Cinna
Lucio Cornelio (Lucius Cornelius Cinna) (ss. II-l a.C.). Célebre político romano, hijo de Lucio Cornelio Cinna, el cónsul del 127. Su carrera política es conocida sólo a partir de su pretura (90). Durante las guerras sociales fue legado (89 y 88) luchando junto a Q. Cecilio Metelo Pio, contra los marsos. Sila, que había ocupado Roma recientemente con su ejército, no pudo impedir que, para el año 87, fuese elegido cónsul, en compañía de su colega y enemigo Cneo Octavio. Sila se limitó a exigir a los cónsules, mediante solemne juramento, el respeto a las nuevas leyes. Cinna no se consideró obligado a respetar el juramento y la situación política volvió a centrarse en la concesión de derechos civiles a los itálicos. El cónsul resucitó la propuesta de reparto de los nuevos ciudadanos en todas las tribus y exigió la concesión de una amnistía para los exilados. Su colega Octavio, apoyado por la mayoría senatorial, expulsó a Cinna de Roma y le desposeyó de su magistratura. No puede reprocharse a Cinna que intentara defenderse con los mismos procedimientos poco antes utilizados por Sila. Una de sus legiones aún asediaba Nola y se decidió a seguirle en su marcha sobre Roma, a cambio de ventajas materiales. Las fuerzas de Cinna pronto crecieron con el apoyo de las comunidades itálicas, cuyas reivindicaciones había apoyado; los exilados por Sila también secundaron el movimiento, entre ellos Mario, que reclutó en Etruria una legión. Roma hubo de rendirse a los ejércitos de Mario y Cinna, que entraron en la ciudad a finales del 87. La entrada de Mario y Cinna en Roma estuvo acompañada de una sanguinaria revancha, en la que cayeron destacados miembros de la nobilitas, entre ellos, el cónsul Octavio. Mario y Cinna se hicieron elegir cónsules para el año 86, pero la muerte del viejo general demócrata, poco después, dejó a Cinna como único beneficiario de una herencia política conquistada por la fuerza. Durante tres años (86-84), Cinna, investido ininterrumpidamente como cónsul, intentó consolidar su posición con iniciativas económicas que contentaran a los grupos heterogéneos a los que debía su poder. Su gobierno es presentado por la historiografía como autocrático y revolucionario (tyrannus se lee en Salustio) considerándose que interrumpió la continuidad legítima en el ejercicio del poder. Sin embargo no es difícil reconocer bajo su gobierno también muchos rasgos positivos. Cinna hizo gala de una política moderada tratando incluso de atraerse al Senado o, al menos, de no enemistarse con él; dicho programa conllevó la suspensión para los itálicos de la igualación de derechos ciudadanos al que el Senado se había opuesto. También se conocen algunas medidas de Cinna en materia económica, tendentes en general a satisfacer al ordo de los senadores y caballeros: en el año 86, L. Valerio Flaco, colega de Cinna en el consulado, logró aprobar una ley para revitalizar el movimiento de numerario y el tráfico comercial por el que se condonaba las 3/4 partes de las deudas. Por otra parte, para compensar a los acreedores de esta medida, se establecieron medidas de control sobre la calidad y estabilidad de la moneda, fijando una relación estable entre la plata y el bronce, objeto en aquella época de numerosas falsificaciones. El asesinato del pretor Sempronio Aselión, a manos de acreedores que no querían aceptar el intento de reducción de las deudas, es una buena prueba de la desastrosa coyuntura económica que estaba atravesando el estado romano. Incluso, con respecto a Sila, el gobierno de Cinna trató de ser prudente, dejando el camino abierto a un compromiso. Pero el precario edificio que Cinna pretendía levantar iba a desmoronarse ante la resuelta actitud de Sila, decidido a derrocar el régimen. La evolución de los acontecimientos en Oriente derrumbó las últimas esperanzas de un compromiso con Sila y obligó al gobierno de Cinna a planteanse la cuestión de la defensa de Italia. Muerto Valerio, Cinna se dio, para el año 84, como colega de consulado, a Cneo Papirio Carbón, quien imprimiría un mayor radicalismo al gobierno. Comenzaron a disponerse los efectivos bélicos. Cinna y Papirio encontraron serias dificultades en sus preparativos de defensa. Cuando Cinna, en Ancona, se preparaba a embarcar sus tropas para enfrentarse a Sila al otro lado del Adriático, un motín acabó con su vida. Papirio Carbón quedó como único cónsul el resto del año 84.

