Biblia vernácula

La Biblia está presente en la vida medieval española en todos sus momentos, tanto en la literatura como en las artes plásticas. Se conservan un gran número de manuscritos latinos y no pocos hebreos. Por lo que a las traducciones al castellano se refiere, unas parten de la versión hebrea (Torah, equivalente al Pentateuco cristiano) y otras de la Vulgata latina. Entre las hebreas, la primera versión romance castellana es La fazienda de Ultramar (siglo XIII), obra de Almeric, arcediano de Antioquía, cuyo original quizá (aunque hay grandes dudas al respecto) sea anterior a 1.152 y estuviese escrito en latín, lemosín o gascón. También del siglo XIII es la Translación del Psalterio de Hermán el Alemán. Del XV es el manuscrito escurialense I-I-3, que traduce desde el Génesis a los Macabeos. De los ss. XIV-XV es la traducción parcial del manuscrito escurialense I-I-4, que incluye los mismos libros que el anterior. Los manuscritos escurialenses I-I-5 y I-I-7, del XV y XV-XVI respectivamente, forman una biblia completa. Otros manusritos que incluyen traducciones parciales son el escurialense J-II-19 (siglo XV), el 10288 de la Biblioteca Nacional de Madrid, con glosas marginales, y el Códice 87 de San Millán, conservado en la Real Academia de la Historia. El 10138 de la Biblioteca Nacional de Madrid contiene el Libro de Job, traducido por Pero López de Ayala a fines del siglo XIV. La Biblia de Alba (1.422-23) fue traducida y comentada con numerosas glosas por el rabino Moisés Arragel de Guadalajara. Por último, contamos con otras tantas versiones judeocastellanas impresas en Constantinopla (1.547) y Ferrara (1.533). Los sefarditas en la diáspora seguirán dejando claras huellas bíblicas que remiten al Medievo español en fechas tan tardíos como los ss. XVIII y XIX, a través de impresos de gran formato y, sobre todo, por medio de abundantes pliegos sueltos. Entre las traducciones inspiradas en la Vulgata cabe destacar el manuscrito escurialense I-I-2 (s. XIII), con parte del Antiguo Testamento y la mayor parte del Nuevo; el manuscrito I-I-6 (s. XIII) de la misma biblioteca, que pudiera haber sido consultado por Alfonso X para la redacción de la General Estoria; y el I-I-8 de El Escorial (siglo XIV), que forma, junto con el anterior y el Psalterio antes mencionado una biblia completa. Entre las numerosas traducciones de la Vulgata de utilidad litúrgica destacan el Psalterio de la Biblioteca Nacional de París, las Horas de Nuestra Señora con muchos otros oficios y oraciones, la traducción de Martín de Lucena el Macabeo de San Pablo (llevada a cabo para el Marqués de Santillana a mediados del siglo XV y conservada en un único manuscrito recientemente recuperado por A. Gómez Moreno), el Libro de los evangelios del aviento fasta la dominica in Passione de Juan López (1.490), los Evangelios e epístolas de todo el anyo de Gonzalo García de Santa María (1493) y las Epístolas e evangelios con sus dotrinas y sermones de Ambrosio Montesino (1512). La General Estoria alfonsí narra la historia del mundo desde la creación, aunque llega sólo hasta los padres de la Virgen (lo que alcanza hasta el comienzo de la parte sexta, en que acaba). Se basa en la Vulgata, aunque también utilizó fuentes clásicas, hebreas y árabes. Entre las biblias historiales cabe destacar la Historia de los Macabeos de Pedro Núñez de Osma, obra del siglo XV, así como la Historia de los Reyes Magos de fines del mismo siglo. Entre las biblias moralizadas, con el texto abreviado y numerosas glosas, comentarios e imágenes, destaca la Biblia rica de Toledo, modelo de la Biblia de Osuna. Junto a ello hemos de incluir las obras del siglo XV que toman como base la Vita Christi y que florecen al amparo de la devotio moderna, impulsada por Thomas Kempis y Jean Gerson; en este ámbito, crecen obras como la traducción de la Vita Christi de Ludolfo de Sajonia por Ambrosio Montesino, o bien la poesía de inspiración bíblica (con un caso extraordinario en Pablo de Santa María, antiguo rabino de Burgos y más tarde Obispo de Burgos, con Las siete edades del mundo), los comentarios y tratados sobre temas bíbicos o la numerosísima literatura homilética, de especial riqueza durante los ss. XIV y XV. El influjo de la Biblia es extraordinario, en mayor o menor medida, en el conjunto de la literatura de ese período. De una importancia enorme es el fenómeno de los comentarios y de las diversas formas de exégesis bíblica, apoyada en glosas tan conocidas como las de Nicolás de Lira, con versiones a las distintas lenguas vernáculas. Ver, Biblia.
 
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