Tragedia pretexta
Al lado del repertorio griego, cómico o trágico, los primeros poetas latinos trataron de fundar un teatro propiamente nacional, poniendo en escena a personajes romanos. Inventaron la tragedia "pretexta", así llamada porque sus héroes eran magistrados romanos, revestidos de su toga bordada de una faja de púrpura (toga praetexta). El asunto era apropiado a la historia nacional: la toma de una ciudad, un episodio célebre de las viejas crónicas, que de esta manera se encontraban igualadas a las aventuras de los héroes legendarios. Desde este punto de vista, el teatro trágico contribuyó ciertamente a reforzar el sentido del patriotismo, a darle una significación espiritual. Ante una tragedia pretexta, los espectadores comulgaban en un mismo ideal de grandeza y de gloria. Si es verdad que los héroes trágicos eran semidioses en el teatro griego, los héroes de la tragedia pretexta se beneficiaban de la misma divinización que les había valido sus hazañas. Este sentimiento era tan real que pudo verse, en el año 187 a.C., a un triunfador romano elevar un templo a Hércules Musageta (Hercules Musarurn); así el dios triunfador por excelencia, aquel a quien su virtud había abierto el cielo, era consagrado como compañero de las divinidades hijas de Memoria, dueñas de inmortalidad.

