Dalila
Cortesana filistea, de la que habla la Sagrada Escritura, que habitaba en el valle de Sorec, y de la cual se valieron sus conterráneos para averiguar en qué consistía la fuerza de Sansón. Éste le reveló que el secreto de su fuerza estaba en sus cabellos. Dalila le traicionó, recortando durante la noche los cabellos de su amante, con lo cual perdió éste su extraordinaria fuerza y en seguida lo entregó atado de pies y manos a los filisteos. Objeto de las burlas de sus enemigos, lo cegaron. Cuando sus cabellos hubieron crecido de nuevo, recobró su fuerza, retorció las columnas del edificio que lo albergaba, pereciendo allí Sansón y muchos filisteos. Dalila se cuenta entre el número relativamente escaso de mujeres (otras dos serían Débora y Judit) que desempeñan un papel importante en el Antiguo Testamento.

