Soberano griego

Culto al. En el mundo griego existían precedentes de la concesión de honores similares a los otorgados a los dioses aplicados a un gobernante o comandante militar, como por ejemplo Lisandro, que había salvado a su pueblo del riesgo de la destrucción. Pero la deificación como tal no ocurrió antes del período macedónico. Filipo II ya había planeado la construcción de un herrén, un templo de reyes semejantes a los dioses, para sí mismo y para Olimpia, en el momento de su muerte. Lo completó Alejandro Magno, cuyos logros espectaculares le supusieron un reconocimiento como dios formal voluntariamente aceptado. El culto a Alejandro y sus sucesores surgió por razones en gran medida políticas ante el vacío que suponía la adquisición de un vasto imperio territorial que necesitaba encontrar un medio para expresar su lealtad. Sus rasgos característicos fueron: dedicatorias al soberano, culto al soberano como dios de parte de las ciudades que había fundado, estatuas del soberano erigidas en templos existentes, inclusión del soberano y su culto en la listas oficiales de divinidades de la polis, establecimiento de un culto dinástico en cada unos de los reinos del sucesor.
 
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