Censo
o Census. La palabra designa primeramente el censo de los ciudadanos romanos según su fortuna, después la fortuna misma. El censo, cuya creación se atribuía a Servio Tulio, consistía en redactar cada cinco años la lista de los ciudadanos para empadronarles y asignar a cada uno su justo lugar en la ciudadanía, según su edad y su fortuna y también según su valor moral. Este censo, que más tarde será realizado por magistrados especiales, los censores, se acompañaba, naturalmente, de ciertos ritos religiosos, el más esencial de los cuales consistía en una purificación de todo el pueblo: los ciudadanos, reunidos en el Campo de Marte, se formaban por centurias en su rango de soldados; el celebrante, bien fuese rey o más tarde censor, hacía caminar en torno de la multitud tres animales: una cerda, una oveja y un toro; después sacrificaba a los dioses las tres víctimas. Con esta ceremonia se cerraba el lustro o período de cinco años en el curso del cual la clasificación establecida permanecía válida. Bajo el Imperio, el censo fue extendido a los provinciales, por razones fiscales, en la sociedad y en el ejército, pero ya no condicionó el reclutamiento de los legionarios. Ver, Lustrum.

