Leche

La leche más apreciada por los romanos era la de oveja, seguida por la de cabra. La leche de vaca no gustaba demasiado. Los romanos no criaron razas lecheras y usaban el ganado vacuno para el tiro. En cuanto a la leche de burra, se usaba como producto de belleza. La leche se bebía pura, sin desnatar, o cortada con agua, vino o hidromiel. En la cocina había platos a base de leche (las gachas de cereales, por ejemplo). Aunque los romanos no hacían mantequilla, conocían los quesos: leche cuajada aromatizada y distintas clases de quesos sin cocer. En el siglo II, eran famosos los de Nîmes, Gévaudan y Lozère. Los médicos recomendaban con frecuencia la leche como reconstituyente o curativo para algunas enfermedades (gota, tisis). Por último, se solía ofrecer leche a las divinidades en las libaciones y los sacrificios; los cosecheros la ofrecían a Ceres, los pastores a Palas, y en un cuartel de Roma, llamado por esto Vicus sobrius, ofrecían a Mercurio leche en lugar de vino. Ver, Comida y bebida.
 
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