Imperio Bizantino

Parte oriental del Imperio Romano desarrollado con autonomía a partir de la división que hizo Teodosio en el año 395 entre sus hijos Arcadio y Honorio. Tal división dio lugar al nacimiento de una dualidad, el Imperio Romano de Occidente, con capital en Roma, y el Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla, el cual perduró hasta el año 476 en el que Odoacro depuso al último emperador occidental, Rómulo Augústulo, y envió las insignias imperiales a Zenón de Constantinopla, quedando éste como único emperador y sucesor de la dignidad romana. Mientras este proceso tiene lugar, la tradición romana y latina del Imperio de Oriente se va diluyendo entre los caracteres griegos y helenísticos, más próximos, y la incesante llegada de elementos orientales. Por todo ello, el fundamento cultural de Bizancio es, por una parte, el derecho y la administración romanos, y por otra, el idioma y la civilización griega, mientras que las creencias y costumbres son cristianas. Con el tiempo, el carácter bizantino se convertirá en oriental. Durante la primera mitad del siglo V se dejará sentir la presión conquistadora de los germanos, que influyen en la corte. El emperador León I (457-474) consiguió acabar con ella gracias a la ayuda de los isaúrios del Asia Menor. De todos los emperadores de la primera época destaca Justiniano, que rigió el imperio entre los años 527 y 565. Con él, Bizancio adquirió un gran desarrollo en el exterior gracias a los generales Belisario y Narsés, y en el interior fue dotada de un gran esplendor cultural y artístico. A los pocos años de ser coronado, año 532, concluyó una paz con el rey de los persas, Cosroes, pudiendo así emplear todas sus fuerzas en la reconquista de la parte occidental del Imperio. Ocupó el reino de los vándalos del África del norte y, en el Mediterráneo, las islas de Córcega, Cerdeña y Baleares. Al poco tiempo, año 535, Justiniano intervino en Italia, donde Amalusunta, hija del rey ostrogodo Teodorico el Grande, había sido asesinada. El general Belisario primero, y, más tarde, año 555, Narsés, anexionaron al imperio de Justiniano Italia y Sicilia. Mientras tanto, el noble visigodo Atanagildo se había sublevado contra el rey visigodo Agila solicitando la ayuda del emperador bizantino para derrotarlo. Atanagildo subió al trono hispano pero tuvo que permitir, en pago a la ayuda militar recibida, que los bizantinos se reservaran para su dominio los territorios del sur de España y la plaza de Ceuta. Con estas conquistas de los generales Belisario y Narsés, se restablecía su dominio efectivo sobre casi todo el perímetro del Mediterráneo. En el interior, Justiniano emprendió la reforma de la administración y la codificación del derecho romano, de la que se encargó una comisión encabezada por el jurisconsulto Triboniano. Durante siete años, (528-535) se elaboró el Corpus iuris civilis, que abarcó todo el derecho y jurisprudencia anteriores y fue la base del renacimiento del derecho en el siglo XIII. Este código consta de cuatro textos: Institutiones (es un tratado para el estudio de los escolares), Digesto o Pandectas (es una recopilación de las obras jurídicas clásicas de origen romano), Codex Justinianus y Novellae (compilación de las constituciones imperiales y de las promulgadas por el propio Justiniano). También tuvo que reprimir duramente algunos levantamientos populares, como el del año 532 protagonizado por Niká, permitiéndose así desarrollar una política autocrática y absolutista el resto de su reinado. Los últimos años de su gobieno fueron más bien de decadencia: las luchas contra los persas se reemprenden y el exceso del gasto público llevó al Estado a un endeudamiento ruinoso. En los aspectos artísticos, fue el promotor legendario de numerosas obras arquitectónicas religiosas que constituyen lo mejor del arte bizantino.
 
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