Letrina

La letrina es un espacio, sito fuera de una vivienda en un cubículo al efecto, destinado a defecar, y normalmente no conectado a ninguna alcantarilla. La correcta deposición de los excrementos es fundamental para preservar la salud de las comunidades rurales y urbanas. Mientras en las ciudades la solución ideal es la recolección de las aguas negras o servidas por medio de una red de alcantarillado y el posterior tratamiento en plantas de tratamiento de aguas servidas, en las áreas rurales, con poca densidad de población, la solución técnica y económicamente más viable es la letrina. Los numerosos brotes de cólera de la historia fueron causados en gran parte por unos deficientes sistemas de retirada de los excrementos. A raíz de esas pandemias muchos gobiernos han emprendido campañas masivas de construcción de letrinas y alcantarillas. Si bien la letrina es en sí una construcción muy simple, hay una serie de normas que deben ser respetadas para maximizar su eficiencia. )o()o( El retrete en la antigua Roma )o( Cuando se habla de la higiene de los antiguos romanos, siempre hay que tener presente que las condiciones de aseo personal fueron muy limitadas, lo que se reflejaba en la atmósfera pestilente que se desprendía de las aglomeraciones. El antiguo inodoro que usaban los romanos era similar a una plancha o placa agujereada apoyada sobre dos soportes de mampostería; en otras ocasiones era un simple agujero en el suelo. Otra opción pasaba por la utilización de cacharros con formas de bote y de palangana a modo de orinal. Sólo las domus de los ricos disponían de agua corriente y de algo parecido a un baño (lavatrina) que también incluía retrete. Las clases más pudientes contaban con verdaderas letrinas, que no eran otra cosa que una placa horadada por agujeros circulares para uso de todos los habitantes de la casa, incluidos los esclavos. Mientras, las clases más humildes que vivían aglomeradas en las insulae disponían de tinajas, a modo de orinales, alojadas en el hueco de la escalera de la planta baja, o una fosa, que se empleaba para hacer las necesidades de sus vecinos. Para evitar el hedor pestilente que emanaban, las fosas se limpiaban de manera periódica. Las letrinas o retretes se conectaban con un canal que conducía los desechos a la red de alcantarillado en las ciudades que disponían de ella. La alternativa era depositar los desperdicios cerca de las fuentes públicas, donde el agua corría y se encargaba de arrastrar los detritus. Las letrinas ocupaban un espacio cercano a la cocina en el interior de las casas, muy cerca del fregadero y del fuego donde se guisaba; de esta forma, el agua que sobraba de fregar y baldear la cocina desaguaba la letrina y conducía la suciedad directamente a la calle. Las letrinas usadas por la mayoría tenían unas características higiénicas muy avanzadas para su época, ya que disponían de una corriente interna de agua que mantenía el lugar perfectamente drenado de residuos y de malos olores. )o( Los inodoros romanos disponían bajo el asiento de un recipiente que era vaciado por un esclavo tras su uso. )o( A falta de papel higiénico se utilizaban esponjas que sujetas a unos palitos servían para limpiar las partes íntimas. Los más cívicos vertían las heces de sus orinales en las tinajas; los menos civilizados las arrojaban directamente a la calle. )o( Los romanos que iban a las letrinas públicas con esclavos les hacían sentarse primero a ellos en la bancada para que la piedra se calentara. )o( Se calcula que Roma llegó a contar con 144 letrinas en el siglo IV . )o()o( Letrinas Públicas )o( Las hendiduras del suelo permitían la limpieza mediante una esponja acoplada a un palo que se mantenía limpia en un pequeño canal de agua corriente que discurría a los pies de los asistentes. Los escusados de tipo público eran conocidos como los foricae y se construían sobre una sala cuadrada o rectangular espaciosa, provista de un banco corrido adosado a la pared en todo el contorno. Este banco, de losas de piedra fina, tenía orificios ovoides con una abertura más estrecha en forma de gota delante; situados a distancias fijas donde se acomodaba el público que disponía de espacio suficiente para dejar objetos a su alrededor. En el suelo solían correr unos pequeños canales con la inclinación suficiente para que el agua estuviera permanentemente en movimiento; junto a estos canales había unos cubos con unas escobillas con el mango de madera y con una bola de esponja que se usaban a modo de nuestro papel higiénico actual, limpiándolas en el canalillo de agua. Una corriente interna de agua mantenía el lugar perfectamente drenado de residuos y de malos olores con características para la higiene muy avanzadas en aquella época. Su interior estaba hueco y por él discurría deforma continua una corriente acuosa que transportaba los residuos hasta las cloacas. Solía abonarse una pequeña cantidad de dinero por su uso para el mantenimiento y limpieza de las instalaciones, así como también para pagar el sueldo de los foricarium conductores. De tal guisa se convertía en un espacio de encuentro social, donde los romanos se citaban y departían un rato. Durante las campañas bélicas, los legionarios, al no disponer de letrinas exclusivas en los campamentos donde se instalaban, excavaban zanjas para defecar, lo que se convertía en un foco de infecciones, o bien buscaban un arroyo o riachuelo próximo para, después de hacer un pequeño canal y desviar parte de la corriente hacia su emplazamiento, poderse asear. Pese a que no se conservan demasiados restos arqueológicos relacionados, se calcula que Roma llegó a contar con 144 letrinas en el siglo IV de nuestra era. Así pues, Roma fue mucho más higiénica en este aspecto que muchas grandes ciudades europeas posteriores, incluso hasta entrado el siglo XIX. Ver, Lavatrina, Cloaca Máxima, Cloacas romanas.
 
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