Píramo
Píramo y su amiga Tisbe son los protagonistas de una aventura amorosa, de la que existen dos versiones independientes. Según una de ellas, probablemente la más antigua, Píramo y Tisbe se amaban y se unieron antes de casarse. Tisbe quedó encinta y, desesperada, se suicidó; su amante, al saberlo, quitóse también la vida. Los dioses se apiadaron de ellos y los transformaron en corrientes de agua. Píramo pasó a ser el río homónimo de Cilicia, y Tisbe, una fuente que iba a verterse en él. La otra versión, mucho más dramática, es narrada por Ovidio, y supone una compleja elaboración literaria. Píramo y Tisbe eran dos jóvenes babilonios enamorados, que no podían casarse porque sus padres se oponían. Pero se veían en secreto, gracias a una rendija de la pared que separaba sus casas. Una noche se dieron cita junto al sepulcro de Nino, en las afueras de la ciudad. Había allí una morera, que crecía cerca de una fuente. Tísbe fue la primera en llegar al lugar, y he aquí que se presentó una leona que iba a beber a la fuente. La joven huyó, pero se le cayó el velo. La leona se arrojó sobre la tela y, con la boca ensangrentada aun de lo que había comido, la desgarró, alejándose luego. Llega entonces Píramo y, al ver el velo, imagina que la fiera ha devorado a Tisbe. Sin pararse a reflexionar se atraviesa con su espada. Cuando Tísbe vuelve, lo encuentra muerto y, arrancando la espada del cuerpo de su amigo, se mata a su vez. El fruto de la morera, que hasta entonces era blanco, se volvió encarnado, tanta fue la sangre vertida. Las cenizas de los dos amantes se guardaron en una misma urna.

