Broquel
o Escudo. Era en otro tiempo el arma más distinguida, y los poetas antiguos se esmeraron en detallar las empresas y jeroglíficos que adornaban el broquel de sus héroes. Conocemos ya la descripción del broquel de Aquiles hecha por Homero; del broquel de Hércules por Hesíodo, y del de Eneas por Virgilio, bien que la imaginación de los poetas ha llevado gran parte en estas descripciones. El broquel de Aquiles ofrece un caballo marino para indicar el origen del hijo de Tetis. El de Agamenón presenta una gorgona lanzando terribles miradas. Sobre el de Eteocles, unos de los siete héroes de la expedición contra Tebas, se ve un hombre escalando los muros de una ciudad. El jeroglífico del broquel de Parténope, uno de los siete héroes, era una esfinge con un hombre entre las patas. Menelao tenía un dragón sobre el suyo. Héctor llevaba un león, Idomeneo un gallo, Amico un cangrejo símbolo de la prudencia. El signo del broquel de Ulises era un delfín, símbolo tan particular a este héroe que Licofronte sin nombrarlo, ha creído haberlo designado de un modo bastante caracterizado con el epíteto de Delphinosemos. Los descendientes de Cadmo llevaban una serpiente sobre su broquel para indicar que habían nacido de los dientes de un dragón, por cuyo motivo les llamaban Spartoi, sembrados. Acostumbraban los antiguos adornar las fachadas de los templos con broqueles, y en la cima del de Júpiter Olímpico se veía uno de oro. Era costumbre muy antigua suspender en las columnas de los templos los broqueles de los vencidos, como lo hizo Menelao con el de su enemigo Euforbo. Los filisteos hicieron lo propio con los broqueles cogidos al ejército de Saúl. En Atenas había un pórtico consagrado a esta costumbre. Servio refiere que se veía la imagen de Posidón esculpida en los broqueles de los griegos, y la de Atenea en los de los troyanos. En el teatro de Atenas había una égida de oro. Algunas veces hacían esculpir en los broqueles su propia imagen y la de sus ascendientes. El primero que lo hizo fue Appio Claudio, en el año de Roma 259. Era costumbre que, en el acto de la ofrenda se depositase una cierta cantidad de dinero en el tesoro de los pontífices. Se decretaban también broqueles en premio de ciertas acciones o virtudes cívicas. Tiberio, como príncipe piadoso, obtuvo este honor; y aun Hortensio y Germánico, como excelentes oradores. Finalmente, sobre los broqueles se representaban también mujeres en algunas ocasiones. Los broqueles sobre las medallas romanas, expresan, con frecuencia, los votos públicos rendidos a los dioses para la salud del príncipe. Tenían también grandes discos de metal sobre los cuales se representaban las imágenes o las célebres acciones de los héroes, tales son aquellos que se llamaban Clipei votivi, broqueles votivos. Se suspendían también en las columnas de los templos. Un escudo al lado de la cabeza del príncipe significa que debe tenerse como el defensor y protector de sus súbditos. En una medalla de Antonino se ven dos grandes escudos para denotar que este príncipe tenía en sus manos el destino del imperio, por alusión a la ancila o broquel fatal que se decía enviado del Cielo bajo el reinado de Numa Pompilio y a cuya conservación iba unida la grandeza de Roma. Había en el capitolio un escudo consagrado en el cual se leía: Genio urbis Romæ, sive mas, sive femina "genio de la ciudad de Roma, masculino o femenino). Estos broqueles o escudos se veían con más frecuencia en las medallas romanas unidas a la corona cívica o triunfal y sostenidos por la victoria.

