Juvenal

Décimo Junio (Decimus Iunius Iuvenalis) (ca.55-ca.130). Fue un poeta satírico procedente de Aquino (Aquinum) en el Lacio, de cuya vida no conocemos prácticamente nada. La inscripción de una tumba en Aquinum (ahora perdida) sugiere, si realmente se trataba de la suya, que Juvenal era un caballero romano y funcionario imperial al tiempo que un magistrado local, y que había servido en el ejército como tribuno militar. Tres epigramas dirigidos a Juvenal por su amigo Marcial nos cuentan que este era un hábil orador, y sugieren que tras la habitual educación retórica, Juvenal había emprendido una carrera como abogado. Circulaba la historia de que Juvenal había sido desterrado de Italia por escribir sátiras sobre un influyente cortesano, el actor Paris; si esto sucedió en la época de Domiciano, explicaría su indudable aborrecimiento hacia este emperador. Algunos han afirmado que Juvenal pasó su exilio en Egipto, dado su evidente conocimiento de ese país. Su fortuna material es objeto de discusión: el exilio pudo significar la pérdida de sus propiedades, pero Juvenal no dedica su obra a ningún mecenas, lo que sugiere que vivía con cierta holgura, como sería de esperar de un caballero romano. Se dice que Adriano le ayudó concediéndole una pequeña propiedad. De cualquier manera, su poesía publicada no puede ser considerada como una guía de su vida, ya que las voces que hablan por ella son creaciones de la imaginación de Juvenal. Las pocas referencias a sucesos datables indican que su obra fue compuesta entre ca.110 y 130. A lo largo de estos veinte años, Juvenal publicó sus dieciséis poemas en cinco libros. Es notable el desarrollo estilístico y temático de su obra, según esta avanza. Su primer libro, publicado ca.110, está compuesto por los poemas del 1al 5. Su tono es ácido y critica con indignación la sociedad romana que describe. En la Sátira 1 declara su programa: en lugar de los temas populares de la poesía contemporánea, los trillados temas mitológicos, Juvenal tratará la vida real y mostrará la hipocresía y los comportamientos escandalosos de su época, nombrando solo a los muertos y callando a los vivos. En la Sátira 2, Juvenal satiriza también la hipocresía, tomando como objetivo a aquellos cuyas vidas privadas contradicen sus pretensiones filosóficas. La Sátira 3 ofrece un retrato de la vida de la, Roma contemporánea a Juvenal e, incluye la alabanza de este a un amigo que se marcha de la ciudad. Umbricio huye de un lugar donde el pobre honesto no tiene ninguna oportunidad de vivir y donde dominan los griegos y las modas. Aquellos que tienen éxito son indignos de ello: los extranjeros, los matones, los ladrones. Más aún, la vida en los barrios superpoblados es peligrosa y solo los ricos pueden esperar seguridad y prosperidad. Juvenal satiriza a la corte y a la administración en la Sátira 4, donde un enorme rodaballo, que no cabe en ninguna fuente, es presentado ante Domiciano y el consejo privado es encargado de solucionar el problema. En la Sátira 5, Juvenal trata la humillación de los clientes pobres en las cenas de sus patronos. El segundo libro, publicado ca. 116, está compuesto por un único poema, la Sátira 6, que, aunque comienza con tranquilidad, se transforma en una agria invectiva sobre la afectación e inmoralidad de las mujeres romanas. En los siguientes libros hay un cambio de tono de la indignación a la ironía e incluso al cinismo: el libro tercero, publicado ca. 119, contiene las Sátiras de la 7 a la 9. De estas, la Sátira 7 trata la pérdida de la estimación del público por las profesiones literarias, especialmente la enseñanza, y la 8 es un ataque contra aquellos que se consideran nobles por sus antepasados, quienes para Juvenal exacerban los vicios de aquellos que ya carecían de virtud. El libro cuarto, que marca una nueva actitud de diversión imparcial en lugar del anterior estilo sardónico, no aporta ninguna indicación para su datación: contiene tres sátiras (10-12). De estas, la 10 expone la locura de las oraciones de los hombres por riqueza, poder, elocuencia, longevidad, belleza o cualquier otra cosa, excepto una mente clara en un cuerpo sano. La Sátira 11 ataca la glotonería, y la 12, a aquellos que buscan el beneficio de los deseos de los ricos. El libro quinto, el último de Juvenal, datado ca. 127, persigue un tono de distanciamiento cínico: consta de otros tres poemas completos (13-15) y de una sátira inacabada (16). En la 13, Juvenal aconseja a un amigo, a quien le han timado 10.000 sestercios, que no busque venganza. Afirma que la conciencia del defraudador lo castigará suficientemente. La Sátira 14 trata de la educación y de la importancia del ejemplo de los padres en la crianza de los hijos. En la 15, Juvenal lleva a los lectores a Egipto y describe la disputa entre dos ciudades que lleva a la captura de un hombre que es asesinado y comido por sus enemigos. Juvenal presenta este ejemplo como todo lo contrario a la simpatía y comprensión que debe guiar a la humanidad y distinguirla de los animales. En la 16 ataca la impunidad de los militares en sus relaciones con los civiles. Juvenal no ha sido nunca superado como satirizador de los comportamientos; escribió más o menos en la época en que Tácito escribía sus obras históricas, y ambos comparten una notable capacidad retórica y epigramática y la habilidad de exponer los vicios de su sociedad con gráfica fuerza. Juvenal introdujo en la sátira parte de la grandeza del estilo épico y fue el último gran poeta romano en explotar todas las posibilidades del verso hexámetro. Su estilo grandilocuente está en deuda con la épica y la tragedia, aunque todavía tiene una amplitud de lenguaje cotidiano, extranjerismos e incluso unas pocas obscenidades. Sus andanadas epigramáticas son a menudo citables (facit indignatio versum, "la indignación inspira mi poesía"; mens sana in corpore sano, "una mente sana en un cuerpo sano"; quis custodiet ipsos custodes, "¿quién vigila a los vigilantes?"), y su poesía contiene elementos con reminiscencias de la comedia y el mimo, la poesía pastoril e incluso de la filosofía. Juvenal demuestra ciertas aptitudes filosóficas, pero no es un filósofo (en sus últimos poemas muestra una tendencia hacia los puntos de vista epicúreos). El factor unificador en su trabajo es su constante dominio de la retórica. Su obra fue descuidada durante los dos ss. siguientes, y Juvenal era relativamente desconocido hasta su redescubrimiento en el siglo IV por Lactancio, que menciona su nombre, y Ausonio, que lo imita. Posteriormente, Juvenal alcanzó gran popularidad: a finales del siglo IV, sus poemas fueron editados y se escribió un comentario.
 
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