Ceremonia de purificación
En Atenas y en otras partes de Grecia se purificaba cada año la ciudad en el sexto día del mes de Targelión (= 24 de mayo), con el fin de preparar dignamente el recibimiento, al día siguiente, de la visita de Apolo. En los tiempos remotos se elegían dos víctimas humanas: un hombre y una mujer, llamados pharmakoí o kathármata. Más tarde fueron elegidos dos hombres y, posteriormente, dos delincuentes de delitos comunes. Se les daba de comer queso y pasteles de cebada y de higos. Luego se les forzaba a dar una vuelta a la ciudad, y se les flagelaba siete veces con látigos y dos veces con ramas de olivo. Se les condenaba a muerte y se quemaban sus cuerpos con ramas de árboles estériles, arrojando sus cenizas al mar. De esta forma se creía que la ciudad transfería sus propias impurezas a estos pharmakoí, liberándose de sus manchas y delitos, que habían sido llevadas fuera de su entorno por las víctimas condenadas a muerte. Más tarde se contentaron con expulsar a estas desdichadas víctimas fuera de las fronteras nacionales. No es sorprendente que los más pobres y desheredados de la fortuna se presentaran como voluntarios con frecuencia para desempeñar tal papel, atraídos por la seguridad de disfrutar, al menos algunos días antes de la ceremonia, de las delicias de la magnanimidad pública.

