Numa Pompilio
(753-673 a.C.). Numa, nacido en Cures, ciudad de la Sabinia, es el segundo rey de Roma en las leyendas de la fundación (717-673). Nació el día en que Rómulo fundó la ciudad, y casó con Tacia, hija de Tito Tacio. Representa el rey religioso por excelencia y pasa por haber creado la mayor parte de los cultos e instituciones sagradas. Empezó tributando honores divinos a Rómulo, con el nombre de Quirino. Hoy se le considera responsable de la primera constitución romana, oculta en clave religiosa en su conocida "reforma sacerdotal", según la cual los collegia de flamines, augures, vestales, salii, fetiales y pontifices, integrados por tres miembros o múltiplos de 3 se correspondían con la distribución tribal existente y algunos, como los salii o los fetiales, no eran ajenos a decisiones militares. Introdujo gran número de divinidades, por ejemplo, los cultos a Júpiter Terminus, Júpiter Elicius, Fides, Dius Fidius y los dioses sabinos. Se decía que había sido iniciado en las cosas divinas por el mismo Pitágoras. Los historiadores romanos ya señalaron el anacronismo. Hay que entenderlo en el sentido que ciertas prácticas, creencias, ritos originarios de los países sabinos y elementos religiosos, que existían con anterioridad al nacimiento de Pitágoras, que es posterior, coincidían con la filosofía de éste. También se decía que su política religiosa era inspirada por la ninfa Egeria, la cual venía por la noche a darle consejos en la Gruta de las Camenas, cerca de una fuente sagrada. Numa ha sido considerado como el gran reformador del calendario, cuya reforma tenía por objeto hacer coincidir, tanto como fuese posible, los ciclos lunares y los ciclos solares. Imaginó para ello un sistema de meses intercalares que, en veinte años, debían producir nuevamente la coincidencia de una fecha dada con una posición determinada del sol. Distinguió los días fastos de los ne-fastos. También le atribuye la tradición la fundación del templo de Jano. Se decía que estaba dotado de poderes mágicos. Por ejemplo, en el curso de un banquete que presidía, las mesas se llenaron repentinamente de preciosos manjares y vinos deliciosos que nadie había traído. También se decía que había capturado en el Aventino a Pico y a Fauno, mezclando vino y miel en el agua de la fuente en que bebían. Cuando los tuvo presos, les obligó a hablar, pese a tomar ellos la forma de los seres más horripilantes. Al fin hubieron de darse por vencidos y le hicieron importantes revelaciones, enseñándole, por ejemplo, los conjuros contra el rayo. Se le atribuye también una conversación con Júpiter sobre esta materia en el curso de la cual persuadió al dios de que se contentase, para no fulminarlo, en vez de cabezas humanas, con cabezas de cebolla, cabellos y pececitos. Se atribuyen a Numa Pompilio numerosos hijos: Pompo, Pino, Calpo y Mamerco, cada uno de los cuales parece haber sido el fundador de una gens romana. Tuvo también una hija, Pompilia, ya con Tacia, hija del rey Tito Tacio, ya con Lucrecia, con quien casó después de su subida al trono. Esta Pompilia casó con un tal Marcio, sabino, que acompañó a Numa a Roma y entró en el Senado. Por él, Anco Marcio es su nieto, que nació, según se decía, cinco años antes de la muerte de Numa. Numa murió muy viejo y fue enterrado en la orilla derecha, en el Janículo, y al mismo tiempo fueron colocados junto a él, en ataúd aparte, los libros sagrados que había escrito de su puño y letra. Unos cuatrocientos años más tarde, bajo el consulado de P. Cornelio y M. Bebio, una lluvia violenta exhumó los dos féretros. Uno, el de Numa, estaba vacío. El otro contenía los manuscritos, que fueron quemados en el Comicio (ante la Curia). Ver, Egeria.

