Siria
El Aram de la Biblia. Región del Asia occidental que comprendía las actuales repúblicas de Siria y el Líbano, el reino de Jordania y el Estado de Israel. Fue punto de convergencia de las civilizaciones de Babilonia, Egipto y Grecia. Lugar de encuentro de los movimientos comerciales y culturales de Oriente a Occidente. La información histórica de Siria dentro del ámbito cultural del Próximo Oriente, desde la formación de la cultura urbana (hacia el 3500 a.C.) hasta la conquista persa (hacia el 535 a.C.), ha sido bastante deficiente. En primer lugar, por la carencia de investigaciones sistemáticas hasta épocas recientes. En segundo lugar, dada su situación geográfica, ha estado siempre expuesta a las influencias y conquistas de sus vecinos: Mesopotamia al este, Anatolia al norte, los egeos al oeste y Egipto al suroeste. Zonas donde los estudios arqueológicos tienen una dilatada tradición que ha hecho ver el espacio sirio como un mero apéndice de estas grandes civilizaciones, por lo que su secuencia arqueológica se nos presenta, en parte, inconexa y fragmentaria. A la revolución que se desató con la caída de los llamados "Pueblos del Mar", que los historiadores han colocado en la fecha mítica" del 1200 a.C., siguió la inmigración de los arameos en la Siria superior y en Mesopotamia, de los hebreos y los amonitas en Palestina, de los moabitas y los edomitas en Transjordania. Las fuentes egipcias describen de modo impresionante las catastróficas destrucciones llevadas a cabo por estos "pueblos navegantes" en el espacio mediterráneo oriental. La batalla defensiva de Ramsés III en el delta del Nilo, como aparece en los relieves del templo de Medinet Habu (1180-1150 a.C.), donde las paredes recogen las campañas militares de este faraón contra los libios, los palestinos, los sirios y los pueblos del mar, reflejan claramente esta situación. Homero y la Biblia también se hacen eco de estos importantes movimientos poblacionales. En este momento, ciudades como Biblos y Tiro fueron abandonadas, para renacer de sus ruinas las ciudades costeras fenicias. Tras la crisis desencadenada en Siria por este desastre, que acabó con la Edad del Bronce, llegó poco a poco el renacimiento de la vida ciudadana con las tradiciones sirias e hititas fundidas entre sí. Esta época constituyó un nuevo período de florecimiento cultural en Siria y la Mesopotamia septentrional; arameos e hititas se aprovecharon del comercio fenicio (que ahora comienza) en todas las zonas del Mediterráneo, y del control sobre el trueque de mercancías en la península arábiga. A partir del siglo Xl a.C. se percibe de forma nítida la separación cultural clara entre fenicios y hebreos, que ocupaban la ladera oriental del Mediterráneo, y los arameos del valle del Orontes, de la meseta de la Beqa y de las tierras fértiles de Alepo, Hama y Homs, cuya frontera oriental sería la estepa siria que va declinando suavemente hacia el Tigris y el Eúfrates, es decir, hacia Mesopotamia. El reino arameo de Siria, cuya capital era Damasco, se forjó poco más o menos por las mismas fechas (1200 a.C.) en que tuvo lugar el Éxodo israelita desde Egipto. Ambos pueblos florecieron y guerrearon entre sí durante un período de retraimiento de las grandes potencias de los valles del Tigris/Éufrates y del Nilo. Para lsrael una Siria fuerte representaba una amenaza y otro tanto le sucedía a Siria. Si en el siglo X a.C. David llegó a tomar Damasco, en el siglo IX a.C. los reyes de Israel, Omrí y Ajab conseguirían infligir a Siria derrotas aplastantes. Un renacer del expansionismo asirio desde el este forzó a hacer las paces a estos dos inveterados enemigos, los cuales en la batalla de Karkar (853 a.C.) consiguieron poner freno al avance asirio. Sin embargo, pronto volverían a sus enfrentamientos, y en el siglo VIII a.C., Israel, en alianza con Judá, ocupó brevemente Damasco. El nuevo impulso dado a la expansión asiria por el usurpador Tiglatpileser III (al que la Biblia llama Pul) trajo como consecuencia la extinción de Siria en el 732 a.C. y, sólo diez años más tarde, la del propio Israel. El definitivo declive del poderío asirio a lo largo de los cien años siguientes no salvaría a Siria, que pasó sucesivamente a manos de babilonios, persas, macedonios y romanos. A partir del 301 a.C. es gobernada por los reyes Seléucidas que tuvieron grandes enfrentamientos con Roma. El rey Antíoco III de Siria fue derrotado en las Termópilas (191 a.C.) y en Magnesia (190 a.C.) y tuvo que renunciar a los territorios que había conquistado en Asia Menor. Tras la derrota del rey armenio Tigranes I en la Tercera Guerra Mitridática, Pompeyo creó la provincia de Siria (64-63 a.C.). La provincia consistía en las ciudades de la región (Antioquía, Beirut, Damasco, Laodicea, Sidón) y contenía los reinos clientes de Comagene, Arabia, Nabatea y Judea, y la tetrarquÍa ltureana y otros principados menores. Comagene se anexionó a la procincia en el año 72 d.C.. Iturea fue anexionada parcialmente el año 24 a.C. y la otra parte en el 93 d.C.. Judea (Ver, Judíos) se convirtió en provincia separada el año 70, después del levantamiento de los judíos con la toma y destrucción de Jerusalén; Vespasiano confió la Judea a un legado legionario. Después de una nueva sublevación bajo Adriano, tomó el nombre de Siria Palestina. Nabatea (Ver, Nabateos) oasó a ser provincia separada en el año 105. Durante el reinado de Septimio Severo la provincia se dividió entre el norte Syria Coele (capital, Laodicea) y una Syria Phoenica en sur (Siria Fenicia) con capital en Tiro. Bajo Marco Aurelio, los partos invadieron Siria. Sucedieron después las amenazas de los persas y de los árabes. En 272-273, se produjo la sublevación de Zenobia, reina de Palmira. Siria formó una importante frontera militar que protegía a Roma contra Partia y los Sasánidas. Durante el Principado su gobernador consular mandaba sobre cuatro legiones y durante el Bajo Imperio el ejército de campaña de Oriente estaba basado en Antioquía. Siria era una provincia rural, aunque Antioquía siempre fue una de las grandes ciudades del Imperio. El idioma arameo se siguió utilizando y el impacto de la helenización fue mínimo. Siria fue famosa y prçospera por su vino, lana y lino, tejidos tintados de púrpura, vidriería, comercio de los armadores y de las caravanas. También fue un importante punto de reclutamiento para el ejército romano y la provincia se benefició del comercio entre el Mediterráneo y Mesopotamia (Ver, Palmira). Ejerció sobre Roma una fuerte acción artística y religiosa y le dio emperadores (Heliogábalo y Alejandro Severo. A la altura de los primeros años de la era cristiana, su principal ciudad ya no era Damasco sino Antioquía, la urbe donde Lucas ejerció de médico y donde Pablo tuvo su principal base de operaciones durante un buen número de años. Ver, Ben Hadad, Jazael.

