NECRÓPOLIS IBÉRICA DE TÚTUGI

Esta necrópolis que tiene sus inicios en el siglo V a.C., representa a nivel nacional una de las muestras más extensas y significativas de la cultura Ibérica. Está compuesta por un conjunto de tumbas, la mayor parte muy monumentales. La tipología de la planta de estos enterramientos podía ser muy variada y era frecuente que presentaran una cavidad abierta en el suelo para contener las urnas cinerarias. La necrópolis es conocida a nivel arqueológico desde el año 1.920, fecha de la publicación de la Memoria de las excavaciones practicadas en la campaña de 1.918. Después de continuos expolios, se realizaron algunas excavaciones entre los años 1.916 y 1.917, pero al continuar el expolio y venta de objetos, se decidió ofrecer las excavaciones de esta necrópolis al Estado, llevándose a cabo un importante trabajo de documentación de los túmulos existentes y de recogida de materiales. Una de las novedades que caracteriza a la cultura Ibérica (siglo VI a.C.) es el desarrollo sistemático de auténticos cementerios. La necrópolis se suma así al poblado como elemento configurador del paisaje y lugar de alto contenido simbólico y social. La génesis de este tipo de expresiones funerarias está relacionada con el nacimiento de una aristocracia que expresa, en parte, su privilegiada posición a través de las sepulturas, por su situación y monumentalidad, y los ajuares, por su composición y riqueza. Por ello, el estudio de los diversos componentes del mundo funerario permite conocer en gran medida las características de la sociedad que lo genera, así como los principios ideológicos en los que se fundamentan las prácticas funerarias. El ritual funerario de los iberos consistía en la cremación de los cadáveres. Estos se depositaban sobre una pira de leña con sus vestimentas y, en el caso de los guerreros, con sus armas, las cuales eran a menudo objeto de inutilización. Este proceso se realizaba mellando los filos de las falcatas, doblando las espadas y soliferrea y aplastando los cascos metálicos de cuero. Una vez reducidos a cenizas los huesos que quedaban eran metidos en vasijas cerámicas o cajas de piedra que se depositaban en el interior de túmulos funerarios junto con los restos de las armas, adornos personales y con recipientes con ofrendas de alimentos. Destacan los túmulos artificiales que recubren una cámara de diversas formas. En Tútugi tenemos diversas variantes: de aljibe, cuadrangulares con pasillo, circulares y semicirculares con pasillo y con nichos. Suelen ser construidas en piedra o adobe o ambas a la vez. Al interior, generalmente presentan las paredes y suelos revocados de yeso, en muchas ocasiones con decoraciones realizadas en rojo, el color funerario ibérico, y negro. También en su interior encontramos bancos y nichos. Las tumbas más sencillas son hoyos practicados en el suelo, a veces revocados con yeso, y cistas donde se introducen las urnas. Estas pueden ser vasijas cerámicas, que se introducen en oquedades del terreno, o cajas de piedra. La necrópolis de Tútugi se distribuye en tres núcleos cercanos al poblado. Los dos primeros y más extensos se sitúan al norte del mismo, en la margen derecha del río Orce, y el tercero en una pequeña cañada al este del poblado, en su misma margen del río. La "Zona I" es la más grande. En esta zona se pueden distinguir tres subzonas tanto por su topografía, perfectamente delimitada, como por su conjunto de sepulturas. Los arqueólogos hablan de la existencia de 88 sepulturas de las que se han identificado 54 y se han localizado 3 nuevas. La "Zona II", separada de la "Zona I" por el camino de Riego Nuevo, se extiende por los cerros y las explanadas de la margen izquierda del río Huéscar. En esta zona también se pueden distinguir dos subzonas atendiendo a la topografía. De los 38 túmulos de esta zona se han identificado 22 y 2 posibles nuevos. En la "Zona III", se excavaron un número importante de sepulturas pero, al no tener una arquitectura monumental, no se numeraron. Actualmente se pueden observar algunos de los nichos y oquedades que se utilizaron para el depósito de urnas funerarias aunque aquí la erosión ha actuado fuertemente. Se han identificado dos nuevos túmulos. Hoy, en las proximidades del casco urbano de Galera, provincia de Granada, comunidad autónoma de Andalucía, España.
 
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