Catapulta
(griego, petrobólous katapéltas "atraviesa-escudos"; latín, catapulta). La catapulta es el término aplicado a un ingenio o máquina de torsión que arroja flechas o lanzas; por lo tanto, estamos hablando literalmente de una catapulta para flechas. Por el contrario, la máquina que arroja piedras es la petrobolos, que en el ámbito romano se denomina ballista. Su significado habitual como máquina que puede lanzar todo tipo de objetos, piedras preferentemente, no coincide con el aplicado en la antigüedad, por lo menos hasta el siglo II, que es cuando aproximadamente pudo producirse su cambio etimológico. Fue en el sitio de Halicarnaso, por Alejandro Magno (334 a.C.), donde se empleó por primera vez en la antigüedad la catapulta, disparando contra personas, concretamente contra los habitantes de la ciudad cada vez que intentaban una salida, aunque no parece que se utilizaran, con eficacia al menos, contra los muros. Lo que nosotros entendemos por una catapulta, era en realidad una ballista. La aparición de la quiroballista en el siglo II, que lanzaba flechas, y el empleo de onagri con la misma función, pudo hacer que se afianzara el término catapulta, entendido como máquina para lanzar piedras, entre los siglos II-IV, tal y como se concibe ya en la etapa medieval. Ver, Máquinas de guerra, Legiones de ballistarii, Dorybelas.

