Soberano romano

Culto al. A medida que el poder de Roma se extendió, algunas manifestaciones de ese poder se vieron recompensadas con un culto religioso. No sólo estaba la diosa Roma, también se rendía culto a otros aspectos no individuales de Roma, pero, desde el final del siglo III a.C. hubo romanos tales como Marcelo, Escipión el Africano y Flaminino que recibieron culto. César recibió honores divinos en Roma durante su vida y se le deificó tras la muerte. Desde entonces los emperadores populares a ojos del Senado recibieron la apoteosis tras la muerte. A partir de Augusto los emperadores reinantes en Roma recibían culto tanto en el Oriente de cultura griega, que tenía ya su propia tradición de culto a los soberanos, y en Occidente. Aunque los emperadores ejercían cierto grado de control sobre estos cultos no podrían interpretarse con un sesgo cristiano como meras iniciativas políticas sin contenido religioso. La aplicación del culto al emperador proporcionaba a los provinciales un método de definición a través del rito de su lugar dentro del Imperio y de su relación con el poder que gobernaba sobre ellos. Ver, Religión romana; Soberano griego, culto al.
 
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