Higuera
Se decía que Remo y Rómulo fueron alimentados debajo de una higuera por una loba, y este árbol se hizo célebre. Tácito refiere que esta higuera, después de haber subsistido ochocientos treinta años, se secó y volvió a reverdecer. Lo cierto es que la higuera de la plaza de Roma había sido plantada para conservar la memoria de la que, según la tradición popular, había alimentado a Remo y Rómulo. Este árbol nunca se cortaba, se dejaba morir de vejez, y cuando estaba seco, los sacerdotes lo sustituían por otro. Se le llamaba Ruminalis. Este árbol estaba consagrado a Mercurio. Ceres, dice Pausanias, la había dado al ateniense Fístalo, en recompensa de la hospitalidad que había recibido de él. Los lacedemonios honraban con ella a Baco, y en sus fiestas llevaban higos en sus cestas. En los misterios de Isis y Osiris, las personas que llevaban en sus cabezas los canastillos sagrados se hacían una corona de hojas de higuera.

