Tarso

o Tarsa o Tarsos o Tarsus. Ciudad situada en una llanura muy fértil, en el Mediterráneo, en la desembocadura del río Cydno (Tarsus Çayi), en la parte más suroriental de Asia Menor. Hubo una colonia griega en Tarso hacia el siglo VIII a.C.. En su origen fue un puerto importante, aunque hoy día se encuentra a 15 km hacia el interior por haber tenido la zona una importante sedimentación. Su antiguo nombre, Tarsos, proviene de "Tarsa", el nombre original de la ciudad en lengua hitita, sus primeros pobladores y se deriva posiblemente de un dios pagano, Tarku. Más tarde, la ciudad fue llamada Tarsisi; Antioquía del Cydno (latín: Antiochia ad Cydnum) y Juliopolis. El asentamiento humano se remonta cuando menos a la Edad del Bronce, pero probablemente sea aún más antiguo. Varios autores griegos, como Flavio Arriano, Estrabón y Ateneo, mencionan una inscripción en idioma asirio según la cual Sardanápalo había construido Tarso y Anquíale en un solo día. Su importancia en la Antigüedad se debió a su ubicación en la encrucijada de varias rutas comerciales importantes, que enlazaban el sur de Anatolia con Siria y la región del Ponto. Tarso formó parte de los imperios persa y seléucida. La ciudad fue autónoma bajo el gobierno persa y acuñó moneda griega durante el siglo V. Ocupada por Pompeyo el 66 a.C., recibió garantías de libertad de Marco Antonio y desde el año 72 fue la capital de la provincia de Cilicia. Desde la Antigüedad fue un importante centro cultural, fundamentalmente en al campo de la filosofía. El filósofo estoico Antípatro y el apóstol Pablo nacieron allí. La ciudad también es conocida por ser el lugar donde se enterraron el corazón y las entrañas de Federico I Barbarroja. Las ruinas están cubiertas por la ciudad moderna, por lo que no es bien conocida arqueológicamente. Hoy, Tarsus o Tarsa, a orillas del río homónimo, al oeste de Adana, provincia de Mersin, Turquía. Ver, Yadiya (reino neohitita). )o( MITOLOGÍA.- Estrabón aporta la leyenda de que Tarso había sido fundada por los argivos que estuvieron vagando con Triptólemo en busca de Ío. Otra tradición, mencionada en un poema de Antípatro de Tesalónica, atribuía su fundación al mítico Perseo. Parece que su nombre deriva del verbo "secar", porque según una tradición local fue la primera ciudad que se secó después del diluvio. Al pie de sus muros, según se cuenta, fue donde cayó Belerofonte y el caballo Pegaso perdió una de sus alas. Ver, Cidno.
 
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