Horacio Flaco
Quinto (Quintus Horatius Flaccus) (65-8 a.C.). Poeta latino nacido el 8 de diciembre del 65 en Venusia (Venosa), en Apulia, hijo de un liberto. Su padre, que fue un esclavo de origen itálico, posiblemente esclavizado durante las guerras civiles, era un pequeño propietario y recaudador de impuestos encargado de la recaudación del impuesto de subastas. Parece que tenía una cierta fortuna y decidió que la escuela local no era suficientemente buena para su hijo, a quien se llevó a Roma. Allí envió a Horacio a las mejores escuelas, incluida la de Orbilio, y lo protegió de las malas influencias actuando en persona como su paedagogus o escolta, una tarea realizada habitualmente por un esclavo. Pudo incluso permitirse enviar a su hijo a Atenas para completar su educación en filosofía y literatura griega. Estando Horacio en Atenas, estalló la guerra civil en el 44 entre los partidarios de Julio César y sus asesinos. Horacio se unió a estos últimos y se enroló como tribuno militar en el ejército de Bruto, que fue derrotado en Filipos en el 42. Como más tarde reconoció el propio Horacio, huyó del campo de batalla de forma vergonzosa, abandonando su escudo. El puesto de tribuno militar que había desempeñado estaba normalmente reservado a los hombres de rango ecuestre o a los jóvenes aspirantes al Senado, y la derrota le costó muy cara a Horacio: la granja en Apulia fue confiscada y él tuvo que suplicar su perdón. A diferencia de otros republicanos, se le permitió volver a Italia, y Horacio todavía tuvo suficiente dinero para comprarse un puesto de scriba quaestorius (secretario del Tesoro). Fue en esta época de su vida cuando Horacio comenzó a escribir poesía, llamando la atención de Virgilio y de Vario Rufo. Estos le presentaron en el 39 a Mecenas, ministro de Augusto y gran protector de las letras, que en el 38 lo incluyó como miembro de su círculo de amigos íntimos dedicados a la literatura. Hacia el 34, Mecenas regaló a Horacio una propiedad en el campo sabino a unos 25 kilómetros al norte de Tíbur (Tívoli), lo que le proporcionó la situación financiera de un caballero y le permitió escribir sin tener que preocuparse por su sustento. Horacio pudo declinar así la oferta de Augusto para convertirse en su secretario privado; sin embargo, siempre estuvo en buenos términos con el emperador, que, según parece, adoptó más tarde la posición de su protector. Horacio estaba encantado con su retiro sabino y dividía su tiempo entre este y la ciudad. Nos ha dejado una descripción de sí mismo: bajo de estatura, ojos oscuros, pelo prematuramente gris, y con tendencia a engordar: su salud era mala y más adelante en su vida tuvo que cultivar hábitos frugales para hacer frente a su debilidad. Nunca se casó. Mecenas dejó una petición a Augusto en su testamento: "Se atentó con Horacio Flaco como conmigo". Mecenas murió en el verano del 8 y Horacio le siguió el 27 de noviembre. Horacio fue enterrado al lado de Mecenas. Su biografía fue escrita por Suetonio en Vidas de los poetas. La obra poética de Horacio es muy variada e incluye tanto poemas líricos como satíricos con distinta métrica. Su primera obra fue el libro de Épodos, terminado y publicado en el 30, compuesto por diecisiete poemas en yambos o yambos-dáctilos, principalmente de tema satírico; ocho de ellos son invectivas contra personas que no se han podido identificar. Siguen el ejemplo de los poetas griegos Arquíloco e Hiponacte, y sus burlas y acidez podrían reflejar los sentimientos de Horacio como consecuencia de Filipos y de la pérdida de su propiedad. Algunos de estos poemas ofrecen consejo y aviso a los romanos; otros son poemas de asuntos amorosos. De hecho, la elegancia y sofisticación de los Épodos tiene una deuda mayor con sus predecesores helenísticos que con los antiguos poetas griegos. En la década de los 30, Horacio compuso sus dos libros de Sátiras en hexámetros, a los que también llamó "conversaciones" (sermones). Su modelo principal para este tipo de composición fue Lucilio, aunque Ennio y Pacuvio también habían escrito sátiras. Se publicaron también en los 30; están compuestas en un estilo relajado y familiar que es casi prosa, y se extienden a lo largo y ancho de su tema principal. El libro 1 contiene diez sátiras, de las cuales solo una está fechada: la número 5, Viaje a Brindisi, datada en el 37. El narrador en el libro primero es el propio Horacio, y la audiencia descubre sus sentimientos, opiniones y experiencias en distintas situaciones. Las tres primeras sátiras son diatribas, las tres siguientes son autobiográficas, las sátiras 7-9 cuentan anécdotas, y la 10 es una meditación sobre el arte de la sátira del propio Horacio. El libro 2, compuesto por ocho sátiras, es más o menos de la misma longitud que el primero: consiste en una serie de diálogos (excepto una) con un fuerte paralelismo entre los temas de las cuatro primeras y de las cuatro últimas. En el 23, Horacio publicó tres libros de Odas, y unos diez años más tarde publicó otro más. Tan originales como sus Sátiras, el éxito de sus Odas es único en la literatura latina. Sus modelos fueron poetas líricos griegos antiguos como Alceo, Safo, Píndaro o Anacreonte, pero al mismo tiempo tiene una importante deuda con los poetas alejandrinos por su estilo depurado, con los autores griegos de epigramas y con su predecesor romano Catulo. La variedad de temas y de estilos en los 85 poemas de los tres primeros libros es increíble: desde los poemas rimbombantes sobre grandes temas patrióticos y morales hasta los mucho más frecuentes y agradables poemas de amor, amistad, reflexiones filosóficas, de banquetes e himnos a los dioses que se explayan en historias mitológicas y hazañas divinas, pero sin la intención de ser representados en los oficios religiosos. Toda la obra está encabezada por una dedicatoria a Mecenas y termina con una augusta declaración final sobre la inmortalidad de la literatura. Los poemas son complejos, sutiles, cuidadosamente elaborados, burlones o satíricos (especialmente los que se refieren a él), y desde el punto de vista métrico, son ingeniosos y logrados. El desarrollo de la idea en una oda está a menudo disimulado a primera vista y solo se hace alusión al objetivo; Horacio lleva a la audiencia por una senda que se mueve impredeciblemente a través de los versos elegidos. El orden de las palabras es difícil y complejo, pero ofrece al poeta la libertad de provocar originales efectos. Horacio tuvo éxito en componer una poesía de gran destreza técnica que atrae a un amplio espectro de gustos. Hay un gran contraste entre su poesía y la de los dos ss. anteriores. Horacio no se esfuerza por conseguir una unidad en el ambiente de cada oda, sino que es feliz, especialmente en los poemas más largos, desplazándose largas distancias desde el tono o humor presentado al comienzo y enfocando la atención de maneras sorprendentes. En esto, su obra presenta un marcado contraste con los poemas amorosos de Catulo o Propercio. El orden de los poemas está planificado cuidadosamente para situar los serios e importantes cerca del principio y del final de cada libro, manteniendo el equilibrio al intercalar los poemas más ligeros entre los más pesados. La métrica de las odas es muy variada: versos sáficos, alcaicos, asclepiadeos, tanto mayores como menores, y algunos poemas aislados en otros versos. Augusto encargó a Horacio (entonces considerado un "poeta laureado") la composición de un himno, el Carmen Saeculare o Himno del Centenario, para ser representado por veintisiete niños e igual número de niñas en los juegos del Centenario que se celebrarían en el 17. Al mismo tiempo, Augusto lo animó a componer un cuarto libro de odas formado por quince poemas que Horacio dedicó a un amigo, Paulo Fabio Máximo. La colección incluye unos pocos poemas de importancia política encargados por Augusto para celebrar las victorias de los generales imperiales Tiberio y Druso Nerón Claudio. Su tono general es más serio que el de los tres primeros libros. Las últimas composiciones de Horacio fueron las Epístolas, que vuelven al tema y al estilo de las Sátiras. Las Epístolas tienen forma de cartas en hexámetros y están dirigidas a distintas personas, pero sin la presunción de ser cartas enviadas realmente. No es importante que el destinatario de las epístolas del libro 1 sea a veces reconocible: esta estructura permite a Horacio manejar distintos temas de forma personal y subjetiva. El primer libro está lleno de historias ingeniosas y coloridas, aunque su estilo es más refinado que el de las Sátiras. Es difícil datar el libro 1 de las Epístolas, pero no pudo haber sido publicado antes del 20. El libro 2 contiene dos largas epístolas dirigidas a Augusto y a Floro, y no puede ser anterior al 15. En la primera, dirigida a Augusto, las voces se quejan de los gustos contemporáneos que prefieren las obras de los primeros escritores latinos a los escritores del momento, y trata de exaltar a estos últimos. En la epístola dirigida a Floro, un amigo de Tiberio, Horacio escribe que prefiere estudiar filosofía antes que seguir dedicándose a la poesía lírica. Arte poética (que Horacio no tituló así) es en realidad una epístola del tipo de las anteriores, dirigida a Lucio Pisón, cónsul en el 15, y a sus dos hijos. Consta de unos 500 versos y sigue la tradición de las enseñanzas aristotélicas sobre literatura. Horacio trata el tema con humor y habilidad, pero no aporta nada nuevo o profundo sobre la clase de poesía que él mismo compone, concentrándose sobre todo en la épica y el drama. Se dice que basó su discusión en una serie de máximas tomadas de un manual del crítico helenístico griego Neoptólemo de Pario, comentadas una a una por Horacio. Contiene un buen número de frases bien conocidas y a menudo citadas ("los pasajes sentimentales", "incluso Homero a veces dormita"; ridiculus mus, por pasar de lo sublime a lo trivial; in media res, por precipitarse abruptamente en un nuevo tema) y tuvo una gran influencia en la literatura europea posterior.

