Suevos

Naturales de Suevia, país de la antigua Europa entre los ríos Elba y Vístula. Eran una importante agrupación de pueblos germánicos en la que se incluían los hermuduros, marcomanos, naristos, nemetes, cuados, senones, tribocos y vagiones. Se expandieron hacia el sudoeste alcanzando el Rhin hacia el año 100 a.C.. Druso (7 a.C.) forzó a los cuados y marcomanos a desplazarse hacia el este, a Moravia y Bohemia. La presión sobre estas tribus ejercida por los godos precipitó el desencadenamiento de las Guerras Marcománicas (168-179) contra Roma. Los semnones, como los alamanes, chocaron con los romanos desde el siglo III en adelante. En el siglo III, esta liga de tribus germánicas se hallaba establecida entre los ríos Rhin, Danubio y Elba, y en el siglo V invadió las Galias y parte de España, donde formaron un reino en Gallaecia. En el año 411, donde se habían instalado desde su entrada en la Península dos años antes, fundan un reino con su capital en la antigua metrópoli romana Brácara Augusta, la futura Braga. Este reino se constituye como federado del Imperio mediante la firma de un pacto o foedus, por el que los suevos se acantonan en la provincia de Gallaecia a cambio de comprometerse en la defensa militar del Imperio. Tras un largo período de guerra entre suevos e hispanogalaicos, estos últimos quedan absolutamente reducidos tras la gran campaña dirigida por el rey Hermerico sobre todas las tierras de Gallaecia. A partir de este momento, los suevos quedan libres de problemas internos, iniciándose un nuevo período de expansión territorial. El nacimiento de una nueva fase en el reino suevo se origina con la conversión al arrianismo, en el 465, del rey suevo Remismundo y gran parte de su pueblo, por la presión de los visigodos, comenzando una persecución contra los cristianos de dogma católico y los paganos del territorio. Esta conversión supone una cierta estabilización de relaciones entre visigodos y suevos. Finalmente el reino suevo se convierte al catolicismo en el año 560 por el trabajo apostólico de San Martín, joven sacerdote procedente de Pomania que consigue la conversión del propio rey Teodomiro, y quien, más tarde y como premio a su labor, será promovido obispo metropolitano de Braga.
 
Volver