Ibis
Ave zancuda de plumaje blanco, excepto la cabeza, el cuello, cola y extremidades que son negros. De pico encorvado con parte de la cabeza y la garganta sin plumas. Cuando mete su cabeza y cuello debajo de sus alas, dice Elio, su figura se parece a la del corazón humano. Se dice que esta ave introdujo el uso de los lavatorios. Los egipcios le tributaban los honores divinos y eran condenados con pena de muerte los que mataban un ibis, aun cuando lo hiciesen involuntariamente. Este respeto estaba fundado en su utilidad. En la primavera salían de Arabia una infinidad de serpientes aladas que venían a caer sobre Egipto, que hubieran enteramente devastado a no ser por dichas aves, que las cazaban y destruían enteramente. Perseguían asimismo las orugas y las langostas. Se ve muy frecuentemente a Ibis en la Tabla Isíaca. Algunas veces se representaba a Ibis con cabeza de esta ave bienhechora. Estaba consagrada particularmente a Mercurio, porque sus plumas blancas y negras representaban ambas palabras, la exterior o articulada, y la interior que se dirige a nosotros mismos, esto es la reflexión y la voz de la conciencia. Actualmente, el antiguo y verdadero ibis se ha extinguido, sucediéndole en el valle del Nilo la garza blanca, pájaro de la misma familia aunque de menor tamaño, que vive de los moluscos de agua dulce.

