ALARCOS
Oppidum ibérico situado en un enclave estratégico, en un cerro elevado, en la margen izquierda del río Guadiana, desde donde se podía controlar el vado del río y los pasos hacia Andalucía y Levante. Fue un lugar idóneo para el asentamiento de grupos humanos, que lo ocuparon desde la Edad del Bronce. El desarrollo de la cultura ibérica, que se puede fechar entre los siglos VI-III a.C., ha dejado valiosos vestigios de los que sobresalen los restos de un santuario y un gran sistema viario. Hacia el siglo IX a.C., en la transición a la primera Edad del Hierro, se produce un desplazamiento de la población que se va asentando en el resto del cerro, manteniendo contactos con otros lugares de la Península, especialmente con el suroeste y la Meseta norte, contactos que se mantienen e incrementan en los siglos siguientes. En el siglo V a.C. la cultura ibérica oretana está plenamente formada y consolidada en Alarcos, alcanzando a lo largo de los siglos IV-III a.C. un avanzado desarrollo. La población aumenta y espacios antes dedicados a necrópolis son ahora ocupados por viviendas. A través de todo este largo período se documentan al menos tres fases de ocupación, en la que se aprecian los cambios producidos en el poblado. Las casas, de forma rectangular, tienen una o dos habitaciones con zócalos de piedra, paredes de adobe y techo vegetal. Se organizan en tomo a calles pavimentadas con lajas de cuarcita o caliza. En su interior se han encontrado los materiales utilizados por sus habitantes, como cerámicas, útiles de bronce y hierro, de hueso, etc.. Los trabajos de excavación y restauración que se vienen realizando en el yacimiento, han permitido recuperar un sector de la trama urbana de la ciudad ibérica. Hoy, Alarcos, Ciudad Real.

