Jenófanes

(ca.570-ca.478 a.C.). Poeta y filósofo de Colofón, en Jonia. Contemporáneo de Pitágoras. Abandonó su ciudad natal a los veinticinco años, casi con seguridad para escapar del dominio persa, cuando Ciro se anexionó las ciudades jonias (540). Se exilió de Colofón y se refugió en Italia, en Elea (Lucania), donde fundó la escuela de filosofía llamada eleática y desarrolló la mayor parte de su obra. Se conservan fragmentos de sus obras, incluidos dos poemas elegíacos largos: uno sobre la forma correcta de preparar un symposium, y el otro defendiendo sus obras y poniéndolas en el contexto de la vida política. Rechazó la antigua consideración de la virtud como la capacidad atlética o militar, en favor de la fuerza intelectual del tipo que él poseía. Estos fragmentos pueden ser parte de un poema satírico titulado Sílloi (Bizcos), el cual, según se dice, estaba compuesto en hexámetros y yambos y contenía también material filosófico. Se le atribuye, pues, el mérito de ser el primer poeta que escribió sátira. También se dice que escribió un poema épico sobre la fundación de la colonia griega de Elea. Su trabajo puede ser comparado con el de sus casi contemporáneos Tirteo y Solón. Obtuvo sus bases de filosofía natural de la escuela de Mileto (Jonia), aunque él mismo era un agudo observador de la naturaleza. Sostenía que el universo surgió a partir de una mezcla de tierra y agua, y que la humedad lo va disolviendo gradualmente, de forma que se renueva una y otra vez. Los cuerpos celestes los explicaba como derivados de las nubes que surgen del mar. Pero no era dogmático, y aseguraba que sus puntos de vista no eran más que probables. La originalidad de su pensamiento se centra en el ámbito moral, y en una nueva concepción de lo divino. En los escasos escritos conservados hace una audaz crítica del antropomorfismo religioso griego de Homero y Hesíodo, considerando que si los animales pudieran pintar, los dioses tendrían forma animal, criticando además el comportamiento de los dioses en los poemas homéricos; en lugar de estos dioses, postulaba una deidad cósmica suprema, que controla el universo mediante su pensamiento, realizado sin esfuerzo. Pudo haber aceptado la existencia de dioses subordinados que colaborarían con el dios supremo, pero rechazó las explicaciones sobrenaturales de los fenómenos de la naturaleza. Es mérito suyo ser el primero que se plantea la cuestión de un Dios trascendente. Así pues, está en el origen de una tradición teológica que incluye a Platón, a Aristóteles y a los estoicos.
 
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