Denario

Nombre de dos monedas romanas, una de oro y otra de plata. El denario fue la primera moneda de plata acuñada por los romanos. La emisión inicial se hizo en época republicana, entre los años 269/68 y 212/11 a.C.. Los primeros denarios acuñados en la ceca de Roma, situada en el Capitolio junto al templo de Juno Moneta, imitaban las monedas griegas. En el anverso aparecía la cabeza de la dea Roma con un casco alado, como en la representación de Pallas, y la marca de su valor (X=1O ases o XVI=16 ases, según la época); en el reverso, los Dióscuros, Cástor y Pólux, cabalgando lanza en ristre y la leyenda: ROMA. En el mundo romano, el derecho de emitir moneda estuvo siempre unido al poder y se atacaron duramente las falsificaciones, como establece, por ejemplo, la Lex Cornelia: "el que fundiera una moneda de plata falsa queda sujeto como reo de falsificación" (Digesto). A fines de la República surgieron magistrados encargados especialmente de las emisiones (triunviri monetales), quienes, fiscalizados por el Senado, escogían los nuevos tipos que se iban a reproducir y que consistían normalmente en divinidades y motivos tomados de la historia legendaria de Roma, así como imágenes que conmemoraban acontecimientos políticos destacados (victorias, etc.). Más tarde, desapareció la marca del valor y los tipos se personalizaron, pues los triunviri encargados de la acuñación comenzaron a grabar en los reversos las armas o símbolos de sus familias y en las leyendas aparecían sus propios nombres. Un paso significativo, numismática e históricamente, tuvo lugar en época de César, quien, autorizado por un Senado consulto, estampó su efigie en el anverso: por primera vez aparecía un personaje vivo, el gobernante, representado en las monedas. Desde Augusto y a lo largo del Imperio, los emperadores utilizaron su "ius imperium" para realizar emisiones y, siguiendo el precedente sentado por César, los anversos de los denarios quedaron reservados a sus efigies y a las de los miembros de la familia imperial. Así, se han conservado estos peculiares "retratos" de todos ellos, sobre todo hasta la época de los Antoninos, cuando dichas reproducciones se realizaban de forma muy realista; desde fines del siglo II los retratos son más descuidados y en el Bajo Imperio se trata de imágenes estereotipadas. En cuanto a los reversos de los denarios imperiales, la iconografía es muy variada: dioses, semidioses, héroes, motivos de propaganda imperial (personificaciones alegóricas como la abundantia, libertas, victoria o iustitia), representaciones de actos públicos del emperador (alocuciones al ejército, partidas o llegadas a ciudades). Finalmente, figuran también símbolos que pregonan el poder de Roma: el genius del pueblo romano, personificaciones del ejército o de las provincias, etc. Asimismo, en la etapa imperial, se desarrollaron las leyendas, apareciendo en los anversos junto con los retratos la onomástica, títulos y honores de los emperadores, abreviados: lmperator (IMP.), Caesar (C.), Augustus (AVG.), tribunicia potestas (TR.P.), Pontifex Maximus (PM.), etc. En los reversos existía una serie de leyendas que explicaban las imágenes y símbolos. Las fluctuaciones y las reformas monetarias fueron continuas durante el Imperio. En época de Augusto la moneda de plata romana era el denario, que tenía un peso teórico de 3,89 gr y un grado de pureza de un 98 a un 96%. Poco después, en tiempo del emperador Claudio, el peso del denario se mantenía entre los 3,75 y 3,80 gr, pero circulaban en número considerable denarios fabricados con metales de menor valor y forrados de plata (que antes sólo habían aparecido esporádicamente). Esto puede interpretarse ya como un primer síntoma de inflación, aunque bien podría tratarse de emisiones fraudulentas sin carácter oficial, realizadas ilícitamente por quienes tenían acceso a los cuños. Durante el gobierno del último de los emperadores Julio-Claudios, Nerón, se llevó a cabo una reforma monetaria. El resultado fue la devaluación del denario: reducción del peso y de la ley de la moneda de plata (peso teórico de 3,41 gr y pureza de un 94%). Esta reforma debe inscribirse en un contexto histórico de crisis financiera, originada tanto por los cuantiosos gastos generados por la reconstrucción de Roma (destruida en el incendio del año 64), como por los problemas existentes en diversas provincias del Imperio (Britannia, Armenia, Judea y Galia). Con las nuevas emisiones se pretendía aliviar la escasez de moneda (detectada ya en época de Tiberio), así como potenciar al denario como instrumento básico empleado en el comercio y los negocios. Pero junto a esto hay que tener presente que la baja del valor real de la moneda repercutió en el alza de los precios y por tanto en el aumento de la inflación. Tras Nerón, continuó imparable el descenso de su valor intrínseco hasta que el denario se convirtió en una moneda de cobre plateado o estañado y, finalmente, de cobre sin blanquear. Efectivamente, durante todo el siglo II fue disminuyendo la cantidad de plata utilizada en la fabricación de los denarios, consecuencia directa de las crecientes dificultades financieras del Imperio, sobre todo a partir de mediados del siglo. Con Marco Aurelio (161-180), la ley (contenido de metal fino) era de 0,7 gr y con Septimio Severo (193-211), de 0,5 gr. Los graves problemas económicos determinaron la adopción de nuevas medidas, concretadas en otra reforma monetaria que llevó a cabo el emperador Caracalla quien, en el año 215/14, creó una nueva moneda de plata: el argenteus antoninianus o antoniniano. Tras Gordiano III (siglo III), el denario, cuya pureza había disminuido hasta un 5%, dejó de emitirse, siendo sustituido por el antoniniano introducido tiempo atrás por Caracalla. El denario comenzó en plata pura y terminó casi sólo en cobre, pero unió las tierras romanas durante cinco siglos. Equivalía a cuatro sestercios.
 
Volver