Anacoreta
En los comienzos del siglo IV se da un nuevo paso en el desarrollo de la vida monástica, algunos cristianos se retiraban a lugares solitarios con el fin de dedicarse a hacer penitencia, a determinadas prácticas de piedad y a vivir en perfecta castidad. A éstos se los denominaba solitarios, ermitaños y más comúnmente anacoretas. Este género de vida cada vez se hizo más frecuente. Uno de los primeros fue San Pablo, denominado el Solitario o ermitaño, retirado al desierto de Egipto, muerto el año 347. Esta vida anacoreta fue imitada pronto por otros seguidores, constituyéndose así un tipo ideal de la vida anacorética. No obstante, muchos anacoretas reunidos en torno a San Antonio Abad, a mediados del siglo IV, inauguraron un género de vida intermedio entre el solitario y el cenogítico. Los discípulos de Antonio vivían todavía en chozas aisladas, pero todos ellos formando grupos o comunidades, bajo la dirección del Abad, Antonio.

