Edomitas
o Idumeos. Pueblo de origen semita. Aparecen citados en numerosas ocasiones en el Antiguo Testamento por ser vecinos y enemigos de los israelitas. De todos los pueblos y tribus a los que tuvieron que enfrentarse los israelitas, los edomitas eran los que tenían con ellos un parentesco más cercano y con los que establecieron una relación de amor/odio más intensa. Su origen mítico se remonta a Esaú, el hermano de Jacob que perdió su primogenitura y se convirtió en padre de otro pueblo fuera de la tierra de Israel. El capítulo 36 del Génesis ofrece la genealogía mítica de Esaú como patriarca de los edomitas. Más tarde, en el libro de Números, menciona el episodio del agua de la roca y la petición de paso de Moisés al rey de Edom, que fue denegada. Sea o no cierto este episodio, lo que sí es verdad es que las relaciones entre Edom e Israel nunca fueron buenas. Los edomitas ofrecieron refugio a David contra Saúl, interviniendo de este modo en la política interna de su vecino. Sin embargo, cuando David ascendió al trono, lejos de mostrarse agradecido, atacó Moab y Edom, y permitió que su general Joab masacrase a la población edomita. La rivalidad entre los dos pueblos parece tener su origen en el intento de controlar la ruta de Uadi Araba y sus riquezas (tanto el comercio como las minas de cobre conocidas desde el Calcolítico). Los edomitas, además, eran famosos por emprender constantes expediciones de saqueo contra el sur del reino de Judá o contra cualquier caravana que atravesase su territorio. Con la aparición del poder asirio las luchas entre judíos y edomitas pasaron a un segundo plano, debido al terrible poder del nuevo enemigo. Se tienen noticias de cómo Esarhaddón de Asiria cobró un tributo al rey edomita Qaush-Gaber. La ocupación principal de los edomitas parece ser el pillaje, no la organización de las rutas caravaneras. Debemos entender esta actividad como una muestra de un carácter primitivo y de poca civilización y organización social, lo que les hizo ser débiles a la hora de enfrentarse a grandes amenazas externas. Por eso, a lo largo de su historia los edomitas sufrieron varias derrotas que les pusieron al borde de la extinción, a causa de las severas represalias que tuvieron que sufrir. Hacia el año 580 a.C. comienza a aparecer en escena un nuevo pueblo nómada, los nabateos, procedentes de la Península Arábiga, quizás empujados por la nueva situación en su lugar de origen tras la aparición de las tropas persas en los años previos. Su vida de pastoreo y pillaje resultaba mucho más difícil con la llegada de los ejércitos persas, interesados en la seguridad de las rutas comerciales. Por ello los nabateos decidieron trasladarse hacia el norte y se establecieron en el, por entonces, casi despoblado territorio de Edom. Los primeros contactos entre edomitas y nabateos fueron los propios entre un pueblo sedentario (Edom) y uno nómada, con las lógicas tensiones. Al final, sin embargo, parece que se produjo cierta fusión entre ambos pueblos, de manera que los nabateos adoptaron la mayor, aunque relativa, civilización de los edomitas, mientras que absorbieron a Edom bajo su propio nombre. Además, ambos pueblos pretendían descender de un mismo patriarca, Ismael, hijo de Abraham y la esclava egipcia Agar, a través de dos hijas distintas. Los edomitas se consideraban hijos de Bashemat, casada con Esaú, mientras que los nabateos decían ser descendientes de su hermana Nabaioth. Los nabateos descubrieron algo que los edomitas no habían sido capaces de ver: era mucho más lucrativo convertirse en protector de las rutas comerciales y de las caravanas que vivir del asalto y pillaje de las mismas. El territorio de Edom era la Idumea de los romanos. Ver, Herodes el Grande, Edom.

