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Palabra   |   Descripción

Juncaria

Una de las ciudades de la tribu ibera de los indigetes. Hoy, La Junquera, provincia de Girona, comunidad autónoma de Cataluña, España.

Juncaris Campus

Ver, Indigetes (pueblo ibero establecido en la provincia de Gerona, en el extremo nordeste de la península Ibérica).

Junia Calvina

(Iunia Calvina) (siglo I). Hija de Marco Junio Silano Torcuato. En el 48, su marido, Vitelio, la acusó de cometer incesto con su hermano Lucio, por lo que fue desterrada de Italia en el 49. Nerón la trajo de vuelta tras la muerte de su madre, Agripina, de quien se decía que había alentado el incesto de su hija.

Junia Tosquata

Vestal de una virtud digna de los tiempos antiguos, dice Tácito. Fue honrada después de su muerte con un monumento público, en el cual se califica de celestial patrona.

Junio Albino

(D. lunius Albinus) (84-43 a.C,). Sirvió en la Galia a las órdenes de César, en cuya conjuración tomó parte. A la muerte de éste luchó contra Antonio, defendiendo la ciudad de Mutina. Quiso entonces reunirse con Junio Bruto, el asesino de César, pero fue abandonado por sus tropas y ejecutado.

Junio Bruto

(Decimus lunius Brutus Galaicus) (siglo II a.C.). Cónsul en el año 138 a.C., gobernó en Hispania, donde repartió tierras a los partidarios desarmados de Viriato, luchando contra el bandolerismo. En el 137, como procónsul, venció a los galaicos y brácaros, de donde tomó el cognomen, pacificando la región; tres años después, sus éxitos militares le valieron un triunfo. En Roma mandó construir un templo de Marte en el Campo de Marte. En el 129 llevó a cabo una exitosa campaña como legado en Iliria. En el 121 apoyó al cónsul L. Opimio contra los seguidores de C. Graco. Bruto era un hombre culto, gran orador y amigo de algunos poetas, como Accio, Su hijo D. Junio Bruto llegó a ser cónsul en el año 77.

Junio Bruto

(M. Iunius Brutus) (siglo I a.C.). Siendo tribuno de la plebe fundó una colonia romana en Capua, a lo que Cicerón se opuso con dureza (83 a.C,). En la guerra civil tomó partido por la causa de Mario, combatiendo en la Galia Cisalpina (77). Tuvo que entregar Mutina a Pompeyo, a cambio de que éste permitiera la retirada de los efectivos. Poco después (77) era asesinado por un siervo de Pompeyo. Bruto era un hombre culto, versado en derecho.

Junio Bruto

(D. lunius Brutus Albinus) (81-43 a.C.). Hijo de M. Iunius Brutus, el tribuno de la plebe que fundó una colonia en Capua. Fue llamado Albinus porque había sido adoptado por A. Postumio Albino. Debió nacer en torno al año 81. Su primera empresa destacada tuvo lugar al derrotar la flota de los vénetos, en la Galia, a las órdenes de César (56). Más tarde (52) combatió contra Vercingétorix, en las proximidades de Alesia. En el 51 o 50 fue nombrado cuestor. Durante las guerras civiles mandó con éxito como legado la flota de César en Massalia (49); también logró reprimir una sublevación. Esas acciones le valieron varios honores concedidos por el propio César. Poco después fue nombrado gobernador de la Galia Comata (48-46) y posteriormente de la Galia Cisalpina (44). Sin embargo, a pesar de este pasado, tomó parte este mismo año en la conjura contra el dictador, persuadido de que el bien de la República exigía su desaparición. Muerto César, regresó a su provincia de la Cisalpina, que pronto sería reclamada por Antonio. Esto provocó la indignación de Bruto, que reclutando a un ejército, y quizá animado por Cicerón, se dirigió hacia la ciudad de Mutina donde se hizo fuerte. Antonio le asedió en ella durante todo el invierno (bellum Mutinense). Pero aquí le sorprendió la muerte de Antonio (abril 43 a.C.). Entabló negociaciones con Octavio pero pronto tomó la determinación de reclutar un nuevo ejército y trasladarse a Macedonia, junto a M. Bruto. Sin embargo, seis de sus legiones se pasaron a Octavio y tuvo que darse a la fuga. Cuando se detuvo en Aquileya, refugiado en casa de Camilo, quien le delató y fue ejecutado.

Junio Bruto

Marco (M. Iunius Brutus) (86 -42 a.C.). Uno de los asesinos de César. Sobrino de M. Porcio Catón, que lo adoptó tras la temprana muerte de su padre. Comenzó su carrera política como magistrado monetario hacia el año 60. Casado con Claudia, viajó en el año 53, siendo cuestor, a Cilicia, en compañía de su suegro Ap. Claudio Pulcher, destacando al año siguiente por su pública oposición a Pompeyo. Sin embargo, al comenzar las guerras civiles, se unió al bando de los pompeyanos, pese a haber asesinado Pompeyo a su padre. Permaneció este año como legado en Cilicia, desplazándose más tarde hacia Macedonia, donde participó en la batalla de Farsalia (48). César, sin embargo, le perdonó acogiéndole en su partido. Tras permanecer nuevamente en Cilicia y en Italia (poseía bienes en Tusculum y Cumas), fue nombrado gobernador de la Galia Cisalpina (desde el 46 hasta marzo del 45). César no sólo le nombró pretor para el 44, sino que, según algunas fuentes, pensaba en él como cónsul para el 41. Sin embargo fue uno de los ejecutores del asesinato de César en los idus del 44, según se piensa, generalmente llevado de sus honestas convicciones políticas. Ligado por su apellido, según la tradición, al legendario L. Junio Bruto, quien liberó a Roma de la dominación del último de los Tarquinios y fundó la República, se consideró quizá obligado, al igual que su antepasado, a liberar a Roma de este nuevo tirano. Las fuentes relatan que César, en el momento de ver el rostro de su asesino exclamó: "Et tu, Brute!". En abril del 44, tras la conspiración, viajó hasta Atenas, y en el 43 a Creta. Tras haber recibido a comienzos del 43 el imperium maius del Senado, fue declarado enemigo público en noviembre de este año preparando en Macedonia, con la colaboración de Casio, la resistencia a los triunviros. Antonio y Octavio marcharon contra él en la batalla en Fllipos (noviembre del 42). Bruto decidió suicidarse un día después de concluir el combate, cuando ya lo había hecho Casio. Las fuentes, especialmente Cicerón, recuerdan también su actividad como escritor.

Junio Bruto

(L. Iunius Brutus) (siglo VI a.C.). Según la tradición expulsó a los Tarquinios de Roma e instauró la República romana, de la que fue el primer cónsul, lo que parece dudoso. También se narra que habiendo descubierto Bruto una conjura para reinstaurar la monarquía, condenó a muerte a sus protagonistas y presidió la ejecución.

Junio Otón

(Iunius Otho) (siglo I). Aunque era simplemente un paedagogus, un maestro de escuela, el favor de Sejano le permitió alcanzar la pretura en el año 22. Maestro en el arte de la sátira, es también autor de un libro de técnica retórica.

Junio Rústico

(siglo I). Tribuno de la plebe en 66, año de la condena a muerte de Trásea Peto. Pretor en 69 y cónsul sufecto en setiembre-diciembre del 92. En 93 fue condenado por el Senado y ejecutado.

Junio Rústico

Q. Junio Rústico (siglo II). Filósofo estoico. Fue, junto con Frontón, uno de los maestros más queridos por el emperador Marco Aurelio. Además de ser su asesor personal, le inició en el estudio de la filosofía estoica y le hizo aprender y estimar los Recuerdos de Epicteto. Era, más que un profesor de filosofía, un noble romano, estoico de corazón y de convicción. Marco Aurelio le nombró cónsul por segunda vez en el 162 y prefecto de Roma desde el 163 al 165.

Junio Silano

Décimo (siglo I a.C.). Ciudadano romano, segundo marido de Servilia, hermana de Catón; fue cuestor, edil, pretor en Asia, cónsul en 62 a.C., y después procónsul en Iliria.

Junio Silano

(M. Iunius Silanus) (ss. II-I a.C.). Siendo tribuno de la plebe en el 123 presentó una lex Iunia repetundarum. Posteriormente (ca.113-112) fue pretor en Hispania y alcanzó el consulado en el 109, con Q. Cecilio Metelo como colega. Mientras éste embarcaba para África, llevando a C. Mario como legado, Silano afrontó las peligrosas penetraciones de las tribus germanas de cimbrios y teutones desde la Galia. Los invasores reclamaron tierras dentro de las fronteras gálicas donde asentarse, pero Silano rechazó sus pretensiones presentando batalla en el valle del Ródano, donde fue derrotado.

Junio Silano

Marco (? -25). Distinguido orador romano, cónsul el año 18. Fue obligado por su yerno, el emperador Claudio, a darse la muerte el año 25.

Junio Silano

Marco (siglo VI a.C.). Ciudadano romano de la familia plebeya Junia, ascendiente de Décimo Junio Silano; fue propretor en España en 543 a.C., derrotó a los generales cartagineses Hannon y Magon en 539, y obligó a Masinia a pactar con los romanos.

Junio Silano

(D. Junios Silanus) (107-60 a.C.). Fue edil en 70, y pretor en 67 a.C.. Intervino en la sesión senatorial de 5 de diciembre del 63 contra Catilina y sus colaboradares, alcanzando el consulado en el año 62. En este mismo año promulgó con Licinio Murena la lex Licinia Junia sobre propuestas de ley. Es elogiado por Cicerón por su elocuencia. Estuvo casado con Servilia, madre de Junio Bruto, uno de los asesinos de César. Desde el 75 hasta su muerte fue pontífice.

Junio Silano

Marco (Marcus Iunius Silanus) (siglo I a.C.). Hijo de Décimo, el cónsul del 62. En el 44 apoyó al marido de su hermana, el futuro triunviro Lépido, pero en el 43 luchó a favor de Antonio en Mutina. Silano rompió con los triunviros para unirse a Sexto Pompeyo. En el 39 regresó a Roma y unió su suerte a la de Antonio, abandonándolo antes de la batalla de Accio en el 31. Silano desempeñó su consulado (19) como colega de Augusto y fue elevado al rango patricio.

Junio Silano

Lucio (25-49). Tataranieto de Augusto. En 41 fue prometido con Octavia, la hija menor de Claudio. Participó en la campaña de Britannia del año 43 y en el triunfo de Claudio del 44, recibiendo los ornamentos triunfales. En 48 fue pretor "inter cives et peregrinos". Agripina, por intermedio del censor Lucio Vitelio, lo acusó el 29 de diciembre del 48 de tratos con su hermana Junia Calvina, y en consecuencia fue expulsado del Senado, suicidándose el 1 de enero del 49.

Junio Silano

Gayo Apio (siglo I). Cónsul ordinario en el 28, llamado a Roma en 41 para contraer matrimonio con Domicia Lépida, la suegra de Claudio por su hija Mesalina. En el 42 cayó víctima de las intrigas de Mesalina y Narciso. Séneca le llama "suegro" de Claudio. El que Suetonio le llame "consuegro" no puede ser más que un error, a no ser que quiera referirse al parentesco que le habría unido con Claudio en caso de haber vivido hasta el matrimonio de su hijastro Fausto Comelio Sila con Antonia, hija de Claudio.

Junius

Nombre latino del mes de Junio, derivado de la diosa Juno. Los romanos pusieron este mes bajo la protección de Mercurio. Ver, Calendario romano, Calendario italogriego primitivo.

Juno

Los griegos la denominaban Hera. Los etimologistas latinos derivan su nombre de Juvans, favorable, como el de Júpiter, Juvans pater. En sus orígenes, era una divinidad homóloga de la etrusca Uni, personificaba el ciclo lunar. Juno existe entre los itálicos y en la religión etrusca. Esta diosa era hija de Saturno y Rea, hermana de Júpiter, y Neptuno, de Plutón, Ceres y Vesta. En su origen, y en la tradición romana, personifica el ciclo lunar y figura en la Tríada que fue honrada primero en el Quirinal y luego en el Capitolio, y que comprendía a Júpiter, Juno Regina y Minerva. Según Homero, fue alimentada por el Océano y Tetis, su mujer; según otros, por Eubea, Porsimna y Acrea, hijas del río Asterión. Otros dicen que las Horas tomaron su educación a su cargo. Júpiter se enamoró de su hermana Juno y la engañó bajo el disfraz de cuclillo. Se casó con ella y, según Diodoro, celebraron sus bodas en el territorio de los gnosios, cerca del río Terene, donde se veía en su tiempo un templo servido por los sacerdotes del país. Para hacer más solemnes sus bodas, Júpiter mandó a Mercurio que convidase a ellas a todos los dioses, todos los hombres y los animales. Todo el mundo asistió, excepto Quelonea, que por ello fue castigada (Ver, Quelone). Júpiter y Juno no vivieron mucho tiempo unidos, sino en eternas disputas y guerras. Juno reñía muy a menudo con Júpiter. Este la golpeaba, la maltrataba de todos modos, hasta colgarla un día con una cadena de oro entre el cielo y la tierra, y le puso un yunque en cada pie. Habiendo querido Vulcano, su hijo, librarle de aquel castigo, recibió un puntapié de Júpiter que le hizo caer del cielo a la tierra (Ver, Vulcano). La inclinación de Júpiter hacia las hermosas mortales causó repetidas veces a Juno crueles celos y enconados rencores. Pero los mitólogos añaden que la diosa daba algunas veces ocasión a la cólera de su marido, no sólo por su mal humor, sino también por sus intrigas amorosas que tuvo con el gigante Eurimedonte y con muchos otros. Ella conspiró también con Neptuno y Minerva para destronar a Júpiter, y le cargó de cadenas. Pero la nereida Tetis vino en el socorro de Júpiter con el formidable Briareo, cuya sola presencia detuvo los perniciosos designios de Juno y sus cómplices. Juno persiguió a todas las amantes de Júpiter, y todos los hijos que nacieron de ellas (Ver, Europa, Hércules, Io, Sémele). Se dice que aborrecía en general a las mujeres cortesanas, y por esto, añaden, Numa les prohibió a todas, sin excepción, que entrasen en los templos de Juno. La misma leyenda añade además que tenía cerca de Argos una fuente, en la cual se lavaba todos los años y se volvía virgen. Los autores están discordes sobre el número de hijos que tuvo Juno. Hesíodo le da cuatro, Hebe, Venus, Lucina y Vulcano. Otros añaden Marte y Tifón. Se alegorizan también estas generaciones diciendo que Juno concibió a Hebe comiendo lechugas; a Marte tocando una flor; aTifón haciendo salir de la tierra vapores que recibió en su seno (Ver, Arge, Hebe, Ilitia, Marte, Tifón, Vulcano). Como se daba a cada dios un atributo particular, a Juno le había tocado en parte, los imperios y las riquezas; todo lo ofreció a Paris si quería adjudicarle el premio de la hermosura. Se creía también que tomaba un cuidado particular de los atractivos y adornos de las mujeres, y por esto en sus estatuas se veían sus cabellos compuestos con mucha igualdad. Se decía como una especie de proverbio, que las peinadoras presentaban el espejo a Juno. Presidía los casamientos, las bodas y los partos (Ver, Juga, Lucina, Opígena, Pronuba). Presidía también la moneda, por lo que se llamó Juno Moneta, es decir, la "diosa que advierte", o "la que hace recordar", recibiendo un culto en la Ciudadela, el Arx (la cima nordeste del Capitolio). A Juno Moneta se atribuye la salvación de Roma cuando la invasión gala de 390 a.C.. Los gansos que se criaban en el recinto de su santuario dieron la voz de alerta y permitieron a Manlio Capitolino salvar la colina y rechazar a tiempo al enemigo. De todas las divinidades grecolatinas, no había una cuyo culto fuese más solemne y más extendido que el de Juno. La historia de los pretendidos prodigios que había hecho, y de las venganzas que había tomado de los que habían osado despreciarla, o compararse con ella, había inspirado tanto temor y respeto, que nada se olvidaba de lo que podía apaciguarla y halagarla, cuando alguno creían haberla ofendido. Su culto no estaba encerrado en Europa; había penetrado hasta Asia, sobre todo en Siria, Egipto y el imperio de Cartago. Por todas partes de Grecia Italia se encontraban templos, capillas o altares dedicados a esta diosa; y en los lugares considerables tenía muchos. Sin embargo, Argos, Samos y Cartago eran, podemos decir, el centro de su culto. Pausanias describe la Juno de Argos del siguiente modo: "Al entrar en su templo, se ve sobre un trono la estatua de esta diosa, de una magnitud extraordinaria, toda de oro y marfil. Tiene la cabeza ceñida por una corona, encima de la cual se ven las Gracias y las Horas. Trae una granada en una mano y un cetro en la otra, encima del cual hay un cuclillo". Todo esto alude a las fábulas descritas. En el templo de Argos se ve representada en mármol la historia de Cleobis y Bitón (Ver, Cleobis y Bitón). Juno fue representada al principio, en esta misma ciudad, sólo por una simple columna, porque todas las primeras estatuas de los dioses no fueron más que piedras informes. No había cosa más respetada en Grecia que las sacerdotisas de Juno en Argos, y su sacerdocio servía para marcar las principales épocas de la historia griega; estas sacerdotisas cuidaban de hacer coronas de cierta hierba que se criaba en el río Asterión, en cuya ribera se hallaba el templo; cubrían asimismo su altar de las mismas hierbas. El agua de que se servían para los sacrificios y los misterios secretos la sacaban de la fuente Eleuteria, que se hallaba no lejos del templo, y que tan sólo servía para este uso. Estacio, hablando de la Juno de Argos, dice que lanzaba el rayo, pero es el único de los antiguos que atribuía este poder a la diosa. La Juno del templo de Samos, se veía coronada, y era llamada por esto Juno reina. Por lo demás estaba cubierta de un gran velo desde la cabeza a los pies. (Ver, Admete, hija de Euristeo). La Juno de Lanuvio, en Italia, estaba representada de diferente modo: "Vuestra Juno tutelar de Lanuvio, decía Cotta a Velei, no se os presenta, ni aun en los sueños, sino con su piel de cabra, su jabalina, su escudito, y sus zapatillas encorvadas hacia delante" (Ver, Sospes). Juno era honrada también con otros epítetos: con el de Lucina preside los nacimientos "la que da a luz"; en esto recuerda a la Ártemis griega, más bien que a Hera (Ver sin embargo, en el nacimiento de Heracles, una conjura de Hera para retrasar el parto de Alcmena). No se debía asistir a las ofrendas que se hacían a Juno Lucina si no se llevaban todos los nudos sueltos, pues la presencia de un lazo, cinturón, nudo, etc., podía impedir el feliz alumbramiento de la mujer por la cual se ofrecía el sacrificio. De manera muy general, Juno era la protectora de las mujeres, y, más particularmente, de las que tenían un estatuto jurídico reconocido en la ciudad, es decir, las mujeres casadas legítimamente; de las bodas y los partos, como atestiguan sus otros epítetos: Juno Lucina, "la que da a luz"; Juno Caprotina, diosa de la fecundidad; Juno Pronuba, diosa del matrimonio; Juno Moneta, diosa de los buenos consejos; Juno Sospita, la compasiva; Juno Caelestis, la Astarté de Cartago.Se celebraba en su honor la fiesta de las Matronalia, el dia de las Calendas de Marzo (1 de marzo). La fecha de esta fiesta se explicaba de diversas maneras: ora era considerada como el aniversario de Marte, el dios de la guerra (el Ares griego, hijo de Hera), hijo de Juno, ora como el aniversario de la paz restablecida entre romanos y sabinos. Esta última ocasión recordaba el papel que desempeñaron las mujeres sabinas al interponerse entre sus padres y sus nuevos maridos, restaurando con ello la concordia entre los dos pueblos (Ver, Matronalia). Del mismo modo que todo hombre tenía su Genius, toda mujer tenía su Juno, verdadero "doble" divino que personificaba su feminidad y la protegía. Las propias diosas tenían su Juno. Las inscripciones mencionan una Juno Deae Diae, una Juno de la diosa Virtus, etc.. Finalmente, Juno representa un papel en la leyenda de los Horacios. En su calidad de Juno Sororia, protectora de la hermana de Horacio, éste hubo de ofrecerle un sacrificio de purificación después del homicidio. Por lo regular se representa a Juno bajo la forma de una majestuosa matrona, con el cetro en la mano algunas veces, y ceñida su cabeza de una corona radiante; tiene cerca de ella un pavo real, su ave favorita que no se encuentra jamás con otra diosa. Le estaban tambien consagrados el gavilán y el ansarón, y acompañaban alguna vez su estatua. Los egipcios le habían consagrado el buitre. No se le sacrificaban vacas, porque durante la guerra de los gigantes contra los dioses, Juno se había ocultado en Egipto bajo la forma de vaca. El fresnillo, la amapola y la granada eran las plantas que por lo común le ofrecían las Gracias, y con que se adornaban sus altares y sus imágenes. Su víctima más ordinaria era la oveja; sin embargo, todos los primeros días del mes se le ofrecía una marrana. Se le daban diferentes sobrenombres, de los cuales los unos eran locales, y los otros tomados de alguna cualidad o de algún atributo. Ver, Horacios.

Junonia

Ciudad de Juno. Nombre que dio Cayo Graco a Cartago, cuando mandó reedificarla y poblarla, cerca de cien años antes que Virgilio escribiese la Eneida. Así este gran poeta, no hizo más que seguir una tradición ya recibida.

Junonia Avis

El pavo real, ave consagrada a Juno en Roma, establecida con ocasión de ciertos prodigios; lo que dio lugar a que los pontífices mandasen que veintisiete doncellas, divididas en tres bandas, irían por la ciudad cantando un himno compuesto por el poeta Livio.

Junonígena

Uno de los epítetos de Vulcano, hijo de Juno.

Junonio

Uno de los sobrenombres de Jano, por haber introducido en Italia el culto de Juno, lo que hizo que se le considerase hijo de esta diosa; y porque presidia todos los principios de mes, cuyas calendas estaban consagradas a Juno.

Junos

Genios de las mujeres. Cada una tenía su Juno, como cada hombre su genio; las mujeres juraban por ellas como los hombres por ellos.

Junua

Genua (asentamiento de los ligures fundado en el siglo V a.C.).

Junus

Uno de los sobrenombres del dios Pan.

Júpiter

"dios del día" (Dies Pater, el Padre Día), es el dios romano asimilado al Zeus griego. Es el gran dios por excelencia del panteón romano. Hijo de Saturno y de Rea, esposo de Juno. Aparece como la divinidad del cielo, de la luz diurna, del tiempo atmosférico y del rayo y el trueno. En sus orígenes, divinidad homóloga de la etrusca Tinia. En Roma reina en el Capitolio, especialmente consagrado a él, y en particular en su cumbre sudoriental (el Capitolium propiamente dicho). Virgilio cuenta que, en tiempos remotos, este lugar estaba cubierto de robles, árbol consagrado principalmente a Júpiter, y que los pastores percibían confusamente en estas peñas la presencia de un dios. Sin embargo, antes del predominio de Roma, el culto principal de la confederación latina era tributado a Júpiter "Lacial", cuyo santuario se levantaba no en Roma, sino en la cima del actual monte Cavo, una montaña cubierta de bosque que domina el sistema de los lagos albanos (lago de Nemi y lago de Albano). El Júpiter capitolino es, en buena parte, el heredero de ese otro Júpiter más antiguo, dios supremo de la Confederación de las ciudades latinas (Ver, Latino). En el Capitolio romano, Júpiter tenía varios cultos. El más célebre, el de Júpiter Óptimo Máximo, culto que terminó eclipsando a los demás, no es el más antiguo. Fue trasladado, en fecha relativamente tardía, del Quirinal al Capitolio, junto con las otras dos divinidades de la Tríada, Juno y Minerva. Anteriormente había en el Capitolio un santuario de Júpiter Feretrio, atribuido a Rómulo, donde se consagraban los "despojos ópimos", es decir, las armas de cualquier jefe enemigo muerto en combate por el jefe romano. El templo de Júpiter Feretrio pasaba por ser uno de los más antiguos, si no el más antiguo, de Roma. Se dice que Rómulo fue el primero en consagrar en él despojos "ópimos": los del rey Acrón. Después se ha conservado el recuerdo de una segunda consagración, la de los despojos del rey de Veyes, Tolumnio, que hizo A. Cornelio Coso en el 426 a.C.. También se atribuye a Rómulo la fundación de otro santuario de Júpiter en el que el dios era invocado con el epíteto de Stator. Se explicaba este nombre por una leyenda de forma histórica. En la batalla que enfrentó a los romanos de Rómulo con los sabinos, cuyas mujeres acababan de ser robadas, los últimos llevaban la ventaja y rechazaban a los romanos a través del Foro. Entonces Rómulo, levantando al cielo sus armas, prometió a Júpiter erigirle un templo en el mismo lugar donde se encontraba, si detenía al enemigo. Éste empezó en seguida a retroceder y fue finalmente expulsado. Rómulo cumplió su promesa. El templo de Júpiter Stator (qui sistit, "que detiene") se levantaba al pie del Palatino, en el sitio donde más tarde había de construirse el arco de Tito. Una leyenda análoga es referida a una fecha más reciente, según la cual M. Atilio Régulo habría formulado un voto similar al que se atribuye a Rómulo en el curso de un combate contra los samnitas, fechado en el 294 a.C.. Como dios del rayo, Júpiter es invocado con el epíteto de Elicius (del verbo elicere, "atraer"). Es el que atrae el rayo del cielo y, sobre todo, el que permite al hechicero hacerlo descender. La introducción de este culto se atribuye a Numa, el rey mago. Con el desarrollo y afianzamiento de la estructura política de la ciudad romana, Júpiter fue adquiriendo una categoría cada vez más importante en la religión de Roma. Aparece como el poder supremo, el "presidente" del consejo de los dioses (los Dii Consentes), aquel de quien emana toda autoridad. Es posible que esta concepción, que debe mucho al hecho de su asimilación a Zeus, haya sido influida en su origen por ideas religiosas etruscas. Esta supremacía de Júpiter se revela en el rango atribuido a su sacerdote, el Flamen Dialis, el más importante del Colegio de los Flámines, cuya esposa es flamínica de Juno. El matrimonio del flamen y su mujer simboliza la unión de la pareja divina; debe celebrarse de la manera más solemne y no puede ser disuelto por el divorcio. Colmado de honores, el Flamen Dialis queda atado por una serie de prohibiciones muy complejas que demuestran la antigüedad de su función. Como dios del Capitolio, Júpiter es, durante la República, la divinidad a la que el cónsul, al comenzar su mandato, dirige en primer lugar sus oraciones. Los vencedores, en procesión solemne, le ofrendan su corona triunfal y le consagran las víctimas rituales (toros blancos). Júpiter es el garante de la fidelidad a los tratados; preside las relaciones internacionales por mediación del colegio de los Feciales. Cada vez son menos sensibles, en la concepción que de él va formandose, sus antiquísimas atribuciones "meteorológicas", cuyo recuerdo subsiste sólo por algunas expresiones, tales como sub dio, "al aire libre", etc.. Durante el Imperio, los emperadores gustan de ponerse bajo la protección de Júpiter. Los hay incluso que intentan pasar por encarnación suya. Por ejemplo, Augusto, el primer emperador, pretendia tener sueños enviados directamente por el dios, y se complacía en contar cómo había sido milagrosamente salvado de un rayo cuando la guerra que libraba en España contra los cántabros: el joven esclavo que iba delante de su litera con una antorcha en la mano había sido muerto, mientras él, en el interior de la misma, había salido indemne. Augusto, agradecido, mandó levantar en el Capitolio un templo a Júpiter Tonante. Más tarde, Calígula se apropió los dos sobrenombres de Júpiter Capitolino, Optimus Maximus, y comunicó su palacio del Palatino, por medio de un paso directo, con el santuario capitolino del dios. En todas las ciudades de las provincias, la primera preocupación de los arquitectos romanos era erigir un Capitolio semejante al de Roma, donde era instalada la Tríada, que tenía en el centro a Júpiter. Así, el dios representaba el lazo político entre la metrópoli, Roma, y las ciudades hijas que eran su reducida imagen.

Júpiter Agrotis

Dagón (dios de Azoth).

Júpiter Amón

o Hammo Iuppiter. Advocación de Júpiter como dios de Libia.

Júpiter Anxurus

Epíteto de Júpiter, utilizado entre los volscos.

Júpiter Arcano

Epíteto de Júpiter, utilizado en la ciudad de Preneste.

Júpiter Capitolino

Epíteto de Júpiter derivado de tener el templo más grande sobre el Capitolio.

Júpiter Fulgor

"Iuppiter Fulgor aut Fulminator". Epíteto de Júpiter como dios de los rayos.

Júpiter Heliopolitano

Epíteto de Júpiter, utilizado con la expansión del Imperio.

Júpiter Imperator

Epíteto de Júpiter.

Júpiter Indigetes

Epíteto de Júpiter, utilizado en la ciudad de Lavinio.

Júpiter Lucentius

"Iuppiter Lucentius" "dios de la Luz". Epíteto de Júpiter.

Júpiter Mayor

Epíteto de Júpiter, utilizado en la ciudad de Túsculo.

Júpiter Óptimo Máximo

"Iuppiter 0ptimus Maximus" "dios supremo protector de la ciudad y del Estado". Epíteto de Júpiter. Ver, Ludi Romani.

Júpiter Pluvius

"Iuppiter Pluvius". Epíteto de Júpiter como dios de la lluvia.

Júpiter Praedator

Epíteto de Júpiter, frecuentemente usado por los soldados.

Júpiter Tonans

Júpiter Tonante (epíteto de Júpiter entre los romanos, como dios del trueno, del rayo y del relámpago).

Júpiter Tonante

Júpiter Tonans. Epíteto de Júpiter entre los romanos, como dios del trueno, del rayo y del relámpago.

Júpiter Triumphalis

Epíteto de Júpiter.

Júpiter Victor

Epíteto de Júpiter.

Jur

Uno de los principales lugartenientes de Moisés después del Éxodo. En una batalla contra los amalecitas, el triunfo de los israelitas dependía de que Moisés consiguiera mantener alzados los brazos. Cuando comenzó a cansarse, Jur y Aarón fueron los encargados de sostenérselos.

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