Usermaatre-Meriamón Rameses III
(siglo XII a.C.). Faraón (1.184-1.153) del Imperio Nuevo y de la Dinastía XX (1.186-1.069). El último gran faraón del Imperio Nuevo. Hijo de Sethnakht, éste de corto reinado y casado con Tiy-Merenaset, la madre de Rameses III. Éste, que tomó como nombre de coronación el de Usermaatre Meriamón, fue quizá el último faraón guerrero que en todo momento deseó emular al famoso Rameses II. Alcanzado el poder, reprimió con energía la anarquía reinante, que se había originado tras la desaparición de Merenptah, rey de la dinastía anterior. De aquella muerte Egipto salió indudablemente debilitado. Además, en el exterior el panorama era muy inquietante, perturbado por la presencia de los Pueblos del Mar, que habían aniquilado el Imperio hitita y destruido Ugarit y otros importantes enclaves de Siria y Palestina. Estos cercaron totalmente el país, tanto por mar como por tierra y de Oriente a Occidente. Para hacerles frente preparó una gran escuadra de guerra y un numeroso contingente de hombres de infantería, entre los que no faltaban mercenarios de los Pueblos del Mar. En su quinto año de reinado, los libios, derrotados en el pasado por Merenptah, volvieron a presentarse en el delta, tal vez como reacción ante el deseo de Rameses III de imponerles un jefe libio educado en Egipto. Sin embargo, el faraón pudo derrotarlos e instalarlos en fortalezas vigiladas. Poco después, en el año octavo, se produjo la invasión por tierra y por mar de los Pueblos del Mar que iban acompañados de sus mujeres, hijos y enseres y que previamente habían destruido muchas poblaciones hasta llegar a Egipto: los formaban los peleset, tjeker, shekeleskh, denien y weshesh. Por un lado, la flota de Pueblos del Mar penetró en el Delta, cayendo en una trampa. Las naves son hostigadas desde tierra por emboscados arqueros, mientras las naves del faraón atacan y logran una victoria total, en la primera batalla naval conocida de la historia. Por otro lado, el ejército de tierra salió al paso de las caravanas de invasores que se dirigían a Egipto a través de Palestina, dispersándolos, según sabemos por los bajorrelieves y los textos de Medinet Habu presentes en el muro exterior del segundo pilono y que constituyen la más larga inscripción jeroglífica conocida. En el año undécimo, nuevamente los libios y los meshuesh, junto con otros cinco pueblos, al mando de Meshesher, hijo de Keper, volvieron a saquear el delta, desde Menfis hasta Abusir. Derrotados, fueron adscritos al ejército egipcio como mercenarios. Con ello, Rameses III salvó Egipto y su civilización de la destrucción, tal como aconteció con aqueos e hititas, por ejemplo. No obstante, su imperio asiático desapareció definitivamente. Egipto pudo mantener el control de Nubia hasta el fin del Imperio Nuevo. En Mesopotamia, Asiria y Babilonia proseguían la lucha por la hegemonía. La política de deportación e instalación en Egipto de contingentes de pueblos extranjeros de Rameses II, fue proseguida también por este faraón, quien instaló diversos contingentes de Pueblos del Mar, siendo de destacar por su importancia futura los de mashauash, en el Delta oriental. Corrupción generalizada de todas las clases sociales, consecuencia de la crisis económica. En política interior, Rameses III, según se deduce del Gran Papiro Harris I, hoy atesorado en el British Museum, procedió a la reforma de la administración, estructurando categorías funcionariales y militares, así como a un programa de generosa donación de bienes a los templos, sobre todo Karnak, Heliópolis y Menfis, lo que habla de una gran prosperidad económica. Esta prosperidad, aun cuando en algunas ocasiones el fisco no tiene liquidez (huelga de los obreros de Deir el-Medineh y quejas ante el Visir Ta; intento de golpe de Estado en Athribis), le posibilitó construir y restaurar numerosos monumentos (Tebas, templo funerario y palacio de Medinet Habu), todos de gran belleza, y labrar magníficas estatuas (Museo de El Cairo, cabeza de estatua colosal del Museo de Boston). Sus grandes victorias no le salvaron de la ingratitud. Sus últimos años de reinado se vieron alterados por un oscuro complot de harén encabezado por la reina y segunda esposa Tiy (no debe confundirse con Titi, otra de sus esposas), deseosa de que el poder pasara a su hijo Pentauret en contra de los legítimos derechos de los hijos de la esposa principal, la reina Iset-ta-Hemdjeret (Isis). Los componentes del complot (participaron 28 personas) fueron traicionados y el rey los juzgó en un largo proceso (Papiro judicial de Turín, Papiros Lee, Rollin y Rifaut): la mayoría fueron ejecutados, a otros se les autorizó suicidarse, otros fueron mutilados. Se ignora qué le ocurrió a la reina y se sospecha que el rey murió en Tebas durante el proceso. Su enterramiento, en el Valle de los Reyes (KV 11), visitado desde época grecorromana, seguía la estructura típica de las tumbas de la Dinastía XIX: un eje longitudinal, en el que se suceden estancias y corredores. En esta ocasión, las cámaras subsidiarias de la sala del sarcófago se emplazaban en las esquinas. Las paredes de la tumba se decoraron con relieves hundidos y pinturas. En las cámaras anexas se representaron escenas de la vida cotidiana: la armada real, arpistas tañendo sus instrumentos musicales o escenas del tesoro real, donde aparecían objetos de fabricación egea. Su sarcófago se halla en el Museo del Louvre, mientras que la tapa del mismo se atesora en el Fitzwilliam de Cambridge. La momia, localizada en el "escondrijo" de Deir el-Bahari, está hoy en El Cairo. Le sucedió en el trono Rameses IV, tenido de su esposa principal, la citada Isis, probablemente de origen asiático.

