Biatia
Los orígenes de esta ciudad del sur de la península Ibérica se remontan a la Edad del Bronce. En el II milenio a.C. se fundó un núcleo de población en el cerro del Alcázar, en un extremo del casco urbano de la ciudad actual. Hasta la etapa ibérica se desconoce lo que ocurrió en el cerro, pero en el siglo IV a.C. se confirma la presencia de un oppidum de la tribu ibera de los oretanos, que estaba adscrito a la órbita de Cástulo. En época romana, Biatia o Beatia o Viatia o Vivatia, que con estos nombres aparece mencionada en las fuentes, era una ciudad obligada a pagar tributos, pero que tenía potestad para dictar sus propias leyes y acuñar moneda, estando adscrita a la Hispania Citerior. En el siglo I se incluyó en el Conventus Cartaginensis (Provincia Tarraconense) cuya administración y economía estaban regidas por Cartago Nova y la vecina capital de Cástulo, pasando a ser considerada municipio flavio. En esta época ya era un importante centro administrativo y de intercambio comercial. Es una época en la que Biatia juega un papel fundamental en las vías de comunicación que dan paso a la plata que iba de las minas de Sierra Morena hacia la costa oriental de la península. Al final del imperio romano Biatia recoge el testigo de capitalidad la provincia que ostentaba Cástulo, al trasladarse aquí la ceca y ser sede episcopal visigoda. También se verá afectado el territorio con las oleadas de invasiones bárbaras, en el siglo V, aunque una oligarquía hispano-romana mantendrá su pujanza en la comarca hasta que en el siglo VI la presencia y autoridad visigoda se muestre con más fuerza. La aristocracia goda se funde con la hispanorromana y se hacen con todos los resortes del poder; el campesinado está compuesto su mayoría por hispanorromanos, la clase social más numerosa, con propietarios libres de tierra, colonos y esclavos. Hay numerosos yacimientos arqueológicos en la zona. Hoy, Baeza, provincia de Jaén, comunidad autónoma de Andalucía, España. Ver, Basti.

