Anáthema
o Anatema. Objeto dejado como ofrenda duradera en un santuario griego. Constituía el testimonio visible de la relación del individuo con la divinidad, así como la principal forma de expresión de la devoción privada y el documento más representativo de la piedad oficial. Desde época temprana se desarrolló una verdadera industria de este tipo de objetos devocionales, tales como figuritas de bronce o de terracota, pinturas en arcilla o madera, guirnaldas, copas de oro, vestidos, instrumentos de una profesión, etc.. Así es que en un antiguo epigrama griego se ve a un pescador ofreciendo sus redes en el altar de las ninfas del mar. Los pastores dedicaban a Pan sus caramillos y Lais, marchita ya por la edad, consagró su espejo a Venus. La ofrenda votiva más representativa de los santuarios griegos era el caldero sobre un trípode que se utilizaba como instrumento culinario en la ceremonia sacrificial. El nombre anatema se aplicaba también a la víctima ofrecida a los dioses infernales, y bajo este significado es como adoptaron esta palabra los judíos y los cristianos. Pronto la palabra evolucionó entre estos, con el sentido de condena de los herejes, que posteriormente pasó a ser empleada como reprobación de una persona o doctrina opuesta a la de la Iglesia y que conduce por tanto a la excomunión y separación de la congregación.

