Jerjes I
(siglo V a.C.). Faraón persa, del Período Persa, de la Primera Dominación Persa y de la Dinastía XXVII (525-404), que reinó entre 486-465. Quinto rey de Persia e hijo de Darío I y Atosa. Su padre lo eligió para que le sucediera, en perjuicio de su hermano Artabazo, y le legó su proyecto de someter a las ciudades griegas independientes después de la Revuelta Jonia. Al comienzo de su reinado tuvo que sofocar una rebelión en Egipto, así como las revueltas que siguieron en Babilonia (482), en donde había sido virrey. Tardó dos años en sofocar la revuelta de Egipto, donde instaló como sátrapa a su hermano Aquemenes. Abandonó los títulos de rey de Egipto y de Babilonia, renunciando a la ficción de la unión personal de ambos estados con el Imperio Persa. Su política se caracterizó por su intransigencia política y religiosa. Heródoto es nuestra autoridad más importante para la gran expedición contra Grecia, para la que Jerjes hizo grandes preparativos. Consiguió el apoyo de Cartago y de varias ciudades de la Grecia continental. Reunió a un vasto ejército de un millón de hombres a partir de contingentes muy variados y dirigió la expedición en persona. Llevó a cabo dos grandes proezas tecnológicas: construyó un gran puente de barcazas a través del Helesponto y excavó un canal para los barcos a través de la garganta de la península del Atos en la Calcídica. Alcanzó Sardes en el otoño del 481 e inició la expedición en la primavera del 480, haciendo que marchara por territorios bajo su control hasta llegar a Tesalia. Consiguió una gran ventaja en las Termópilas, en donde aniquiló a trescientos griegos al mando del rey espartano Leónidas I, y también en Artemision, en donde puso en fuga a una flota griega combinada. Después avanzó a través de Grecia central, dejó el Ática asolada y saqueó Atenas, que había sido evacuada de todos sus ciudadanos salvo unos pocos que insistieron en quedarse. Tomó Tebas y Platea. A finales de septiembre, influido por un engañoso mensaje de Temístocles, Jerjes envió a la flota persa al estrecho entre Salamina y el continente griego con la intención de sacar de allí a la flota griega, que representaba un obstáculo real para posteriores avances; su marina fue sonoramente derrotada (480). Tras este revés, Jerjes regresó a Asia, y su pariente y general Mardonio continuó la guerra hasta que los persas se vieron obligados a retirarse por las victorias griegas de Platea y Mícala en el 479. Como consecuencia, Jerjes perdió el control sobre muchas ciudades de la costa de Asia Menor. La guerra contra los griegos debió de suponer solo una pequeña molestia al poderoso imperio. No se menciona en ningún documento persa, y el poder y la reputación de Jerjes en Persia no se vieron afectados por ella. Las rebeliones de Babilonia, dirigidas por un tal Belshimanni, las reprimió duramente, destruyendo el templo Esagila de Marduk y demoliendo la ziqurratu o torre escalonada, así como fundiendo la estatua de oro macizo del dios en lingotes. Construyó con gran magnificencia en Persépolis, donde inició la edificación de la famosa Sala de las Cien Columnas, y Ecbatana, y encargó una serie de relieves en Persépolis, en los que se mostraba la extensión y estructura de su imperio, pues contenían imágenes de los diversos tipos étnicos del reino. El resto de su reinado es bastante oscuro. Su intrigante esposa, Amestris, que persiguió a no pocos nobles, fue la causa de que Jerjes I muriera asesinado participando en tal crimen el favorito Artabano, el eunuco Aspamitre, y Megabizos, hijo de Zopiros, yerno del rey. Jerjes I, tras ser enterrado en una tumba rupestre, excavada en Naksh-i-Rustam, fue sucedido en el trono por su hijo Darío, que ocupó el trono sólo durante 45 días, siendo también eliminado por Artabano, deseoso de ocupar el trono. Le sucedió su hijo más joven Artajerjes I Longimano. Ver, Reyes aqueménidas.

