Horcos
En la mitología griega, era el daimon que personificaba los juramentos, velaba por su cumplimiento y castigaba el perjurio. En esta faceta punitiva Horcos era compañero inseparable de Dice "la justicia", y estaba asistido por las terribles erinias. Higinio afirma que era hijo de Éter y de la Tierra, mientras que Hesíodo en su Teogonía lo enumera entre la prole de la diosa Éride, con la connotación negativa que esto tenía y que se explicaba por los males que a los hombres había acarreado el hacer juramentos sin meditar y luego no haberlos cumplido. En una de sus fábulas, Esopo cuenta que un hombre había recibido una suma de dinero en depósito que no pensaba devolver. Huyendo de la ciudad se encontró con Horcos, y le preguntó cada cuanto tiempo solía volver a cada sitio en busca de perjuros. El daimon le contestó que volvía cada treinta o cuarenta años, por lo que el hombre no dudó al día siguiente en jurar que nunca había recibido el depósito. Ese mismo día se topó con Horcos, que lo arrojó desde un precipicio explicando que si bien solía regresar cada treinta o cuarenta años, podía hacerlo el mismo día cuando intentaban provocarle. Figuraba también como uno de los epítetos del rey de los dioses (Zeus Horcio), que castigaba la violación de los juramentos y que como tal tenía una estatua consagrada en Olimpia. Ver, Orco.

