Lámparas inextinguibles

Estas lámparas o nunca se extinguían, o se apagaban después de un tiempo limitado. En el templo de Minerva, en Atenas, había según Pausanias, una lámpara de oro, inextinguible, que quemaba un año entero día y noche, sin que en todo este tiempo hubiese necesidad de renovarla. San Agustín (Ciudad de Dios) habla de cierto templo de Venus donde había un candelabro sobre el cual había una lámpara que ardía al aire, y de tal modo inextingible, que no tan sólo la lluvia, pero ni la tempestad más violenta podía apagar. Solín habla de una lámpara semejante que había en un templo de Inglaterra. Plutarco dice que Cleombroto, lacedemonio, visitando el templo de Júpiter Ammón, vio una lámpara, que los sacerdotes dijeron que ardía siempre con el mismo aceite. Se citan otros ejemplos de lámparas perpetuas encontradas en los sepulcros, y entre otros, en el de Tuliola, hija de Cicerón, cuyo sepulcro se descubrió en Roma en 1.540. Se encontró, dicen, una lámpara encendida, que se apagó luego que el aire penetró allí. Algunos autores niegan todos estos pretendidos prodigios, fundados tan solo en el "oí decir", y en la relación de algunos obreros, que viendo salir de estos monumentos descubiertos, una especie de humo y encontrando en seguida una lámpara, concluyeron que esta lámpara se había apagado, y que de ella salía el humo. Ver, Lámparas.
 
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