Músicos femeninos
El uso de la música, en el Antiguo Egipto, jugó un papel trascendental. Se utilizó para amenizar banquetes, acompañando campañas militares, en los funerales y en todas aquellas actividades relacionadas con los dioses. Aunque las músicos, bailarinas y cantoras estaban vinculadas con el erotismo no tenían una función directamente sexual, simplemente su ocupación se entiende como una forma de adorar, de animar y de regenerar al dios o al difunto. Míticamente, representaban a Hathor y Mut, denotando un aspecto relacionado con la maternidad y la sexualidad, aunque ésta no se desarrollase en el templo. Sacerdotisas, bailarinas, cantantes y músicos, eran las encargadas de entonar los cánticos prescritos y tocaban, desde el Imperio Antiguo, instrumentos musicales. Entre ellos destacaremos el Sistro y el Menat (de uso únicamente ritual). Entre los empleados en todos los aspectos musicales de la civilización egipcia citaremos: los címbalos (platillos), el crótalo (una especie de castañuelas), la pandereta, la lira, la flauta e incluso el arpa. Todas ellas fueron remuneradas de forma paralela al clero masculino, es decir participando de las ofrendas del templo. Durante el Imperio Antiguo los músicos aparecen en los relieves con su nombre propio escrito en jeroglífico, pero más tarde esta personalización desaparece y solamente se encuentran nombrados como colectivo. En éste y en periodos anteriores la mayor parte de los grupos de músicos estaban formados por personal masculino, sin embargo se encuentran excepciones. La presencia del título de Supervisor de Músicos Femeninos desde la Dinastía VI, que en muchos casos fueron mujeres, confirman la participación de la mujer en esta actividad desde épocas remotas, aunque era mucho más común que el puesto lo ocupara un hombre. La existencia de grupos de "interpretes" de música, en los Imperios Antiguo y Medio, está sobradamente documentada. El conjunto de las sacerdotisas, a principios del Imperio Nuevo, estaba formado prácticamente por todas aquellas féminas que se ocupaban de cargos relacionados con la música, con labores más o menos especializadas, sobre todo las Tocadoras de Sistro o Menat, que están documentadas desde la Dinastía IV, aunque sin duda su origen puede remontarse aún más atrás. En el Imperio Nuevo, sobre ellas se encontraba un Superior de las Cantoras del Norte y del Sur, aunque en ocasiones una de las Tocadoras de Sistro o Menat podía ser la propia reina. La Superiora del Cuerpo Musical Sagrado era la representante terrena de la diosa Hathor, Señora de la Danza y de la Música y patrona de la orilla occidental tebana. Hathor podía manifestarse a través de otras deidades, como por ejemplo Meret, que al fin y al cabo era un aspecto de Hathor y a la que se citará por estar aún más adscrita a estas actividades musicales, ya que era la personificación de la Sacerdotisa Cantora por excelencia. Esta estaba, a su vez, identificada con Isis y Neftis y, aunque carecía de un centro específico de culto, gozaba de un fervor popular entre las mujeres que ocupaban estos oficios. Representando a la diosa Meret, existía un grupo de mujeres que actuaban a modo de sacerdotisas llamadas Las que Aman. Eran instrumentistas tan importantes como para que participaran en el Heb Sed del monarca. Otras deidades menores, como es el caso de Bes, estaban también adscritas a estas funciones. La preparación de músicos era muy dura. Ver, Tocadora de sistro.

