Jerusalén
o Hierosolyma (hebreo, Yrushalayim; árabe, al-Quds). Actual capital de Israel. Está situada sobre una estribación montañosa a 768 m de altitud. Al oeste queda el valle de Hinnom y al este el de Kidron o Josafat. Se encuentra a unos 24 km de la extremidad septentrional del Mar Muerto. Su historia ha sido muy agitada. Es una de las ciudades más antiguas del mundo y se considera sagrada a las tres principales religiones abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Durante su larga historia, Jerusalén ha sido destruida al menos dos veces, asediada 23 veces, capturada y recapturada 44 veces, y atacada 52 veces. Jerusalén ha sido ocupada por diversos pueblos a lo largo del tiempo, entre ellos los cananeos, los jebuseos, los hebreos, los romanos, los persas, o los turcos así como muchos otros. Se sabe que fue fundada por los amoritas en la época del Bronce antiguo. Su primera mención aparece en antiquísimos textos egipcios, así como en las célebres cartas de El Amarna. Jerusalén ha tenido diversos nombres, siendo el primero el de Uru-shalim "Ciudad de la Paz", al que le siguió el de Jebus, tras el asentamiento en ella de los jebuseos. La Biblia le da una y otra vez el nombre de "Ciudad de David". Las diferentes excavaciones que se han efectuado en ella han arrojado antiguos materiales de origen cananeo, egipcio, chipriota y egeo. Se ha argumentado que fue feudo hitita hasta la época de David, quien llegaría a conquistarla hacia el año 1.000 a.C. fijando allí su residencia y trasladando a la ciudad el Arca de la Alianza. Este rey la embelleció con diferentes construcciones, protegiéndola con murallas. En el sagrado lugar de Sión, donde Abraham había erigido un templo, David hizo levantar otro. Tiempo después, su hijo Salomón haría construir, sobre el mismo emplazamiento, su famoso Templo, fortificándolo y aislándolo del resto de la ciudad. Los sucesivos reyes siguieron embelleciéndola. A Ezequías, Manasés y Josías, Jerusalén debió notables construcciones. El año 586 a.C, sin embargo, significó una dura prueba para la ciudad, pues los babilonios, al mando de Nabucodonosor II, la destruyeron. No se recuperaría hasta pasado más de siglo y medio. Alejandro Magno respetó sus venerables piedras y Herodes, tiempo después, reconstruyó sus murallas y el Templo. Tito, el romano, la destruiría parcialmente en el año 70, pero sería reconstruida por Adriano, llamándola Aelia Capitolina. Su carácter sagrado ha definido desde siempre la singularidad de Jerusalén. En ella Cristo sufrió su pasión y muerte, y en ella resucitó. Durante la época bizantina, se erigieron infinidad de iglesias y conventos. Es el caso del templo del Santo Sepulcro, convertido hoy en una suma de capillas e iglesias de diferentes ritos y credos. Ya en época árabe, Qubbet es Sakhra levantó la llamada Cúpula de la Roca y los Fatimidas, en el siglo XIII, construyeron la grandiosa mezquita de Al Aqsa. Actualmente es la ciudad santa de las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islamismo. Ver, Aelia Capitolina.

