Edicto de Milán
Constantino, designado por el Senado, en febrero-marzo del 313, como primus Augustus, se reunió con Licinio en Milán para discutir asuntos de Estado y tratar de aislar a Maximino Daya a quien realmente le correspondía el título. Las conversaciones se sellaron con una alianza familiar, a la vieja usanza tetrárquica: Licinio se desposó con Constanza, hermana de Constantino. De esa reunión salió la proclamación por los dos Augustos del denominado Edicto de Milán, que concedía la libertad de culto con objeto de que cada uno adorase a su manera "lo que hay de divino en el cielo". Se ordenaba también que las comunidades cristianas recuperasen los bienes que les habían sido confiscados o vendidos. El Estado iniciaba de esta manera un proceso de aproximación fructífera a la Iglesia, que, con el tiempo, la colocaría en una posición de privilegio dentro de la sociedad civil.

