Tocadora de sistro
Las Tocadoras de sistro llevaban el titulo de Sejemyt en un periodo que abarca desde la Dinastía XVIII (documentado por Nur el Din [1996]) hasta la XX. Lo llevó por primera vez la reina Mutemuia, madre de Amenhotep III, y en relación con Amón desapareció en manos de Titi, esposa de Ramsés III. También llevaban el apelativo de Seshesheti, inaugurado con Ahmose Nefertari y mantenido hasta Nefertari. En ambos casos el puesto pudo ser ostentado por una reina, pero en el primer ejemplo, además, se emplea por mujeres que no pertenecen a la realeza. Más tarde la Tocadora de Sistro se denominará Ihet (Dinastía XXI). Ellas estaban presentes y eran necesarias en el culto de casi todas las divinidades, pero se encontraban especialmente ligadas al de la diosa de la música Hathor, cuya cabeza aparecía representada en el mango del instrumento y que se encuentra desde periodos muy tempranos. El hecho de que Ahmose Nefertari lleve en su numerosísima titulatura los cargos de: Señora de la Casa de los Sistros, Pura de Manos llevando el Sistro y Bella de Cara en la Casa de los Sistros, parece indicar un emplazamiento donde aprendían a tocar las aspirantes. Podemos distinguir dos clases de sistro, uno el llamado Sejem y el Seshesheta. El primero nace en el Imperio Antiguo y el segundo se utiliza en el Imperio Nuevo. Ambos consistían en un mango y una parte superior en forma ovalada o de capilla con cuernos, hechos de los más diversos materiales. Estaban atravesados por varillas con discos metálicos que al agitarlos sonaban. Por otro lado el Menat, atributo también de Hathor, era un collar hecho con varias filas de cuentas y con un contrapeso metálico; éste también se agitaba, usándose como instrumento musical que desprendía un sonido agradable a las divinidades. Las tocadoras de sistro o de Menat parecen haber sido las más numerosas. Estaban dotadas de cierto rango superior respecto al resto de las sacerdotisas que hacían sonar otros instrumentos, ya que éstos, a diferencia de los demás, se usaban únicamente en los ritos religiosos. Se reunían para oficiar en grupos formados por un mínimo de tres músicas. Estas mujeres participaban en cultos y actos tan importantes como el Festival Sed, precisamente es en este Festival donde Abdel Halim Nur el-Din (1996) ha encontrado, en la Dinastía XIX, un enigmático conjunto formado por sacerdotisas Sedet que, de alguna manera, estaban relacionadas con la música. Ellas representaban el aspecto femenino del arcaico dios Sed, una deidad con apariencia de chacal que llegó a confundirse con Upuaut y con Anubis. A la hora de evaluarlas, hemos de tener siempre presente la enorme importancia y el papel que la música desempeñó en las liturgias religiosas de los antiguos egipcios. El Antiguo Egipto no nos ha legado ningún documento que nos permita reconstituir el sonido de su música, que tenía una función mágica y protectora cuando se empleaba en los ritos. Sin embargo, sí podemos especular por medio del estudio de sus instrumentos y por la composición de algunos textos religiosos -presumiblemente salmodiados en las ceremonias- que constituían un elemento esencial, basado en melodías monótonas y repetitivas que facilitaban el estado de trance y se acompañaban de danzas rituales.

