que le era sometido por el magistrado. Ver, Judicial (procedimiento romano).

Jufu

Khéope ((siglo XXVI a.C.). Faraón (ca.2.547-2.524) del Imperio Antiguo y de la Dinastía IV (2.613-2.494). También conocido como ….). Es la abreviatura de Cnum Jufui, "Cnum me protege".

Juga

Nombre que se daba a Juno como presidenta de los matrimonios. Este nombre viene de jugum, aludiendo al yugo que se ponen en efecto los dos esposos en la ceremonia de las bodas, o porque el matrimonio les ponía bajo el mismo yugo.

Jugalis

La misma acepción que Juga (nombre que se daba a Juno como ….).

Jugalius Vicus

Calle de Roma, donde Juno Juga tenía un altar.

Juganitus

Dios romano que tutelaba las cimas (juga) de los montes. Uno de los dioses indigetes. Ver, Jugatino.

Jugario

Barrio de Roma que recibe el nombre de la calle de los Yugos, que desembocaba en el Foro.

Jugatina

La misma acepción que Juga (nombre que se daba a Juno como ….).

Jugatino

Los romanos tenían dos dioses de este nombre, uno de los cuales presidía los matrimonios, y el otro en las cimas de los montes. Ver, Juga, Juganitus.

Jugera

Iugera (medida agraria oficial romana, representada por un rectángulo de 28.800 pies cuadrados, es decir, 240 pies de largo por 120 de ancho, igual a 2.523,34 m2. La centuria ….).

Jugum Celebandicum

Celebandicum promontorium (promontorio de la Tarraconense citado por Avieno).

Jugures

Tártaros que no reconocen más que un dios, pero que veneran las imágenes de sus padres y de los grandes hombres.

Jugurta

o Yugurta (Jugurtha) (ca.150-104 a.C.). Rey de Numidia, hijo ilegítimo de Mastanabal, el hijo menor de Masinisa, y nieto de este. Jugurta perdió muy joven a su padre y fue criado por su tío, el rey Micipsa, junto con los hijos de este, Adherbal y Hiempsal. Jugurta sirvió en el ejército romano en el 133 en el asedio de Numancia, en Hispania, bajo el mando de Escipión Emiliano, el protector de la realeza númida, impresionando de tal modo a los romanos que Escipión aconsejó a Micipsa que lo adoptara. Tras la muerte de Micipsa, en el 118, Jugurta heredó un tercio del reino junto con sus hermanos, pero al oponerse estos al acuerdo, mató a Hiempsal y declaró la guerra a Adherbal. Adherbal fue derrotado y huyó a Roma, donde solicitó la ayuda del Senado. El comisionado romano Lucio Opimio dividió Numidia en dos partes y concedió a Jugurta la parte occidental más pobre. Pero este no quedó satisfecho y en el 121 atacó de nuevo a Adherbal, asediándolo en Cirta (Constantine). A pesar de las dos embajadas enviadas por el Senado, una de ellas dirigida por su presidente, M. Emilio Escauro, Jugurta perseveró en el asedio, y al tomar la ciudad asesinó a Adherbal y a unos cuantos residentes itálicos que habían ayudado a defenderla. El pueblo romano, instigado por Gayo Memmio, se escandalizó por la acción de Jugurta, y el Senado decidió intervenir. Al año siguiente (111) se envió un ejército bajo el mando del inútil L. Calpurnio Bestia, quien, persuadido o sobornado por los amigos romanos de Jugurta, concertó una paz con este que fue rechazada por el Senado. En la confusión que siguió, Jugurta fue invitado a Roma, bajo salvoconducto, para que revelara quiénes eran sus partidarios, pero se evitó que hablara ante la Asamblea mediante el interdicto del tribuno C. Bebio. Jugurta regresó a su casa después de organizar por mediación de Bomílcar el asesinato de Massiba, su primo y rival al trono de Numidia, refugiado por entonces en Roma. Se reanudó la guerra y se envió un gran ejército bajo el mando del cónsul del 110, Sp. Postumio Albino, que permitió que su hermano Aulo dirigiera una desastrosa campaña invernal: el ejército fue derrotado y obligado a pasar bajo el yugo. El escándalo en Roma obligó a la creación de una comisión bajo la dirección de Mamilio para investigar la corrupción entre los nobles, y al envío de un nuevo ejército bajo el mando del nuevo cónsul, Q. Cecilio Metelo, quien obtuvo éxitos militares sobre Jugurta, pero no pudo asestarle el golpe definitivo. Gayo Mario utilizó su reputación, ganada como legado mayor en la campaña de Metelo, para obtener el consulado del 107, y tras hacer accesible el servicio militar a las clases más humildes de ciudadanos, llevó un nuevo ejército a Numidia, pero fracasó en ganar la guerra. Esta acabó en el 105, cuando Lucio Cornelio Sila persuadió al suegro de Jugurta, Bocco, rey de Mauritania y suegro suyo, para que lo entregara a cambio del título de "amigo del pueblo romano". Jugurta fue mostrado en el inmerecido desfile triunfal de Mario y más tarde ejecutado el 1 de enero del 104. El resultado principal de esta guerra fue su efecto sobre la política romana y la evolución del ejército romano, destinado a convertirse en una fuerza política, más que algún cambio en la escena en África. Salustio ha relatado la historia de esta guerra en su obra, La guerra de Yugurta (Bellum Jugurthinum). Ver, Ley Mamilia.

Juicio de los muertos

La religiosidad egipcia consideraba que los hombres, tras su muerte, eran juzgados por los dioses en el Más Allá por su conducta en la vida terrena. Era comúnmente admitido que todos los muertos sufrían un juicio tras su óbito ante el Tribunal de Osiris. El hombre comparecía en el llamado "Juicio de Osiris", donde no podía ocultar ningún hecho de su vida y donde se sopesaban sus obras. En la escena central, una gran balanza que contiene en un platillo el corazón del difunto y en el otro la pluma de Maat (la Verdad y la Justicia). Su titular, sentado en su trono, junto con Anubis, que introducía al difunto y manejaba la balanza, y Thot que escribía, y en presencia del cortejo de los 42 dioses justicieros del Amentet que interrogaban, procedía al pesaje de las buenas y malas acciones realizadas por el muerto durante su vida terrena y que se hallaban en su corazón. Tras ello, Anubis constata que los dos platillos están en perfecto equilibrio, mientras que Thot registra el resultado sobre una tablilla y declara "justo de voz" al difunto. Si las malas acciones habían sido más numerosas que las buenas el difunto era entregado a la fiera Ammit; si sus acciones buenas superaban a las malas pasaba, como ser justificado, al cortejo de los bienaventurados, y si sus acciones buenas habían igualado a las malas, el difunto debía pasar a servir a Sokar-Osiris. En la escena, además de los personajes citados, se hallan también los cuatro hijos de Horus, de pie, sobre una flor de loto, así como el monstruo Ammit, "devorador de la muerte", extraño animal con cabeza de cocodrilo, cuerpo y patas delanteras de león (a veces de leona o de perra) y traseros de hipopótamo. Este juicio aparece en el capítulo 125 del Libro de los muertos, el cual constituía un código pseudomágico, considerado un medio valiosisimo e imprescindible por los fieles para alcanzar la salvación. La escena del Juicio o "Peso de las palabras" nos es conocida en sus aspectos principales gracias a las viñetas que acompañan al texto de este importante Capítulo. También se representa el alma del difunto en forma corpórea, bien en el momento de acceder a la Sala del Juicio, bien después de haber sido justificado, acompañado o no de dioses o familiares. También existían ciertas normas, como las recogidas en los Aleccionamientos o "Instrucciones para el rey Merikare", de carácter ético, para defenderse en este juicio. Las múltiples alusiones al mismo, ya en época griega y romana, hacen suponer su influencia en la religión y en el pensamiento clásico. El juicio de los muertos egipcio, sin duda conocido por Platón, influyó en el juicio expuesto por este autor en su diálogo Gorgias. Han llegado numerosísimas representaciones de esta escena del "pesaje del alma" de los muertos.

Juicio Final

Los turcos admiten, como los cristianos, dos especies de juicios, el que se hace después de la muerte, o particular, y el juicio universal. Hay, sin embargo una diferencia entre ellos, acerca del juicio particular. "Dios, dice la Sunna, no se toma la pena de presidirlo, y da su comisión a los ministros de sus voluntades. Al instante que se pone el cuerpo en el sepulcro, dos ángeles terribles, Moukir y Nakir, le examinan su fe, sus obras, etc. y le castigan cruelmente, sino responde a este temible examen". En cuanto al alma, un ángel de la muerte viene a recibirla al salir del cuerpo, con el mayor agrado si ha animado el cuerpo de un verdadero creyente, y con mucha aspereza si es de un infiel. Distinguen tres clases de fieles musulmanes: los profetas, cuyas almas son conducidas en triunfo a la morada de los bienaventurados por los otros ángeles que tienen este encargo; los mártires que van a reposar sobre el lomo de ciertos animales verdes, que se alimentan de los frutos del árbol de la vida; en fin, en la tercera clase se encuentran las almas de aquellos sobre cuyo estado están divididos los sentimientos. "El juicio final, dicen, se celebrará al fin de los siglos, después de la resurrección general, sea de hombres, sea de animales, cuando la trompeta les haya reunido desde las extremidades de la tierra: esperarán cincuenta mil años en el valle de Siria, hasta que sea del agrado de Dios, de decidir su suerte. Durante este tiempo los miembros de los buenos musulmanes, que habrán tenido buen cuidado de lavarse bien antes de la oración, brillarán con la gloria; pero los infieles estarán prosternados en tierra, mudos sordos y ciegos: sus partes sexuales serán negras y deformes. Cuando llegue el fatal momento, el examen de cada hombre no durará más del tiempo necesario para ordeñar una oveja o dos camellas. El ángel Gabriel sostendrá la balanza donde se pesarán las acciones de los hombres: será de una magnitud tan prodigiosa que en sus platillos, de los cuales uno colgará sobre el paraíso y el otro sobre el infierno, podrán caber los cielos y la tierra. Después que los brutos sean juzgados, y que Dios les haya permitido vengarse los unos de los otros, volverán al polvo". Los antiguos persas admitían una especie de juicio universal al fin del mundo, y sus ideas acerca de este punto tenían mucha semejanza con las del cristianismo. Decían que Ormuz o el Ser Supremo, después de haber permitido a Arimán o el demonio, atormentar a los hombres por cierto tiempo, destruiría el universo, y llamaría a todos los hombres a la vida; que los buenos recibirían la recompensa de sus virtudes y los malvados la pena de sus crímenes, y que dos ángeles encargados de ello presidirían el suplicio de estos últimos. Pensaban que los malvados serían admitidos en la compañía de los buenos, después de haber expiado sus crímenes por cierto tiempo; pero que para ser distinguidos llevarían en la frente una marca negra y estarían a mayor distancia que los otros del Ser Supremo. Según los parsis, las almas, al salir del cuerpo, están obligadas, para trasladarse al otro mundo, a pasar por un torrente cuyas aguas son negras y frías, extendido sobre la espalda de la gehena; éstos son los términos que usa un árabe al hablar de este puente: "En uno de sus extremos hay dos ángeles apostados, que esperan a las almas a su paso para juzgarlas. Uno de ellos tiene en la mano una balanza destinada a pesar las obras de todos los que se presentan. Cuando tales obras se encuentran demasiado ligeras, el ángel examinador da cuenta a Dios, que condena al desgraciado a ser precipitado al torrente, sentencia que se ejecuta inmediatamente. Aquellos cuyas obras tienen en la balanza un peso correspondiente, tienen libertad de pasar el puente para llegar a la morada de las delicias que ha destinado el Ser Supremo para los virtuosos".

Jukhneh

o Benjukhner. Ave de una magnitud increíble, que los rabinos dicen estaba destinada a servir al festín de los elegidos al fin del mundo. Esta ave es tan inmensa que si extiende las alas, ofusca el aire y el sol. "Cayendo un día, dicen, un huevo podrido de su nido, dobló y rompió trescientos cedros del Líbano; y habiéndose en fin roto el huevo con el golpe de su caída, arruinó cincuenta villas grandes, las inundó y se las llevó como pudiera hacerlo un diluvio". Ver, Behemoth, Leviatán, Mesías.

Julfar

Área histórica que hoy es uno de los siete Emiratos que conforman Emiratos Árabes Unidos (EAU). Su nombre en inglés significa "parte superior de la tienda". La ciudad de Ras Al Khaimah (RAK), capital del emirato, tiene dos áreas principales: la Ciudad Vieja y Nakheel, a ambos lados de un arroyo que alberga manglares y está enmarcada por las montañas Hajar del noroeste. Ras Al Khaimah ha sido asentamiento humano continuo durante 7.000 años y hay muchos sitios históricos y arqueológicos a lo largo del emirato, las fuentes locales citan 1.000, que datan de diferentes períodos de tiempo, incluidos los restos de la Cultura Umm Al Nar (III milenio a.C.). El área de Shimal contiene los entierros de Umm Al Nar y Wadi Sug y una serie de hallazgos notables, incluida una tumba que contenía no menos de 18 puntas de flecha de bronce fino. Las tumbas de la era de Wadi Suq se encontraron en Seih Al Harf, en el Emirato, en octubre de 2.012. Ras Al Khaimah a menudo se considera el área histórica de Julfar y se dice que fue fundada por armenios que escaparon de Persia durante la invasión de los mongoles. Sin embargo, la evidencia arqueológica ha demostrado que el asentamiento conocido como Julfar cambió de ubicación con el tiempo a medida que los canales del puerto se llenaban de sedimentos. Las excavaciones de gran tamaño que revelaron restos de una fortificación de la era sasánida, indican que Julfar se encontraba al norte de la actual ciudad de Ras Al Khaimah, no muy lejos de otros sitios de interés histórico y arqueológico como el de Sheba. Hoy, Ras Al Khaimah, Emiratos Arabes Unidos.

Julia

Gens. Nombre de una ilustre familia, de una de las 300 "gentes" o clanes de Roma. Se creían descendientes de Iulo (Ascanio), hijo de Eneas y nieto de Venus y Anquises, héroe troyano. Su miembro más ilustre fue Cayo Julio César (100-44 a.C.). También pertenecieron a esta gens los emperadores Maximino (235-238), Estrabón (siglo I) y el escritor Sexto Julio Africano (siglo III). Entre las mujeres figuran Julia (82-54 a.C.), hija de César y mujer de Pompeyo y la hija de Augusto. Se conservan algunas medallas de esta familia que tienen en el reverso un Eneas llevando a Anquises en el brazo izquierdo, teniendo con la mano derecha el Paladio y caminando aceleradamente.

Julia

(santa). Mártir en el 439. Fiesta el 22 de Mayo

Julia

(3-43). Hija de Druso César, hijo de Tiberio, y de Livila (hija de Druso y hermana de Claudio). Nacida en el año 3, en el 20 contrajo matrimonio con Nerón Germánico, muerto más tarde en el destierro. Casó de nuevo en 33 con Rubelio Blando, y diez años después murió por intrigas de Mesalina.

Julia

Nombre latino del río Gail, en el sur de Austria. Fluye de oeste a este, al norte de la frontera con Italia y Eslovenia. Tras un recorrido de 122 km, desemboca en el río Drave cerca de Villach.

Julia

(siglo III). Mártir. Venerada en la ciudad francesa de Troyes. Su fiesta se celebra el 21 de julio.

Julia

(siglo II a.C.). Esposa de Gayo Mario, con quien se casó en el 113 a.C. Tuvo un hijo con él, Gayo Mario. Su discurso funerario fue pronunciado por su sobrino Julio César.

Julia

Sobrenombre de Juno. Tenía en Roma una capilla bajo este nombre.

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