Perseo
o Perses (Perseus) (ss. III-II a.C.). Último rey independiente de Macedonia (179-168). Perseo era el primogénito de los dos hijos de Filipo V y accedió al trono a la edad de treinta y tres años. Colaborador de su padre desde muy joven, ya en el 200 acaudilló una expedición contra los pelagonios y otra en el 189 contra los dólopes y anfilocos, fundando el rey en su honor la ciudad de Persis (183). Perseo recogió la idea del imperialismo antigónida, representada por Filipo, frente a su hermano menor Demetrio, también aspirante al trono y con simpatías hacia los romanos, por lo que continuamente intrigó contra él hasta lograr que Filipo le condenara a muerte (181). Aun así, Perseo luchó contra los etolios dentro de la alianza de su padre con Roma y renovó el tratado tras su ascensión. Perseo fortaleció el poder y la influencia de su reino mediante matrimonios dinásticos: tomó como esposa a Laódice, la hija de Seleuco IV, y casó a su hermana con Prusias II de Bitinia. Siguiendo la política paterna, se esforzó en reafirmar el prestigio de Macedonia en Grecia. Sus métodos conciliadores y abiertos le granjearon popularidad y simpatías. La profunda crisis socio-económica que sacudía a Grecia, ofreció a Perseo un vasto campo de acción como representante de las reivindicaciones de los débiles contra las clases detentadoras del poder. El hecho de que estas fuesen filorromanas, terminó por convertirle, aun contra su voluntad, en representante de la creciente opinión antirromana. Perseo se ganó la amistad de Beocia y de Rodas y conquistó Dolopia, en Tesalia. Intervino en conflictos en Etolia y Tesalia y visitó Delfos con una fuerza armada, restableciendo el liderazgo de Macedonia en el Consejo de Estados, con sede en Delfos. En el interior decretó una amnistía general y en el norte, zona de tradicional expansión macedónica, extendió su influencia en Tracia, Dardania e Iliria. La enérgica política de Perseo evolucionó a expensas de Pérgamo, cuyo rey, Eumenes II, se quejó en el 172 a Roma, presentando una larga serie de absurdos cargos, que el Senado estaba dispuesto a creer. Con estos pretextos Roma le declaró la guerra en el 171, con la evidente determinación de eliminar Macedonia. Perseo se reunió el invierno siguiente con Q. Marcio Filipo, que le engañó haciéndole creer que Roma no le atacaría sin concederle tiempo para negociar. De todas formas, Perseo hizo frente al inminente conflicto, la Tercera Guerra Macedónica, y venció en una escaramuza fronteriza en el 171. Perseo tuvo que combatir en tres frentes, contra los romanos, contra Eumenes en Tracia y contra los dardanios, y aunque perdió a importantes aliados griegos, los primeros años de guerra le fueron en general favorables. Intentó infructuosamente obtener apoyos en Grecia. Su único aliado, Gentio, un rey ilirio, se derrumbó ante los romanos tan pronto como estos atacaron desde el oeste, y Perseo se enfrentó al cónsul Paulo, Lucio Emilio, hijo del cónsul de igual nombre caído en Cannas, en Pidna, en el golfo Termaico, en junio del 168. Tras ser derrotado, Perseo quemó sus archivos y huyó a Samotracia, donde fue capturado. Desfiló en el triunfo de Emilio Paulo y murió dos años más tarde en su confinamiento en Alba Fucens. Ver, Tercera guerra macedónica, Pidna.

