Onager

u Onagro. Modelo de catapulta utilizada por los romanos en época baja y altoimperial, para lanzar piedras. Eran ballistas pero mucho más sencillas en su construcción, con un solo brazo incluido en un resorte de torsión, un mecanismo de torno para bajar el brazo y una honda en su extremo para lanzar la piedra. Era una pieza pesada y apropiada para asedios o frentes estáticos; en una situación bélica, lo que se ha denominado en el argot más contemporáneo como guerra de posiciones. El onager fue la máquina lanza-piedras más utilizada por Roma en el siglo II y sucesivos. Denominada por los griegos monagkon (por presentar un solo brazo), la cita por vez primera Filón de Bizancio. En época del emperador Trajano, Apolodoro de Damasco (artífice del puente sobre el Danubio y uno de sus principales colaboradores en materia constructiva, ya menciona este tipo de máquinas: lithoboloi monagkones. En época tardía también mencionan el ingenio tanto Ammiano Marcelino, como Vegecio. La descripción de Ammiano, es la más detallada de las conservadas, aunque no resulta muy técnica y es confusa en cuanto a la terminología. Apolodoro y el Anónimo de Bizancio apuntan que esta máquina artillera estaba dotada a su vez de un ariete, cuestión poco probable dado que no se entiende bien la adecuada coordinación de funciones tan dispares. El término onager, refiere Ammiano Marcelino, lo tomarían estos ingenios de determinados asnos salvajes, quienes al ser capturados acostumbraban a lanzar a lo alto piedras coceando hacia atrás con gran violencia. Los componentes básicos de la máquina eran cinco: una sólida base de madera; un brazo (trozo de árbol, roble o fresno, sin nudos, de mayor longitud que los utilizados en las ballistae) con una honda que cuelga de su extremo; un poderoso resorte de torsión (madeja dispuesta horizontalmente de lado a lado de la base), donde se inserta el brazo anterior; una cuerda y un mecanismo de torno para bajar y tensar el brazo y finalmente una barra transversal pesada con relleno (césped, algas...) para detener el fuerte impacto del brazo al lanzar el proyectil que estaba metido en la honda. Los proyectiles describirían un ángulo de tiro alto y parabólico, por lo que el onager no era un arma precisa, a diferencia de otras ballistae y la quiroballista, pero sí de gran poder destructivo. No poseía ni una base separada ni una junta universal que permitiera el montaje en piezas y orientación del tiro. Ésta era su gran desventaja respecto de las antiguas ballistae (lithoboloi). Pero, por otro lado, su construcción era sencilla y al disponer de un único resorte de torsión se evitaban cálculos (siempre complicados) para ajustar los dos resortes en idéntica torsión. Seguramente era una pieza de base estática y no es seguro que llevara ruedas. Los operarios o sirvientes de la máquina podían ser cinco o seis, aunque Vegecio apunta 11. Ammiano Marcelino habla de ocho hombres (cuatro a cada lado) para cargar la máquina. El onager no precisaba bolas redondas al no tener que deslizarse los proyectiles por el dispositivo de lanzamiento, ya que podía disparar piezas de distinto tamaño y naturaleza. Se trataba de una máquina con mecanismo simple, de gran potencia destructiva, aunque pesada y poco maniobrable, pues para apuntar, aproximadamente, a un nuevo blanco los operarios se veían obligados a mover la máquina para disparar en la dirección adecuada. Con el paso del tiempo se vería necesario sustituir la honda por un brazo en forma de cuchara donde se depositaba el proyectil. Ver, Máquinas de guerra, Legiones de ballistarii. Ver, Catapulta, Máquinas de guerra.
 
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