Teatro romano

Las características principales del teatro romano derivaron en un principio de las del teatro griego, ya que muchas de las características de la arquitectura romana derivan directamente de la arquitectura del período helenístico. Los primeros teatros se construyeron en madera. El primer teatro romano no se construyó hasta el siglo I a.C.. Con anterioridad las obras de Plauto y Terencio se representaron en escenarios ocasionales en el foro ante círculos de asientos de madera. Éstos se derribaban después de que el acontecimiento para el cual fueron erigidos concluyera. Una ley impedía la construcción de teatros permanentes. Sin embargo, en el 55 a.C. se construyó el Teatro de Pompeyo con un templo para evitar la ley. Con el paso del tiempo desarrollaron características específicas. El teatro podría cubrirse con toldos para proteger a los espectadores de la lluvia o de la luz del sol. La mayor parte de los teatros romanos conservados siguen el modelo arquitectónico propuesto por Vitrubio. Poco a poco disminuyó la importancia de los coros y la orchestra se limitó a un simple semicírculo. Mientras tanto, el escenario edificado (o scaena frons) incrementó su altura hasta alcanzar la cima del auditorio (cavea) y se le dotó de una elaborada fachada, así como de un tejado. La disponibilidad de concreto hizo que fuese posible construir teatros exentos, sin apoyarse en soporte natural de la falda de una colina, levantados por bóvedas con arcadas. El tratamiento externo era similar al del anfiteatro, como lo era la construcción de pasajes subterráneos y de escaleras. Se conservan buenos ejemplos en Pompeya, Orange, Aspendos, Sabrata y Tauromenio. Ver, Odeón.
 
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