Academo

o Academos. Habiendo robado Teseo a Helena, Cástor y Pólux se presentaron a mano armada para exigir de los atenienses la libertad de su hermana. Contestaron éstos que ignoraban su paradero, y los tindáridas no pensaron desde entonces más que en la venganza. Se hallaban ya dispuestos para iniciar la guerra, cuando Academo, que supo, no se sabe como, el lugar donde había sido escondida Helena, manifestó que se hallaba en Afidna. Cástor y Pólux en recompensa dispensaron muchas distinciones a Academo durante su vida, y los lacedemonios, que después de su muerte hicieron varias incursiones en Ática, destruyéndola y saqueándola, respetaron siempre, por honor suyo, la tierra de Academo a orilla del Céfiso, a seis estadios de Atenas. Con el tiempo se convirtió en un jardín de olivos y plátanos, que tomó el nombre de Academia, derivado del de su poseedor. Allí se reunían Platón y sus discípulos a conversar sobre diferentes puntos de filosofía, lo cual hizo dar a su escuela el nombre de Academia. Plutarco. Dicearco escribe que este jardín no se llamó academia de este Academo. En el ejército de los tindáridas, dice, que había dos arcadios, llamados Equedemo el uno y Maratón el otro. Del primero tomó este jardín el nombre de Equedemia y más adelante el de Academia, y el del otro compañero se dio a la ciudad de Maratón, en memoria de haber cumplido con un antiguo oráculo ofreciéndose voluntariamente a ser sacrificado al frente de las tropas.
 
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