Sacerdotisa funeraria

Uno de los grupos de sacerdotisas funerarias egipcias, Hemet Ka, estaba integrado en el clero durante el Imperio Antiguo. Entre otros, ostentaban los títulos directivos de Supervisoras del Culto Funerario, pero a partir del final de este período su papel empezó a cobrar menos importancia y nunca más (excepto casos puntuales) encontramos a la mujer desempeñando cargos de alta responsabilidad. También están las Plañideras, Vigilantes (Uresut) o Bailarinas Muu. Todas debían de cumplir unas cualidades que no diferían mucho de las requeridas a los sacerdotes masculinos. La arqueología egipcia nos ha ofrecido numerosos ejemplos de mujeres que participaban de forma profesional en el culto funerario de los reyes. Durante el Imperio Antiguo y más concretamente en la Dinastía IV tenemos, por ejemplo, a Ajtihotep, un profeta de Jufu (Keops), cuya esposa Meritites, hija del rey, era Sacerdotisa de Jufu, de Hathor y de Neith. En sus manos tenía la responsabilidad de servir en el culto póstumo del monarca, pero además, era sacerdotisa de, al menos, estas dos diosas. En la Dinastía V también encontramos numerosos ejemplos de mujeres que ejercieron el culto funerario de reyes de la dinastía anterior, ya que éstos pervivían en el tiempo. Presentes en los Textos de las Pirámides, dentro de los funerales y del Ritual de la Apertura de la Boca, existía una pareja formada por la encarnación terrena de Isis y Neftis. Los textos las denominan en conjunto Las Enterradoras (Dyeret) y estaban personificadas por dos sacerdotisas o por la esposa del fallecido y un personaje anónimo. Particularizando, las llamaron "la grande y la pequeña enterradora". La pareja tenía por función cumplir el ritual en el que el difunto se asimilaba a Osiris, debiendo, por tanto, realizar sobre su momia los ritos y los funerales que estas dos diosas habían practicado sobre el dios del Más Allá, acompañarle en el viaje ritual a la ciudad santa de Abidos y en el embalsamamiento, además de actuar como plañideras divinas. Aunque las "lloronas" eran un colectivo establecido, estas mujeres eran dos de sus personajes más importantes. Por su condición próxima al fallecido y a los ritos post mortem debían de purificarse cuidadosamente, cuatro veces durante siete días, antes de participar en los ritos fúnebres. Al igual que el clero masculino, debían de ser depiladas, fumigadas, hacer una inmersión en las aguas del Nun (en los estanques de los templos) y limpiarse la boca con Natrón. Es frecuente encontrarlas representadas en papiros y relieves del interior de las tumbas, situadas a los pies del cuerpo inerte o mientras se le practicaba la Apertura de la Boca. Con sus gestos nos indican su actitud, es decir, la pena y el luto, que iconográficamente se representa con las manos sobre la cabeza. Estas dos mujeres pueden aparecer sustituidas por dos milanos, un juego simbólico que las identificaba con la esposa y la hermana del dios del Más Allá. Las Sacerdotisas Funerarias recibían, al igual que los hombres, una paga por sus servicios. Esto era necesario para que el culto del difunto se llevase a cabo a lo largo de los años. Es decir, era imprescindible que se presentaran ofrendas sólidas y líquidas, para que el fallecido pudiera disfrutar de una vida eterna, y que éstas se llevaran a cabo puntualmente. Esto era posible gracias al establecimiento de fundaciones que aseguraban la pervivencia del Ka del finado. En la Baja Época, la mujer cobró un nuevo impulso en esta rama mixta del sacerdocio. Como en los cargos masculinos, también se sucedían mediante y de forma profesional, desempeñando las tareas de culto, con toda la responsabilidad que el cargo requería, asistidas por los importantísimos Sacerdotes Lectores. Abdel Halim Nur el-Din (1996) ha recopilado otros títulos aplicables a las enterradoras. Así, menciona a las Sementet, personajes femeninos que aparecen en los Textos de Las Pirámides y que en su opinión forman un equipo de enterradoras divinas. Finalmente, en la Dinastía XIX, se encuentra a las llamadas Ushebet, en la tumba de un Escriba del Templo de Amón llamado Neferhotep. De igual modo, durante las Dinastías XVIII y XIX, apareció otro título que también denominaba a un tipo distinto de Enterradoras, las llamadas Remyt. Da así la sensación de que, como otras, ésta agrupación estaba estructurada jerárquicamente, según las funciones que cumplieran y sobre quién las realizaba. Como puede comprobarse, la plañideras eran otro grupo profesional, muy posiblemente unido al Bajo Clero, que en Egipto está presente desde el Imperio Antiguo. Ellas acudían a los funerales con la única función de llorar copiosamente, gritar de dolor y entonar cánticos fúnebres. Están magníficamente representadas en multitud de tumbas egipcias, aunque merece especial mención la de Ramose (TT 55), del Imperio Nuevo. Sobre sus muros se aprecia muy claramente las distintas edades del grupo, que abarcan desde ancianas hasta niñas. Todas ellas tienen pintadas sobre sus mejillas las lagrimas que están derramando. Las plañideras estaban clasificadas en función de su edad y status social, y se encontraban bajo la dirección de un personaje de sexo femenino. Parece que, de algún modo, pertenecían al grupo de cantoras de la diosa Mut, aunque como cantoras también pertenecían al clero de Hathor, ya que ambas diosas están estrechamente conectadas. Se las denominaba Las de la Morada de la Acacia. Por si todo esto fuera poco, este título las pone en directa relación con la diosa Sejmet (la apariencia que tomaba la buena Hathor cuando se encolerizaba). Precisamente, gracias a su poder podían lograr que las fuerzas del mal y la muerte quedaran aniquiladas, produciéndose el renacimiento del difunto en el Más Allá. Estaban dirigidas por un miembro superior y contaban con personal y con presentes para su sustento. Recordemos de nuevo que las diosas Hathor, Mur, Sejmet, Bastet, Tefnut y Meret, entre otras, son divinidades que a menudo están identificadas las unas con las otras, que son aspectos distintos de una misma deidad y que se emplea el nombre de cada una de ellas en función del evento mitológico y la personalidad que se quiera remarcar. Asimismo, también se puede mencionar a un grupo denominado Cuidadoras o Vigilantes. Su función es todavía oscura, aunque se sabe que debían mantenerse puras. Jerárquicamente, participaban en los desfiles funerarios, encabezadas generalmente por la reina, que en este rito desempeñaba el puesto de la diosa Isis, siempre que se tratara de un funeral real. Aunque ya se ha hecho alusión a las danzarinas Muu, hay que incidir en otro tipo de mujeres que, durante la Dinastía XIX, realizaban ciertas danzas a la entrada de la tumba y que fueron denominadas Tyeset. Ocasionalmente, algunas llevaban el título de Esposa del Dios, aunque lo más corriente es que fueran simples Cantoras de Amón o familiares de personajes importantes de Deir el-Medina. Ellas tenían una influencia especial en la necrópolis tebana y eran imprescindibles en los funerales. No hay lugar a dudas respecto al título de Sacerdotisa Sem, aunque sería más correcto citar a sacerdotisas Semet, tan documentado en fuentes egipcias como el de las Esposas del Dios y ambos llevados generalmente por personajes de alta alcurnia, normalmente hijas del difunto, aunque no era imprescindible. Es muy posible que su importancia y su protagonismo no llegara a alcanzar el de sus homónimos masculinos. Durante la dinastía XXI el puesto no aparece con tanta frecuencia y en opinión de Naguib (1990) sólo se encuentra en manos de Dyed-Mut-Iues-Anj, que perteneció al templo fuenerario de Ramsés III en Medinet Habu. Existe la duda de si ella era una hija de Pinedyem II "casada" con Psusenes II. Estas mujeres realizaban los mismos papeles que los hombres y, como ellos, pertenecían a la escuela sacerdotal de Ptah.
 
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