Apócrifos

Del griego, "cosas ocultas". En un principio se aplicaba a cualquier escrito cuyo acceso estuviera restringido a los miembros de una sociedad secreta o de una secta. Entre los cristianos, se aplicaba a la literatura bíblica que, sin haber tenido nunca un carácter secreto en el sentido al que antes se ha hecho referencia o en cualquier otro, poseía un valor secundario o dudoso. Hay dos tipos de Apócrifos. En primer lugar están aquellos libros que, aunque no figuran en el Antiguo Testamento, fueron incluidos en la versión de los "Setenta", la traducción que se hizo de los textos hebreos al griego en tiempos precristianos. Su presencia en la versión de los "Setenta" garantizó su inclusión en las Biblias cristianas, a pesar de las continuas dudas que han suscitado entre teólogos y eruditos. San Jerónimo, que se contaba entre los que dudaban, no llegó a decidirse a eliminar de su Biblia latina, la Vulgata (405), nada de lo que encontró en la versión de los "Setenta". También la Iglesia griega ortodoxa se ha mantenido fiel a dicha versión. Para los católicos, las dudas quedaron despejadas durante el Concilio de Trento (siglo XVI), que declaró que tales libros poseían idéntica categoría y merecían la misma veneracion que se concedia al resto de las escrituras; una resolución que volvería a ser ratificada por el Concilio Vaticano de 1870. Los protestantes, sin embargo, empezando por el mismo Lutero, se han tomado más libertades a la hora de manifestar sus dudas y han reducido el valor de los libros apócrifos a la categoría de escritos "útiles", situándolos a modo de apéndice del Antiguo Testamento en lugar de integrados en su conjunto, como sucede en la versión de los "Setenta". Mucho más nutrido es el segundo grupo de escritos apócrifos: unos cuarenta libros, o fragmentos de libros, relacionados con diversos personajes del Antiguo Testamento, y un número aún mayor de Evangelios, Epístolas y Hechos, similares a los que figuran en el Nuevo Testamento. De muchas de estas obras, aunque no hay duda de su existencia, hoy en día sólo se conservan algunos fragmentos o no se conserva nada. Por muy diversas razones y en muy distintas épocas, se ha negado a estos escritos el carácter canónico, de modo que no figuran en ninguna de las Bíblias cristianas más ortodoxas. Los libros pertenecientes a los Apócrifos bíblicos son: Esdras 1 y 2; Tobías; Judit; Añadidos a Ester; Libro de la Sabiduría de Salomón; Eclesiástico; Baruc, incluida la Carta de Jeremías; el Cántico de los tres jóvenes; la historia de Susana; Bel y el dragón; la oración de Manasés y Macabeos 1 y 2. Ver, Setenta.
 
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