Ovidio Nasón
Publio (Publius Ovidius Naso) (43 a.C.-17). El más elegante y prolífico de los poetas romanos, nació el 20 de marzo del 43 en Sulmona. Su padre, miembro de una antigua y respetable familia ecuestre, envió a Roma a sus dos hijos, de los cuales Ovidio era el más joven, con el fin de prepararlos para la carrera senatorial. Ovidio fue un discípulo destacado de los retóricos Aurelio Fusco y Porcio Latro. Tras la muerte de su hermano, en el 24, Ovidio realizó un viaje por Grecia con un amigo, el poeta Pompeyo Mácer, y a su regreso comenzó su ascenso por la escala senatorial desempeñando cargos legales menores. Muy pronto dejó su carrera a un lado para dedicarse a escribir poesía, alentado por su patrono, Mesala Corvino, que lo descubrió al comienzo de su carrera poética. La asociación con Mesala puso a Ovidio en contacto y amistad con Galo y Tibulo. Ovidio fue también amigo íntimo de Propercio. Conocemos la vida de Ovidio a través de sus obras autobiográficas, escritas durante su exilio, incluidas en sus Tristia y Cartas desde el Ponto (Epistulae ex Ponto). Se casó tres veces: se divorció de su primera esposa, tuvo una hija con la segunda, que murió seguidamente, y su tercera esposa, que pertenecía a la familia de Paulo Fabio Máximo, trabajó continuamente a su favor durante su exilio. Ovidio componía fluidamente, siempre en versos elegíacos, a excepción de las Metamorfosis y de su obra teatral (perdida) Medea. La mayor parte de su primera poesía era de tema erótico: Ovidio disfrutaba describiendo encuentros amorosos, a menudo disfrazándolos con una capa mítica. Ovidio tituló su primera obra Amores, publicándola originalmente, ca. 16 a.C., en cinco libros, y reeditándola más adelante en tres. Ovidio se aparta del enfoque serio y a menudo irónico de Propercio, adaptando el carácter de sus protagonistas a una posición más astuta y mundana, respondiendo así con humor e incluso parodiando la obra de sus compañeros elegíacos. Ovidio ofrecía lecturas públicas de sus poemas, ganándose así una reputación que le ayudaba a vender libros. Sus Heroínas (Heroidas) fueron compuestas después de la primera edición de Amores (ca. 13) y pretendían ser cartas imaginarias de heroínas famosas de la mitología griega dirigidas a los hombres que las habían abandonado: se trata en efecto de monólogos dramáticos, ingeniosos y con un estilo muy retórico, reflejo de la educación de Ovidio. La número 15, con la poetisa Safo como heroína, es probablemente de otro autor. Su amigo Sabino escribió las respuestas de los héroes. Su elegante e ingenioso Arte de amar (Ars amatoria), cuyos dos primeros libros publicó Ovidio en el 1 a.C., adopta la forma de un tratado sobre cómo conseguir una amante. El tercer libro, publicado un poco después como una secuela, da la vuelta a los dos primeros, dirigidos a los hombres, y aconseja a las mujeres sobre el modo de conseguir un hombre. Antes de publicar este tercer libro, Ovidio compuso un poema sobre cosméticos, De los medicamentos de la cara (Medicamina faciei femineae), del que sobreviven los cien primeros versos y que revela la habilidad de Ovidio para competir con Nicandro en componer poesía sobre fármacos. Remedios para el amor (Remedia amoris) pretende ser una retractación de las tesis del Arte de amar, ofreciendo aparentemente consejos sobre cómo librarse de una pasión indeseada, pero su tono es tan burlón como el del poema anterior. La mitología se convirtió a continuación en la principal preocupación de Ovidio, y en los años anteriores a su destierro compuso dos obras. Fastos (Fasti) relata las historias que se hallan detrás de las fiestas del calendario romano, y Metamorfosis, su obra maestra sobre la mitología griega, es una obra inmensa y épica tanto por su estilo como por su extensión. Se la describe como un carmen perpetuum, un poema continuo, y tenía como elemento de unión el uso de una metamorfosis, un cambio de forma de una criatura en otra, que se produce en cada historia. A diferencia de la épica tradicional, las Metamorfosis narran muchas historias, pareciendo satisfacer así el criterio calimaqueo de la miniatura ideal, al tiempo que amplía la obra hasta dimensiones épicas. La transición de una narración a otra está manejada con una gran habilidad y toda la obra fluye como un poderoso río. Ovidio acababa de terminar sus Metamorfosis cuando fue informado de su destierro a Tomis (Constanza), en el mar Negro, en la costa de Rumania. Como protesta quemó simbólicamente una copia de las Metamorfosis, pero existían otras copias. Ovidio ya había terminado y finalmente publicado los seis primeros libros de los Fastos, sobre los festivales de enero a junio, pero nunca llegó a completar la segunda parte. De algún modo, Ovidio había provocado un agrio resentimiento en el emperador Augusto, pero la razón de su exilio nos es desconocida, más allá de la afirmación del propio Ovidio de que esta fue causada por "un poema y un error". El poema era el Arte de amar (Ars amatoria), aunque había sido publicado diez años atrás. El error pudo ser su implicación en algún mal comportamiento de la famosa nieta del emperador, Julia, que fue desterrada a una isla ese mismo año, el 8. De cualquier forma, Ovidio había ofendido la puritana moral que Augusto trataba de imponer a la clase alta de Roma. Se le permitió mantener sus derechos como ciudadano romano y sus propiedades, que administró su esposa, a la que no permitieron acompañarle, y que actuó también como su agente literario y abogado. Mientras permanecía en Tomis, Ovidio escribió entre el 9 y el 12 cinco libros de Tristia, en parte autobiográficos, en parte descriptivos de su nuevo entorno y en parte (libro 2) una súplica de clemencia al emperador. Ovidio escribió también cuatro libros de Cartas desde el Ponto (Epistulae ex Ponto), cartas en verso dirigidas nominalmente a sus amigos en Roma. Ambas colecciones, en las que Ovidio retoma el verso elegíaco, son efectivamente súplicas para que se anulara su condena, aunque parece que el libro 4 de las Cartas se publicó póstumamente. Ovidio escribió un poema satírico, que publicó ca. 11, sobre un hombre no identificado al que odiaba y al que señaló con el nombre de un pájaro, el ibis, elegido por su modo de vida inmundo. No conocemos la fecha de su obra (perdida) Medea, pero su afinidad con la obra griega de Eurípides (que escribió una Medea, conservada) es evidente a través de sus Heroínas y de numerosas historias de las Metamorfosis. Ovidio tenía además una deuda con el poeta helenístico Calímaco, cuyas obras etiológicas se reflejan en los Fastos y cuyo poder de invectiva se refleja en el Ibis. En sus poemas, Ovidio se lamenta de las duras condiciones de vida del pequeño pueblo fronterizo donde se le forzaba a vivir, pero se dedicó a componer y aprendió el idioma local, el gético. Su sentencia no se anuló nunca, ni siquiera tras la muerte de Augusto, en el 14. Ovidio fue un brillante poeta que ofreció un alejamiento refrescante de la gravedad de sus predecesores romanos y del pesimismo de buena parte de la poesía griega. La exuberancia y alegría de su poesía anterior al exilio son intensamente atractivas, y su reelaboración de ideas y frases es una característica interesante. Según evolucionaba, Ovidio se empeñó en una exploración, incluso más profunda, de las emociones y pasiones humanas. Su obra fue muy popular en vida de Ovidio, y continuó siéndolo durante el resto de la antigüedad, aunque Quintiliano lo critica por el exceso de autocompasión en su composición. Fue atesorado durante toda la Edad Media y bien entrado el Renacimiento: era el autor favorito tanto de Chaucer como de Shakespeare. Una versión moralizante y cristianizada de sus poemas circuló en el siglo XIV, y los pintores renacentistas lo utilizaron como fuente de inspiración para sus temas. Ovidio sigue influyendo en la poesía y en el arte.

