Brasero
Corresponde al signo jeroglífico "jet". Este interesante jeroglífico, que frecuentemente se denominó "signo de fuego", representa un brasero o lámpara sobre un pie del que surge una estilizada llama. Funcionaba como determinativo de prácticamente todas las palabras referidas a los diferentes aspectos del calor, tales como jet, "fuego", sedjet, "llama", ta, "caliente", y seref "temperatura", y también de términos relacionados como abu y teka, "antorcha" y "vela". En muchas culturas antiguas, el fuego se consideraba una entidad poderosa y misteriosa, y por ello no debe sorprender que este elemento figurara de forma destacada en las creencias religiosas egipcias, y que su forma jeroglífica aparezca a menudo en el arte. Puesto que el fuego parece tener vida propia, podía representar la vida misma, como cuando el rey egipcio encendía una flama nueva en su fiesta sed o de jubileo. El fuego viviente se encarnaba en el sol y en su emblema, el uraeus "escupidor de fuego". La gran ciudad del culto al sol, Heliópolis, podía representarse con el signo del fuego; y un par de signos de este tipo formaban el nombre de la mítica "Isla de Fuego", que fue el lugar de nacimiento del dios sol y se usó como probable metáfora para el amanecer. Más allá de esta imaginería solar, el fuego también fue un importante elemento en la concepción egipcia del mundo subterráneo, a veces de forma curiosamente similar a la concepción cristiana medieval del infierno. Según algunas obras, como los Textos de los Sarcófagos, el mundo subterráneo tenía ríos y lagos de fuego, así como demonios de fuego (identificados por los signos de fuego sobre sus cabezas) que amenazaban al malvado. En representaciones de la quinta "hora" del Amduat, se observan lagos de fuego representados en la forma del signo habitual para lago o estanque, con líneas de "agua" de un rojo encendido, y rodeados en sus cuatro lados por signos de fuego que no sólo señalan la naturaleza abrasadora del lago, sino que además lo alimentan con el "goteo" gráfico de sus llamas. De manera similar, en una escena del Libro de las Puertas, los condenados aparecen sometidos al aliento ardiente de la enorme serpiente Amemet; esta y otras serpientes mitológicas, que aparecen con frecuencia en viñetas de papiros funerarios del Período Tardío, portan signos de fuego que las identifican. Sin embargo, las llamas del mundo subterráneo no tenían que ser necesariamente temibles para los justos, que podían beber en el Lago de Fuego y refrescarse, o transformarse incluso en llamas punzantes para destruir a sus enemigos demoniacos. Puesto que todos los signos son esencialmente ambivalentes, el fuego también fue un símbolo natural de protección. Este jeroglífico aparece en contextos protectores y divinidades apotropaicas como Taueret -la diosa hipopótamo del embarazo- pueden representarse portando antorchas para repeler el mal. También aparece como amuleto que se usaba para ayudar al fallecido.

